Los guiris, británicos y demás gente europea, que no europeizada, bajan a latitudes más cercanas al ecuador en busca de birra, tabaco, y fiesta barata, aderezado con buen tiempo. Han llenado la llamada Costa del Sol... Mientras, nosotros mediterráneos, españolitos, enfermeras mayormente, vamos ocupando silenciosamente la llamada Costa del Nublado. Aun lo ignoran, pero aquí nos haremos fuertes y la acabaremos conquistando.


Bienvenid@s a mi blog de enfermero emigrante y mis aventuras en la Costa del Nublado.

martes, 30 de diciembre de 2014

Frío en Madrid

          De los vientos vino tu nombre, y de su mezcla de olores traídos por el otoño, bien pino, bien verano, bien el suspiro del invierno, me hizo recordar tu cuerpo, tu sonrisa, tu olor ácido y dulce, como una manzana a medio madurar, arrancada de su rama para cumplir las expectativas de un paladar exigente.
Pero no eras tú, era tu recuerdo. No era tu cuerpo el que recorría, sino las frías calles adoquinadas de Madrid. El olor de la fritanga de los churros ayudó a cuidar mi mente del recuerdo de tí, y Madrid en silencio era tú, en compañía.

          Que no importaba lo dicharachera que fuera, era ella. Como cuando amas a alguien, que hasta en cierta medida agradeces el silencio, que es lo que hace que intercambies más sin saberlo; como si la ropa fueran las palabras y el silencio la desnudez. Y como cuando amas, que la desnudez se muestra poco a poco, tímidamente; el silencio nace del nerviosismo, de la duda y del ensayo-error.

          Pero nada es perfecto, todo en su justa medida. Así como Adán y Eva se aburrieron de verse desnudos y decidieron probar la manzana para introducir un poco de acidez en su relación, descubrieron que la desnudez no era tan perfecta como parecía, y que de abusar, aburre y se torna insulsa, y se cubrieron e introdujeron la ropa para insinuar y provocar; y es así como se aprende a seducir con las palabras para cubrir el silencio y jugar con él.
Pero nos aburrimos del silencio y olvidamos las palabras, y dejamos la desnudez ser nuestro día a día. Y nos equivocamos de manzana y nos encontramos arrodillados ante la diosa del amor, así como se vieron Adán y Eva suplicando quedarse en el Paraíso, nosotros suplicamos el quedarnos en el infierno, pero a la contra que con ellos, ésta tuvo piedad de nosotros y nos expulsó del infierno en que vivíamos.

          Y dejamos atrás el caluroso infierno de este verano y ahora paseando pienso en los paraísos que están por venir en primavera, paraísos los cuales, todos y cada uno de ellos me recordarán a tí, pero que lejos de para odiarte, para desearte el mejor paraíso posible.
Y desearía no estar para verlo, pero el Romanticismo murió hace siglos y el Excelentísimo Ayuntamiento de Madrid hace ya tiempo decidió poner barreras disuasorias en el Viaducto de Segobia.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Las fiestas

          A golpe de Lorde comienzo esta entrada. Habiendo encendido mi ordenador a la par que he puesto el CD de Lorde, me dispongo a escribir, y que espero acabar de escribir a la par que acaba este CD... o sea, que espero que sea rapidita. ¿Que quién es Lorde? Esa que canta la de Royals, esa que "baila" como si estuviera sufriendo un estatus epiléptico, y de la cual mi vídeo favorito es este:


Y bueno, que no me quiero entretener, voy a seguir con mi tesitura de entradas enfadadas y bordes, porque como una vez le dije a la madre de Ojos de Cielo: "Va a ser cierto eso de que todos los cojos tenéis mala hostia". Así que a mí, me ha venido al pelo lo de quedarme cojo. En fin, que voy a intentar acabar la entrada a la que acaba el LP, y ya ha empezado la pista 3. ¿Que no sabéis lo que DURA el CD de esta mujer chavala? Lo que dura dura...

Vídeo altamente recomendable, que aconsejo ver con tiempo y sobre todo bajo la influencia de alguna sustancia. Vídeo siempre presente en nuestras fiestas de Enfermeras Emigrantes y en nuestras expresiones del día a día, con más factor de impacto que un catedrático con muchos "negros".

          Como ya habéis podido intuir algunas personas, no soy una persona navideña. No porque esté enfadado con el mundo, ni porque sea un empedernido ateo, ni porque esté enfadado con la humanidad (que sí), sino por motivos personales y de coherencia personal. Además, me aporta una gran ventaja a la hora de ahorrar, puesto que la tradición y la jovialidad de unos, se convierte, en ocasiones, en un dígito más en mi cuenta corriente. Pero más allá de lo que el vulgo pueda sentir o sus conductas en cuanto a estas fechas tan señaladas y lo que revierta en mi banco, quiero hablar de ese pequeño sector por siempre odiado que se encuentra recluido en instituciones de tortura apartados de la sociedad. Excacto: los viejos. 
Llevo ya unos años trabajando como enfermero, y no ha habido año que no haya trabajado las Navidades, por supuesto no a mi pesar. Después de unas cuantas Navidades calzando zuecos y llevando un uniforme he llegado a una conclusión: Los viejos nos importan una mierda. Sí, sí.
Y me pongo en su lugar y pienso en lo que les puede gustar las Navidades a los viejos. Se pasan un año entero siendo ignorados, con una oferta de entretenimiento pésimo, aún en muchos casos pagando por la residencia en la que están, más de lo que su pensión les permite.

          En el transcurso de dos semanas, nuestros mayores reciben casi más visitas que durante todo el año. Todas las familias enteras se pasan a la resi: Nochebuena-Navidad-Año Nuevo y muchos en Reyes también. Mucha gente, la resi está petada de gente, hablando con los viejos, haciéndoles gracias, contándoles cualquier cosa, y les traen calcetines nuevos. Es el plan que todos quisiéramos, ¿no?
Ya que la familia se ha dignado a ir a verles en comandilla, se une que la resi (algunas) organiza  unas actividades de entretenimiento: unos niños que van a cantar villancicos, unos que van de Santa Claus en el caso de UK o unos Reyes, o a Bakunin. Hacen juegos con ellos, cantan... etc.
Sí, sí, que ya me sé la cantinela de que hay actividades a diario en muchas resis, pero seamos sinceros: son insuficientes. Y me baso en cómo duermen.
Las noches que he trabajado una Nochebuena/Navidad o por el estilo, los abuelos no dan el coñazo ni una. Timbres: los menos, sólo cosas necesarias; Abuelos que vagabundean durante la noche: prácticamente ninguno. Agresividad/muestras de estrés: menos, muchas menos.
Mi conclusión: les han cansado. Es como cuando la familia les saca durante todo el día por ahí. Obviamente, si les han metido en la resi, es porque no pueden hacerse cargo de ellos todo ese tiempo, ni estar sacándoles todas las tardes. Creo que la institución es altamente responsable en cuanto al número de sedaciones nocturnas que se administran.

          Recuerdo hace un par de años, cuando estaba en España, que me suscribí a Rol, y aunque la calidad de muchos de los artículos era un poco... meh, en fin, de cuando en cuando se dejaba ver algo interesante, como fue un artículo basado de un estudio/proyecto para envejecimiento activo que se llevó a la práctica en una resi. Y aparte de las típicas mejoras de glucemias y demás historias, los viejos estaban más tranquilos, más apacibles, y dormían mucho mejor, y se redujo la demanda (en el caso de los que los pedían) de los sedativos e hipnóticos.

          Y sin embargo... intentan convencernos de que lo ideal es tenerlos sentaditos y viendo el Sálvame, o cualquier otro programa mierder. Hartos y aburridos hasta el tedio. Las instituciones se están embolsando un buen pellizco de lo que el abuelo ingresa, para no ofrecerles una mierda. Yo estaba pirado porque vacilaba a los abuelos, les hacía bailar, o les cantaba unas coplas; y eso que iba corriendo a todos lados, y pedía a mis auxis que "porfis les dieran paseitos". Algo que podían hacer perfectamente entre dos, mientras charlaban a su bola. Obviamente no era suficiente. Por ello creo que la responsabilidad es de todas las partes de la cadena. La institución por no poner más personal que se encargue de hacer estas cosas y tener a los viejos entretenidos, y el personal poniendo un poco de su parte.
He conocido muy poco personal que de hecho lleve a cabo estas cosillas, y he apreciado muy mucho a los que lo han hecho. Aquí, por ejemplo hacen mucho lo de designar un "Activity leader" o cualquier otra mierda de nombre, que se encarga de organizar tareas y demás historias para entretenerles. El panel es pá mear y no echar gota: ver una peli, hacerse las uñas... en fin... un día me encuentro como actividad hacer la siesta. Es aquí cuando echo de menos a una buena Terapeuta Ocupacional.

          Es por eso que aun sin gustarme mucho las Navidades, me alegro un poco, no por mi cuenta corriente, sino por los viejos. En este ambiente de jovialidad, el personal les da un buen repaso a los abuelos, bailando, villancicos, juegos en los que de verdad se cansan... y veo cuando llego por la noche, o antes, cuando se va a acabar el día, como están cansados en su silla y les preguntas: ¿qué tal te lo has pasado hoy, que te veo cansado? Y te responden con una sonrisilla cansada: "Muy bien. ¿Eres tú mi sobrino?" Encantador...
Que sí, ladrar a todos se nos da muy bien, pero hay que hacer un poquito por nuestra parte, y en este caso no es tan difícil, y encima nos lo pasamos mejor en el curro. Es difícil, puesto que no todos los días está el horno para bollos, qué se le va a hacer.

Y bien, sí, aquí mi confesión: aun sin hacerme mucha gracia las Navidades, estando trabajando de días, soy el primero en calzarme unos cuernos y hacerles reír un ratejo, también lo hago durante el resto del año, pero en fin, se hace por ellos, eso de orientarles: "¿Niño, por qué llevas unos cuernos?" "Mi novia, Emilia... que es una golfa. Eso y que es Navidad".

Con amor, desde la Costa del Nublado.

PD: me tuve que ir a mitad del disco, pero, de buen rollito, nadie se ha enterado ;).

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Más competencias para Enfermería

          El otro día mientras estaba de guardia en una resi que se encontraba en el culo del mundo, visto desde la perspectiva de mi residencia habitual, y desempeñando mis labores, me puse a pensar en lo que cuando estaba en España, siendo una "ni-ña-ta" como diría el por aquél entonces director de mi Escuela, peleaba y reclamaba "más" para Enfermería. Posiblemente no sólo "más" sino que reclamaba lo "suyo".

          Recordaba cuando discutía con el cocinero de la resi, que le explicaba por activa y por pasiva por qué esto no y por qué esto sí. Un día, entre discusión y discusión, le dije a mi compañera: "Deberíamos estar nosotros al cargo de las dietas". A lo que mi avispada compañera dijo: "No pidas más que suficiente tenemos". Haciendo gala de sinceridad, tampoco teníamos tanto, por regla general teníamos nuestros buenos descansos reglamentarios, y las pausas de café y charla.

"No pidas más".

          Y por aquél entonces me dije: así van las cosas, reclamamos visibilidad y reconocimiento social, pero no salimos de hacer "sota-caballo-rey" aun estando capacitados para mucho más. Mucho más. Y en mi subuniverso, en el cual durante unas pocas horas era el rey de la planta, y hacía en la medida en que el universo y dirección de la JATA me permitían, lo que creía que me compete y de lo que era capaz. Obviamente se coge tirria a la gente  que quiere cambiar cosas, eso que llaman resistencia al cambio, y más si la persona es joven, lo que ese director de Escuela llamaba "ni-ña-ta".

          Y fue entonces cuando vine a parar a este rincón en el culo del mundo, apartado de una civilización avanzada, donde el alcoholismo y la violencia brillan por su frecuencia, y donde la incultura y la escasa formación son el pan nuestro de cada día. Amén. (Perdón, me he liado). Cuando vine aquí me hicieron ver algo: la enfermera es una más en el equipo, y sin ella, no hay equipo. Lo que en palabras suena bonito, en hechos significa: ponte los guantes y cambia pañales, pon cuñas, lleva al baño, lava personas, da de comer... o sea, lo que de se nos dijo en un momento determinado que eran los Necesidades Universales. En España estamos acostumbrados a que eso es una labor delegada, y en algunos casos echas un mano si van muy apuradas, pero aquí es una labor delegada bajo estricta supervisión. Lo que viene a decir, lo haces tú también. Quería aumentar mis competencias, bueno, estaba sucediendo.
Pero como suele suceder: queremos cambio, pero no sabemos en qué dirección o para qué. Bueno, sí, hay quien lo sabe, la gente estudiosa y puesta en el tema de Ciencias del Cuidado, pero por regla general las enfermeras rasas no saben realmente qué es lo que quieren cambiar. A menudo se aglutinan bajo estandartes que claman la competencia de esto o de aquéllo, justificando vagamente la relación íntima e inherente con la disciplina enfermera. Un ejemplo es el de la prescripción enfermera. Y aquí me encuentro con el típico conflicto: queremos hacer más, pero poca gente quiere acarrear con las responsabilidades que ello implica. Y otras tantas enfermeras dicen que es una competencia ganada, porque llevamos mucho tiempo haciéndolo en la sombra. Bueno, a diario se cometen asesinatos y se puede incluso normalizar, pero ello no justifica que vaya a ser legal... O por ejemplo el tema de las Especialidades, algo que me crispa muy, muy, mucho. He discutido con muchas enfermeras las cuales me defendían la necesidad por ejemplo de una especialidad de Enfermería de Urgencias, para la cual sólo me daban como argumento las técnicas que se llevan a cabo, que son muy específicas. Una técnica es un desempeño manual, y como tal, cualquiera, o casi, puede aprenderla. Siempre pregunto en cuanto a necesidades, y entonces la gente dice que soy un demagogo. Pero me estoy yendo del tema, y me estoy metiendo en un cenagal, así que antes de que terminéis de odiarme prosigo con mi charla.
          O sea, somos poco concretos al reclamar más, y encima no sabemos justificar el porqué, incluso en ocasiones sumamos el que no queremos que se nos compliquen más las cosas, no queremos más responsabilidad. Venimos reclamando visibilidad social, pero en realidad: ¿qué hacemos para ser visibles? ¿Lo estamos haciendo bien?
La gente tiene la perspectiva hacia nosotros como profesión auxiliar. ¿Cuántas veces nos sentamos con la persona que tratamos le miramos y profundizamos en cómo cubrir aquéllo que nos contaron en la uni? Creo que en la mayor parte de los casos entramos ponemos goteros, vías, y ante una pregunta retorcida: "Mañana le pregunta usted al médico en la ronda". Excelente, acabamos de otorgar el protagonismo a otra profesión. En vez de conversar con esa persona y esclarecer en qué medida nosotros podemos ayudar, y en qué medida el problema a tratar es competencia del médico.

          En fin, que como siempre me lio. En este país, Reino Unido, las enfermeras son muy valoradas, ostia que si lo son... hacen todo. Absolutamente todo. Por eso se les tiene tanto en consideración. Seamos sinceros, una persona resuelta llama más la atención. La chapa de líder no te la dan porque sí, te la ganas. Si te comportas como elemento principal de atención al paciente, serás considerado tal. Con esto no quiero decir que esté súper contento con las labores que aquí se desempeñan, considero que hay un alto desperdicio de recursos cuando tienen a personal presumiblemente de alta cualificación realizando tareas que suponen conocimientos. En UK lo que veo es que se le otorga un rol de gran importancia a la enfermera, pero es de pega, una fachada, en realidad es todo postureo. Conozco auxiliares de enfermería con mayores conocimientos en anatomía y farmacología que enfermeras de aquí. Es muy triste, y sin embargo aquí están mejor valoradas.
En nuestro grupo de enfermeras emigrantes hace tiempo llegamos a la conclusión de que aquí se venden muy bien, y ahí radica nuestro problema: en España no nos vendemos bien. Aquí la enfermera dice estar por y para tí y siempre a tu lado. Bien, es casi verdad. ¿Son efectivas y eficientes? No. Pero sin embargo la imagen que promocionan y venden se corresponde con la que ofertan. Nosotros en España hemos hecho campañas y demás, pero cuando una persona llega a planta se encuentra con que la enfermera está la mayor parte del tiempo llevando a cabo labores auxiliares. No discutimos sobre sus necesidades ni de su plan de cuidado. Que no, coño, que no, que no estoy hablando de la NANDA, el cuidado no  es sólo una nomenclatura, que a fin de cuentas la persona a la que cuidamos no tiene ni idea de ella, en su gran mayoría, con que les digas las cosas claras y directas se conforman.
          Las enfermeras debemos seguir reclamando "lo  nuestro", que no es ni nada más ni nada menos que los cuidados. Los cuidados es verdad que abarcan en ocasiones muchos campos, algunos distan de nuestras competencias posiblemente, pero por algo se inventó el equipo multidisciplinar. Cuando pedimos, en vez de más, debemos de reclamar más tiempo para nuestras tareas propias de enfermería, antes de nada, y luego si nos sobra tiempo, podemos dedicarnos a reclamar competencias que se encuentran a día de hoy en otros campos, siempre que podamos justificar que la desempeñaremos más eficazmente.

          ¿A qué viene toda la parrafada de antes? A que me encontraba realmente cabreado mientras estaba frotando mierda, sí, mierda de un baño: baldosines, wáter, suelo, lavabo... y ¿por qué? Porque como responsable del control de la infección consideran que somos más apropiados que una cuidadora para limpiar la mierda. ¿Mi conclusión? que hay que tener cuidado cuando se pide "más", puedes acabar limpiando mierda, y como es mi caso, no en sentido figurado.

Así limpiaba, así, así; así limpiaba, así, así; Así limpiaba que yo la vi; y con amor desde la Costa del Nublado.


lunes, 8 de diciembre de 2014

Conversación pendiente

          Recuerdo la última vez que nos cruzamos y que hablamos: formalidades con cierto distanciamiento debido a la gente que nos rodeaba y una promesa: "Tenemos una conversación pendiente".
Pues bien, ya que tú no vas a venir a tenerla conmigo, ni vas a buscarme, vengo a tí, puesto que esta conversación lleva muco tiempo pendiente, demasiado, diría yo.

          Cuando estudiábamos juntos en la biblioteca y nuestras interminables conversaciones en los bancos de la biblioteca, por messenger y tuenti, esos tiempos... a decir verdad ya ni siquiera tuenti lo abro, está perdido en la memoria, más o menos por donde quedó nuestra conversación. En los descansos, o desde tu casa leías mis relatos, mis escritos... te gustaban, me animabas, pero te quejabas de lo presente que estaba la muerte en todo lo que pensaba, hacía o escribía. Mi respuesta era: "Tengo que acostumbrarme, voy a ser enfermero, tengo que aprender a vivir con Ella". Y tú te quedabas en silencio. Pues bien, después de este tiempo, sigo sin haberme acostumbrado a Ella. Han muerto familiares, pacientes, residentes, de los cuales algunos han muerto en mi turno, otros en otro turno, algunos mientras estaba con ellos y algunos incluso han muerto con mis manos sobre ellos y el sudor en mi frente.

          Y me he decidido a hablarte, escribirte, ya que me he acordado de los relatos que escribí, aquéllos que tanto te gustaron, mezcla de fantasía y una metafórica historia nada real. Y me he acordado cómo en ellos hacía referencia a la poca comunicación que existía entre los protagonistas, y ello me ha llevado a recordar que nuestro flujo de comunicación se quedó un poco estático ya un tiempo atrás. Todo esto también me trae a la mente la vez que me pediste que escribiera algo sobre o para tí. Pues en esas estoy... y créeme, me está costando un poco, entre la falta de costumbre y que realmente no sé por dónde empezar...

          Nos conocimos de rebote, como esas cosas que pasan sin que ni los mismos protagonistas se enteren. Yo era un enlace, un acceso a Él, pero Él no mostraba interés, y yo era el único, de las personas más cercans a Él que estaba inclinado hacia tu causa. Como decían en "Lo que el viento se llevó": Siento debilidad por las causas perdidas. Pero obviamente eso no te lo dije, puede que fuera un romántico, pero para nada un idiota. Hubo tantos giros, tantas confusiones, ilusiones, corazonadas y arrebatos... y lo que acabé teniendo certeza en cuanto a tí, era tu persistencia, tu fidelidad, tu perseverancia. Te debatías en esa línea en la que muchas personas estiman que limita la bondad de la ingenuidad.
Eras la chica fea del baile, aunque no lo fueras, te considerabas así, al estar tan sumamente ignorada. Y como suele pasar, también en las películas, mientras estabas entretenida admirando, alguien que sí te apreciaba por como eres, te había convertido en su guapa del baile.

          Reíamos mucho juntos, y alguna lágrima derramaste también, una vez tuvimos que salir de la biblioteca por el ataque de risa que nos dio. Y luego, cuando no sabías qué elegir a la hora de estudiar... tampoco fui de gran ayuda. Se podría decir que lo que sobre todo fui para tí fue un oyente.

          Y aquí me encuentro, escribiéndote, sin saber muy bien qué decir, sin recordar apenas de qué iba a tratar aquélla conversación pendiente. Apuesto que tú tampoco. Cuando dejas algo pendiente tanto tiempo, acaba quedándose alterado, falto de importancia, si cabe. No recuerdo si era de tus amoríos o de los míos, sobre tu carrera o sobre mis miedos ante lo que se me venía encima.

          Si hay un gesto con el que más sonrío es el de ilusión, como aquélla vez que perdimos las fotos de un finde juntos con amigos, y fui a buscarte a la puerta de la uni para darte la tarjeta de memoria. De hecho esa tarjeta no la he vuelto a ver, posiblemente me la fueras a devolver cuando se celebrase nuestra "conversación pendiente". Esa conversación en la que a día de hoy no recuerdo de lo que íbamos a hablar. Una conversación que posiblemente fuera a ser nimia. Pero tengo certeza de qué cosas te hubiera preguntado. Unas preguntas que me darían lugar a deducir cómo te encontrabas. Preguntas que cuando te las haces a tí mismo se convierten en retóricas y/o trascendentales, porque rara vez tienen contestación clara y porque nos hacen reflexionar demasiado sobre nosotros mismos y hace que nos deshagamos de todas las corazas y máscaras. Puede ser que hubiera tenido que ahorrar todo lo anterior y empezar con ellas:
¿Qué tal? ¿Cómo te encuentras? ¿Eres feliz?
Pero no voy a encontrar una respuesta por tu parte, no. Se van a quedar aquí para atormentarme y hacerme reflexionar. No las vas a contestar, y si lo haces, yo no oiré.

          Olvidamos que en nuestra "conversación pendiente", lo único que realmente pendía frágilmente era la vida.

sábado, 25 de octubre de 2014

No somos Seres Humanos, somos Enfermería.

          Con una intención nada rencorosa ni de intenciones revanchistas, procedo a hablar sobre una noticia que ha comenzado a presentarse en la prensa de este rincón del mundo llamada: La Costa del Nublado. En ella no voy a incluir a los médicos, ya no sólo por el revuelo que se ha venido dando durante esta semana en España porque en la foto por la cual se daba finalizada la crisis del ébola (así como una vez Bush dio por finalizada la guerra en Irak y seguió causando numerosas bajas entre los soldados, e innumerables muertes colaterales, como políticamente se dice) sólo aparecían médicos, dejando de lado a otros miembros muy importantes del entorno de la persona a la que se trata. Y bien dando por finalizada la crisis del ébola y despreocupándonos por las numerosas muertes que sigue acumulando el ébola en África, vamos a hablar sobre algo más vano, y procederé a mirarme el ombligo, que siempre es más fácil.

http://www.dailystar.co.uk/news/latest-news/406194/NHS-staff-ban-hot-drinks
http://www.leicestermercury.co.uk/Hospital-drinks-ban-row-clinic-staff-allowed/story-23349751-detail/story.html

          Según algunos medios de comunicación se ha prohibido a las enfermeras tomar té, o café, o refrescos durante el periodo de trabajo en una zona pública, o sea, que te estén viendo. Todo esto se debe a una cuestión de imagen, puesto por lo que aseguran las directivas, hace ver que las enfermeras son unas vagas que se están tocando el higo todo el día. (Véanse arriba dos links en los que aparece la noticia, que se ha de distinguir cuando me las invento) La imagen que ofrecemos es importante, mas yo diría que no la más, es influyente a la hora del primer contacto, pero con límites. El cuidar en exceso la presencia, lo único que denota es una sociedad prejuiciosa. Todos estamos de acuerdo en que llevar unas uñas postizas, ir hasta arriba de maquillaje, o llevar un bronceado de spray y que se vaya corriendo a medida que te lavas las manos, o más preocupante, que no se vaya; son medidas orientadas a la higiene, que sí de algún modo influyen en la presencia e imagen, pero no es el principal fin.
Aquí de lo que se está hablando es de la mala impresión que damos por tomar un café, un té, o una cola-loca.

          Desde hace tiempo siempre se nos ha planteado que no está bien comer en el control, que para eso existe un estar, pero yo esto también lo veo por motivos de higiene, si me hubieran puesto como excusa que el estar tomándome un café en el control es antihigiénico, en ese caso me leería los motivos e incluso les daría la razón. (Un momento, que con tanto hablar de café y té me he acordado de algo)
Bien, mientras me tomo un té, prosigo: ¿quién no bebe? Es más, se nos recuerda constantemente que debemos mantenernos hidratados, y si estás de noche y no eres un noctámbulo, pero por profesión trabajas noches, como nosotras enfermeras, deberás tomar un algo que te mantenga despierto, y misteriosamente el agua no dispone de muchos neuroexcitantes...
Pongamos el supuesto por el que se contempla la posibilidad de estar dando la impresión de estar vagueando durante el horario de trabajo. Pues bien, según también llegué a leer, se barajaba la posibilidad de no hacerlo tampoco en la cafetería pública del hospital, puesto que da mala presencia. Manda huevos la cosa... o sea, ya ni siquiera durante el tiempo de descanso, sin lugar a dudas esto comienza a tomar el cariz de no te pago la hora de descanso durante el turno porque estás descansando, luego no trabajando, pero no puedes ausentarte del edificio, ni de la unidad, ni del control (hecho real), y es más si te encuentran con siquiera los pies en alto (que no durmiendo), sin que el público te pueda ver, durante tu descanso , es motivo de sanción o incluso despido (caso real).

          Pero... ¿qué hay de otras profesiones? Nadie señala con el dedo a un obrero que se está tomando su carajillo café en la obra para mantenerse caliente, ningún jefe mira mal a la oficinista/recepcionista que tiene el café sobre el escritorio. Obviamente no mientras no estén tratando directamente con un cliente, visto de un modo extrapolado: que vayas a pasar ronda con una taza en la mano, o que vayas a hacer un sondaje con una lata en la batea.
Esto me lleva a pensar algo: las enfermeras no son de la raza humana. Las enfermeras no necesitan descansar, aunque estudios demuestren que en una jornada de noche de doce horas sería recomendable una siesta (no os pongo el enlace pero lo leí hace bastante en una revista) y que las instituciones deberían facilitarla; es por ello que si ponen los pies en alto sea un motivo de sanción. Las enfermeras no necesitan comer, es por ello que no hay personal suficiente para cubrir que a la hora de la comida, una vaya a comer. La enfermera no necesita eliminar, se nos dotó de una vejiga con capacidad extra, y se nos enseñó a poner catéteres urinarios para eso. La enfermera debe llevar siempre una sonrisa, no puede tener un mal día o estar triste. La enfermera no necesita beber, como Teresa Romero no necesita el oxígeno, que como ella pertenece al campo de la profesión sabe de lo que estoy hablando.

Es más, qué coño, ¡las enfermeras sabemos todo lo que las personas necesitan porque nosotros no lo necesitamos!

          Somos una especie que no tiene necesidades, una especie que está protegida por un mundo en el que nuestro trabajo "no falta". Somos una especie con súperpoderes y dones exclusivos que somos infravalorados.

          Como ya en los artículos mencionaban, mucha gente me ha dicho: "tómate un descanso y un cafecillo, que no te he visto parar", pero nunca nadie me ha echado una mala mirada por estar sentado o de pie bebiéndome un refresco.
Pero claro esto lo dice alguien, un profesional de la buena presencia, que mientras está dando el cambio de turno tiene un té al lado en esta taza:


Con amor y bajo la ley seca de la Costa del Nublado.

PD: como podéis ver lo de mirarme el ombligo hoy lo he dicho en serio.

lunes, 20 de octubre de 2014

¿Quién quiere un hijo?

          Leí esta semana pasada algo que me alarmó mucho, muchísimo. Dos grandes compañías, del nivel de Facebook y Apple habían decidido ofrecer la oportunidad de congelar óvulos a las mujeres de su empresa que así lo decidieran, para de este modo, retrasar su embarazo/maternidad y que éste no supusiera una traba al desarrollo de la carrera profesional de la potencial madre. 


          Este hecho me hizo pensar en aquéllo que estudiábamos en la carrera, y que de hecho apareció en la OPE: la bioética. Como todos sabemos en todo dilema bioético se contemplan cuatro campos: beneficencia, no maleficencia, justicia y autonomía. Debido a mis valores morales y éticos, el tema de la fecundación in vitro y demás la considero innecesaria, puesto que entra claramente en conflicto con el concepto de la justicia. Me parece tremendísimamente injusto que mientras existen miles de pequeños huérfanos o no deseados, por "necesidad" de una pareja de tener un hijo "propio", se realice un gasto altísimo, mientras éstos otros pueden estar condenados a la miseria o a nunca ser queridos por unos padres. Del mismo modo que considero que padres no tienen que ser de sangre, y muestra de ello se pueden encontrar día a día, como por ejemplo Clark Kent. Me parece una manifestación de egoísmo, pero claro está, es mi opinión, nunca he señalado con el dedo a personas que han seguido este otro camino, sería como señalar con el dedo a los vegetarianos... bueno, ya se señalan ellos solos... como señalar a los que tienen mejor cuerpo que yo. Es una putada, pero hay que aceptar a los deformes:



          Dejando de lado el dilema bioético sobre la fecundación in vitro y demás, vamos a tocar el tema ético desde el punto de vista social. Sé que esto está íntimamente ligado con la bioética, algo que nos toca muy de cerca a la la Enfermería, pero sinceramente, nuestra profesión tiene así mismo una importante vertiente social, y por lo que debería alarmarnos más: está formado mayoritariamente por mujeres. 
¿Cómo os quedaríais vosotras si os viene la Directora de Enfermería y os dice: "¿no crees que es un muy mal momento para quedarte embarazada teniendo en cuenta tu situación laboral y tu carrera profesional?"?  Antes de que (no) me contestéis, cómo me quedaría yo si mi Jefa me viene y me dijera que si no considero un mal momento teniendo en cuenta mi situación laboral y momento de carrera profesional el tener un hijo, sería la siguiente: "¿Y a tí qué?" Y es posible que muchas personas contestasen lo mismo... pero el problema es que esa pregunta no me la hacen a mí. A mí no me ofrecerían congelar mis "gusanitos", no me ofrecerían el "hazte una paja gratis, y casi que sin ganas y deje el bote con su esperma sobre el mostrador", no, y el motivo es porque soy hombre. Puede que quede un poco raro que yo, plantee esta situación, pero posiblemente el hecho de haberme criado entre mujeres, estudiado entre mujeres, estudiar Enfermería, y currar entre mujeres, me haya dado esta perspectiva. 
He visto como algunas personas acogían la medida con muy buenos ojos, estando muy de acuerdo, y en el peor de los casos: siendo mujeres. No me gustaría extenderme mucho, por eso que quiero ir cerrando esto: me parece un insulto a la Bioética que dichas compañías utilicen algo sobre lo que existe dilema bioético para favorecer unas medidas sociales envueltas de incertidumbre sobre la beneficencia de su fin. Personalmente opino que sería mejor facilitar un desarrollo de la carrera de cualquier mujer independientemente del estado de desarrollo en el que se encuentre, sin tener que hacer un uso injusto de recursos que debieran ser utilizados en muy contadas situaciones, ya que esto me parece una acción en contra de todas las leyes de la ética, independientemente si es bio o social.

Acepto críticas, pero no pedradas, esas a Pícara, mi moto, que casi le da igual.
Con amor in vitro desde la Costa del Nublado.

domingo, 19 de octubre de 2014

Vauxhall

          Vauxhall es una marca de coches, ampliamente conocida, en toda Europa la conocen, en serio, incluso en España. Vauxhall es el nombre que tiene aquí, en UK e Irlanda, Opel. A mí los Opel no me gustan nada, les tengo manía, así como a las OPEs. Y así es como comienzo mi entrada sobre la OPE que se celebró el día 4 de este mes.

          Han corrido ríos de tinta sobre lo que fue la OPE, el examen, presuntas irregularidades, impugnación de hasta las instrucciones del examen... etc. Pues qué decir, que a mi plin. Sinceramente. Yo he sido de esas personas que no estudiaron para este examen, no por ello iba yo a no presentarme: 40 y pico euracos por la mierda del examen me parece un motivo bastante como para presentarme. He estado leyendo mucha gente, sobre todo al respecto del las preguntas, que si la fenomenología hermenéutica, que si el Box Plot... Yo no voy a negar que este examen ha sido demasiado... yo diría centrado en legislación e investigación. Ya desde hacía bastante se venía diciendo que este examen iba a estar más orientado a que las personas que hubieran salido hace poco, tuvieran más posibilidades. Y tanto. En mis tiempos no se daba investigación, sin embargo ahora es una materia troncal. He leído por muchos sitios que si no nos han preguntado sobre "lo nuestro". Y yo me pregunto: ¿qué es lo nuestro? La legislación nos toca, investigación nos toca, la única pega que le pongo al examen es que pusieron poco de fundamentos de la Enfermería, sí, lo de las Frígidas y tal y más Taxonomía.
Pero ya me puedo imaginar lo que hubiera sucedido: que la gente se hubiera quejado de que el examen era demasiado teórico, ¿y qué hay de la práctica?

Sinceramente, me aburre, me aburre muchísimo todo esto de la gente cagándose en todo lo cagable porque un examen no es a su gusto, lo único que denota es la escasa madurez de muchos de los opositores.

Nunca se me pudo haber pasado por la cabeza que yo fuera a conseguir una placita, seamos francos... Por varios motivos: sé que hay gente que lleva preparando esto de un modo u otro desde el 2009, hay gente que ha invertido mucho tiempo en estudiar, hay gente que sólo se dedica a estudiar, sí, los que yo llamo "Opositantes", desde que se convocó tuve claro que iba a ser una de las más difíciles, puesto que lo último que quieren hacer es contratar gente, y un largo etc.

En fin, qué decir, que no tenía muchas ganas de currarme la entrada, sólo quería dar mi opinión acerca de lo que creo que ha sido un examen difícil, aunque justo; y expresar mi idea de que creo que parte de las plazas ya están sorteadas, por muy mal que suene.

Hala, acabo porque no tengo ganas de escribir más. Fin

Con amor, desde el sillón de mi casa en la Costa del Nublado.

viernes, 10 de octubre de 2014

Malditas Zorras


            ¡Buenos días!
Ha pasado un tiempo desde que no escribo, no por nada en particular, o bueno, sí. Tengo mis motivos, aparte de requerimientos legales, requerimientos de salud, requerimientos académicos, requerimientos profesionales, requerimientos familiares y personales, y requerimientos, de lo que me re quiero y miento (todo lo anteriormente citado), he estado con la cabeza tremendamente ocupada. No, no es por la OPE, qué va, soy de los que no ha estudiado, y no me enfadaré si suspendo, o si no saco plazjajajajajajaajajaja. Tengo unos pensamientos muy variados, que si me dejan en esta semana dichos requerimientos, intentaré comentar antes de que se haya celebrado la OPE. Pero pasando del tema este de la OPE, voy a hablar de otras cosas, como siempre.

            A petición de alguien que me lee, voy a hacer esta entrada, que dedico tanto a ella, como a esas enfermeritas en prácticas, gérmen del porvenir del aúreo futuro de la disciplina enfermera… vamos, estudiantes que pringáis en las plantas de los hospitales y en las consultas de los centros de salud. Pero sobre todo, sobre todo, sobre todo… a esas Malditas Zorras. (Inciso: “zorra: 1. canis vulpes del género femenino 2. raposa, véase punto 1. 3. dícese de la mujer astuta y con malas intenciones 4. Si follas con una zorra es zoofilia, puta es un término coloquial para prostituta, mujer que ejerce el trabajo de la prostitución, o sea, ofrecer sexo/alivio a cambio de dinero u otros bienes.” No está sacado de la RAE, lo he sacado de mi cabeza y mis opiniones, la RAE no se hace responsable.) Malditas Zorras, no tienen otro nombre, aun no me he cruzado con un enfermero Maldito Zorro, más que nada porque los hombres suelen carecer de la astucia. Posiblemente Maldito Joputa estaría bien, he de pensarlo. A lo largo de mis prácticas toda la promoción tenía que lidiar con la Maldita Zorra particular, por lo común era sólo un rotatorio, aunque los había con mala suerte y se cruzaron con malas zorras en más de un rotatorio. Yo, no voy a ser menos que mis compis, y desde aquí digo que sí, yo tuve mi Maldita Zorra particular, en mi primer rotatorio de prácticas, cuando fui a parar a Gastroenterología. Recuerdo su nombre, recuerdo su cara, recuerdo hasta el nombre de una sobrina que tenía que a día de hoy será enfermera, y recuerdo hasta el código del tono de tinte para el pelo que utilizaba… esa Maldita Zorra.

            En primero, en mis tiempos de Diplomatura, en que todo era bonito, las Escuelas de Enfermería eran dirigidas por un Director de Enfermería, y no por un subdirector de Enfermería, dependiente de un Director Médico, que se gracias a la crisis económica y Bolonia, ahora nuestra amada “Facultad” no es más que una sede de la Facultad de Ciencias de la Salud, pero bueno, esto no son todas las Facultades de Enfermería. Pues en primero íbamos por primera vez a hacer prácticas a los hospitales, protoenfermeras con mucha ilusión y más verdes que las flemas de uno con infección pulmonar. Por regla general llegas con mucha ilusión, para darlo todo, para poner en práctica todo eso que has aprendido en anatomía, fisiología, bioquímica… espera, nada de eso lo aplicábamos; bueno, que gracias a las Frígidas tenemos Fundamentos de la Enfermería, por lo que algo sí que podíamos llevar a cabo. Y con mucha ilusión te fusionabas con la pared, con tu inmaculado, recién estrenado, con las rayas de la casaca recién sacada de su envoltorio, blanco uniforme… así, poco a poco… esperabas en el control, y veías que estorbabas, y te echas a un lado, y te echas a otro, y te apartas del mostrador del control, y ves que estorbas, y te pegas a la pared, y ves que estorbas, y te pegas y pegas cada vez más hasta que… Fuuuwoosshhhhh, te mimetizas tanto, ya no mimetizarte, más bien te memotizas pegándote contra la pared. Una vez vi como una limpiadora tenía que quitar a la estudiante con espátula, algunas consiguieron atravesar la pared y al parecer llegaron a otra dimensión, eso o en realidad no pudieron superar el primer rotatorio de prácticas y dejaron la carrera… Un minuto de silencio por las estudiantes enfermeras POW-MIA.
Y de repente la enfermera la cual te echó un rápido vistazo cuando llegaste diciendo que eras el/la estudiante que viene de (adjunte nombre de la universidad en cuestión) y que le dijeron que tenía las prácticas en la unidad de (nombre de la unidad en cuestión); a lo que responde: “¿De prácticas? ¿Hoy?” Y se vuelve a las compañeras de control y pregunta: “¿Maris, sabéis vosotras si era hoy cuando llegaban las estudiantes?” “Se le habrá olvidao a la súper decírnoslo”. Y así con cara de gilipollas piensas: “Lo mismo me he equivocado yo de planta o de hospital o de día o… o…” Y te bloqueas mentalmente.
Sin embargo he oído de algunas compañeras que fueron recibidas por la supervisora, les presentó a todo el personal y les dio una vuelta por la unidad para que se hagan a todo. Me encanta la mitología.
Por lo común te haces a todo a matacaballo, mientras ruedas: a las rutinas, los protocolos, la organización, quién es quién (¿Lleva gafas? No. ¿Pelo rubio? No. ¿Tiene bigote? Sí. ¿…Es mujer? Sí. ¡Es fulanita!), y que no toques nada, no vaya a ser que mates a alguien. Y la pregunta estrella: “Tú, si no sabes algo, lo preguntas”.
Y así, mientras estabas pegado a la pared, la enfermera ha empezado a hablar, y tú callas, hasta que al final se da la vuelta y dice: “Vamos, que hay que empezar”. Y es cuando te das cuenta que te estaba hablando directamente a ti.

            Por desgracia esto no es siempre así, a veces te toca directamente la Maldita Zorra y tras llevar tú una hora de pie sin moverte, se te queda mirando y dice: “Vaya estudiantes que nos mandan los de (nombre de la universidad en cuestión), ¿vienes o te quedas ahí? Mal lo vas a llevar, te voy a tener que suspender las prácticas”. No llevas ni una hora en la unidad y ya vas a suspender, esto empieza jodido amigo.
Por lo común las Malas Zorras suelen superar la treintena, cara de amargada, o mal follada o de no follar (o por el contrario está encantada de conocerse a sí misma), mirada inquisitiva, pose de superioridad, cada vez que habla sienta cátedra, y un lenguaje hacia tu persona de desdén, si no hiriente.
En mi caso la Maldita Zorra apareció en el primer rotatorio, como bien he dicho, y no tuve el gusto de ser su polluelo hasta ya bien avanzado el rotatorio. La conocía de haber estado en el estar de Enfermería en los descansos, pero nunca trabajado bajo sus órdenes, o mejor dicho siendo ella responsable de mi aprendizaje. La impresión que tenía de ella era la de una persona aceptable, ni extremadamente simpática, ni extremadamente odiosa, era una persona normal y corriente, de las que piensas que no dejará huella en tu vida… qué cosas pude llegar a pensar.
Un día llegué al control, era… Febrero creo recordar. La enfermera con la que solía ponerme no estaba, y el enfermero con el que en otras ocasiones estaba, tampoco. Quedaba una sola opción: una enfermera que era un amor, pero éramos dos estudiantes. Muy cortés, le dejé a mi compañera elegir, y eligió a la que era un amor. Yo, con mi moño (por aquél entonces) y rebosante de energía y entusiasmo le dije: “¡Mala Zorra, estoy contigo!” (No la llamé mala zorra, por supuesto). Me miró y dijo: “Ah… pues vaya”. “Ah, pues vaya”, me dejó así como que no entendía qué estaba pasando. Me despisté un momento y le perdí la pista, me tiré las dos primeras horas persiguiéndola y buscándola. No me dejaba tocar nada, a mis preguntas, si las contestaba, lo hacía de mala gana… Yo intenté caerle bien, un chiste, parecer muy trabajador, mostrar mucho interés… Pero a eso de las 3 horas me dí por vencido y comprendí que me esperaba un turno duro. No tenía ni idea aún, estaba lo mejor por venir.
Vino un ingreso, y como la Maldita Zorra estaba por ahí, yo que sé dónde, le guié a la habitación asignada y recogí los datos de la entrevista inicial, o sea, que rellené el formulario de ingreso, no por completo, puesto que obviamente la Maldita Zorra tenía que rellenar algunas cosas. Cuando ella volvió le recibí muy alegre diciendo que había llegado un ingreso, le entregué los formularios y le dije que había rellenado parte de ellos para adelantar un poco de trabajo y que le había dicho al hombre que en nada volvíamos a completarla. Ella me miró y me dijo: “¿Quién te ha enseñado a hacer una entrevista de ingreso?” No era para nada la contestación que esperaba. E insistió subiendo el tono: “¿Que quién te ha enseñado a hacer una entrevista de ingreso?” El control estaba en ese momento a tope, médicos, familiares, pacientes, compañeras… Yo no sabía qué contestar, y todo el mundo callado mirándome. Finalmente hice la técnica de “Tierra trágame” y miré a mis zuecos. Y fue en ese momento en el que me dí cuenta que esto no había hecho más que empezar. Se dedicó a darme voces por los pasillos, que corriera más, que echara una mano aquí, que echara una mano allá, que dónde yo estaba, y resoplando todo el rato. Me escapé cinco minutos a sentarme solo en el estar para tomarme el pulso y respirar, es sólo un día, me dije, y ya llevas la mitad de las horas hechas. En ese momento mi compañera de prácticas entró, me miró y me dijo: “Perdón por haber elegido a la enfermera que es un amor, pero ya estuve una vez con ella, y no quería repetir por nada del mundo. Pero, a ti te está tratando mil veces peor”. Yo sonreí y dije que era sólo un día y que para el final de esta semana habríamos acabado este rotatorio y que esto no sería más que una anécdota.
Como me aburría muchísimo, empecé a constantear (bajo permiso de la Mala Zorra), y me llamó la atención un hombre con un pulso muy irregular. Nunca había tenido esta situación y le fui a preguntar que si eso era algo normal. Ella levantó la vista de las notas y me dijo: “¿Tú sabes tomar constantes?” En un tono como si fuera imbécil y bajó la mirada obviando mi respuesta y siguiendo a lo suyo. Pude sentir la ira crecer, desde la planta de mis pies, llegando al cuello, ahogándome, con los puños apretados, y una respuesta a punto de salir. Así que opté por morderme el labio, y no exagero cuando digo que empecé a saborear un poco la sangre. Decidí irme a dar una vuelta por la unidad, y a la que salía del control me pegó otra voz: “¿Tú a dónde vas? ¿Te he dicho que fueras a algún lado? Vamos, que hay que hacer una entrevista a un nuevo ingreso, y a ver si así aprendes algo.” La seguí por el pasillo, despacio, despacio, contando, contando, y respirando. Y entré en la habitación, con la peor sonrisa que me haya podido salir nunca.
Empezamos las preguntas y anotando, y la Mala Zorra no paraba de decirme: “Apunta” “Apunta” “¿Seguro que apuntastes…?” (Sí encima no sabía hablar). “Date prisa”. Y yo me mordía el labio, y ella me miraba y podía ver en sus ojos cómo disfrutaba con el hecho de que me fuera poco a poco hundiendo. Y de repente dijo: “Ahora el estudiante va a hacer un par de preguntas”. Estaban ahí, en la hoja de papel, delante de mí, y sin embargo no veía las palabras, veía borroso. Y sólo le oía a ella decir: “¿Vas a empezar?”
            Imagino que no reflexioné, no procesé en absoluto la acción que llevé a cabo. Me giré, le miré y… le estampé contra el pecho el archivador.

            Sí, así lo tenía en mis manos, se lo estampé en el pecho. Iba a decir algo, pero le miré en los ojos y sólo le dije: “Me estoy mareando”. En el tono menos teatral que nunca haya utilizado nunca. Y así, la dejé plantada, y salí por la puerta sin dar portazo, y me dirigí hacia la salida de emergencia, a las escaleras, y bajé una planta, y bajé otra, y bajé otra, creo que bajé 5 plantas, me senté en los escalones y me dí cuenta de que lo que me nublaba la vista no era un mareo sino unas lágrimas. En un día había conseguido esta Maldita Zorra hundir mi autoestima, mi seguridad, mi ilusión; y yo solito me había cavado la tumba al estamparle el archivador. Lo único que pensaba es que había fracasado, que no lo había conseguido, que esa Maldita Zorra se había salido con la suya y se estaba riendo de mí, y lo más seguro es que acabase siendo expulsado de los estudios y en fin, muchas cosas. Permanecí ahí abajo como unos 10 minutos, hasta que salieron a fumar los pacientes de la planta de cáncer y decidí que tenía que volver a la planta. Conforme subía estaba entrenando mi bajada de pantalones absoluta, pedir perdón y otras tantas mierdas, sólo quedaba hora y media para acabar. Mientras recorría el pasillo me llamó desde la habitación la mujer a la que habíamos estado haciendo la entrevista. Le pedí perdón por lo de antes, que no me sentía muy bien y que me estaba mareando. A lo que ella me respondió: “Si tú quieres decir que te estabas mareando, será verdad, ahora, esa enfermera es un bicho malo, tú no tienes ninguna culpa.”
Pensé por un momento, le dí las gracias y me encaminé al control.
            Justo al llegar al control se volvió a hacer el silencio, menos la Mala Zorra, que me estaba poniendo a parir. Lo mejor fue que no me estaba viendo porque estaba de espaldas. Tuvo que ser la otra enfermera la que le diera un toque para que se diera la vuelta. Cuando me vio empezó con un: “Ya era hora de que volvieras, guapo, que…” No le dejé terminar, simplemente sin apenas prestarle atención dije: “Me voy a mi casa”.

            Y así tal cual me fui, salí de la unidad, como si de una peli americana se tratase, todos en silencio, mientras yo me dirigía a la salida.



Bonus: No quiero que esto se tome como un procedimiento ideal contra las Malditas Zorras, no lo es. Lo que hice pudo haberme supuesto una muy grave sanción. Cuando me encontré con mis compañeros en vestuarios (me quedé un buen rato esperando), lo estuvimos hablando, y en el trayecto en tren. Hablamos y hablamos. Yo era de los últimos en bajarme, y todos se iban despidiendo de mi y veía en sus ojos el “la has cagado”. Ese día me costó dormirme, estaba literalmente acojonado. Al día siguiente, haciendo de tripas corazón, fui a las prácticas. Antes de empezar el turno me pillaron por banda las dos enfermeras que habían sido mis mentoras durante el rotatorio, me llevaron al cuarto de limpieza y me dieron una charla. Me dijeron que hice bien, pero también que  hice mal. “No dejes que nadie, nadie, te pise ni te haga sentir inferior”. Así acabó su charla en el cuarto de limpieza. Con eso y con un “sal inmediatamente de la unidad y busca a tu tutora, lo sabe toda la unidad y si lo cuentas tú antes, llevarás ventaja”. Así hice. Tras la reunión con la tutora, me preguntó si tenía alguna duda. Sí que la tenía: “¿Me expulsareis o sancionareis?” Me dijo que no me expulsarían por esto, pero que no me sorprendiera que me sancionasen, y me recordó que la tutora estaba para mediar, que lo mejor que podía haber hecho hubiera sido llamarla el día anterior, mientras esto estaba sucediendo.

Creo que lo mejor que puedes hacer es seguir el protocolo de llamar a tu tutora, y hacerle ver a la Maldita Zorra que no es manera de tratarte, que eres una persona, como ella, un estudiante, y decirle que todos hemos sido estudiantes, que por favor tenga paciencia con tu “inutilidad”. El tragar y tragar, lo único que te lleva es a que explotes y que hagas cosas de las que te vas a arrepentir luego.
Esta Maldita Zorra con la que me crucé no fue la única, pero sí la que más me tocó, con el tiempo aprendí a ignorar, que "a palabras necias, oídos sordos", y ya no sólo cuando llevo el uniforme, lo mejor es llevarlo con humor y untarte de mantequilla, nena: que todo te resbale.


Con amor, sintiéndome viejuno, desde la Costa del Nublado.

"Malditas Zorras" escrito por Mí, ft. Morgan Freeman y la Pastilla de Jabón.
No agradecimientos a las Malditas Zorras.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Un profesión de vocación

         Empecemos... hace poco empecé a cansarme de tanto cartel de lo preciosa que es la Enfermería y tal, no niego que algunos me gustan, sobre todo los graciosos, los que ironizan o los políticamente incorrectos. Pero no son la mayoría, la mayoría son carteles pastelosos de esos que de sólo verlos empiezo a sentir el glaucoma avanzar a un ritmo galopante.
No se malinterprete, no odio la profesión, me gusta, tengo mis más y mis menos: hay días que desearía haber estudiado otra cosa, y otros en los que el subidón anímico que me aporta el saber que hago lo que hago gracias a una decisión que tomé hace ya unos cuantos años, es tal que compensa. Y sobre todo a esto último me quiero referir y expandirme un poco más.

YO NO QUERÍA DESDE PEQUEÑO SER ENFERMERO, NI ENFERMERA, ESO TAMPOCO.

          Desde pequeño hasta el día en que ingresé en los estudios de Enfermería he pasado por infinidad de ilusiones e inquietudes. Al parecer mi deseo laboral más temprano fue el de TALLERO. Sí, sí, tallero, o sea, el que se dedica a trabajar en un taller. ¿Haciendo qué? ¿Y qué iba a saber yo con unos 4 años? Pero el hecho de desmontar cosas, poder ensuciarme sin que mi madre me echara la bronca, etc, etc. era muy tentador. Luego a medida que crecí fui olvidándome de la profesión de tallero para decantarme por ser músico. Sí, músico. En mi casa siempre, siempre, siempre hubo música on. Mi madre era una fanática de la música, ergo siempre había, y debatiéndome entre la música de los 60 y 70 de mi madre y la de los 90 de mi hermana, crecí, y pensé: "molaría ser músico, y cantar". Por aquel entonces mi hermana además tenía un teclado, y envidiaba el hecho de que ella supiera tocar. Bueno, quien dice saber... al cabo de un tiempo me enteré que las clases las dejó hacía años, y lo que hacía era poner las sintonías pregrabadas... Durante un tiempo esta ilusión de músico convivió con la de pintor. Mas ambas fueron rechazadas, al menos en el plano profesional: era un pésimo dibujante y pintor, y la música, en fin, el sentido del ritmo está un poco perdido en algún sitio, el capullo de Ara Malikian me lo robó de fijo. 
Cuando crecí, y me acercaba a mis 10 años, empezaba a usar la razón y esas mierdas de las que nos convencen. Eso que te dicen que te estás haciendo mayor. Y una mierda, mayor te haces cuando no quieres ser más mayor. Y dejadme explicar: hace unas semanas estaba en mi sillón de convaleciente leyendo noticias por internet, y así aparecí en una noticia de Daniel Readcliff, el actor de Harry Potter, que decían no sé qué de él... y yo pensé, "pobre chico". Y en ese momento me paré a pensar: "...¿qué chico ni qué coño? Este ya no es un chico, ya es mayor... y en ese momento recordé que yo rondo la edad de Readcliff, y mi autoestima se hundió. "Joder, me estoy haciendo mayor". Pero ahí no queda todo, ahora vuelvo al tema de la vocación; hoy estando en el Gaybar (del cual aún no os he escrito y me duele en el alma), estaba en una sala a mi bola leyendo el twitter, con mi café en la mesa, y se asoman unas chavalas rondando los 20 y se dan la vuelta diciendo una: "Sólo hay un hombre". Un "hombre". Ya no soy ni chico, ni chaval, ni tío, soy un HOMBRE. En fin, que estoy pasando por un verano de catársis. Ahora volviendo. A mis 10 yo quería ser científico. ¿En qué área? De nuevo, ¿qué idea iba yo a tener? Pues quería trabajar en un laboratorio, llevar bata, posiblemente gafas, que nunca en mi vida he tenido que llevarlas, y trabajar con probetas y hacer explotar cosas. Y así anduve unos cuantos años queriendo estudiar para ser científico, además las ciencias se me iban dando bien, era curioso... en fin, tenía madera de ciencias. 
Y así llegaron mis años de instituto y las artes me volvieron a llamar. Ya no era sólo la música lo que me atraía y a lo que me dedicaba como hobby, combinaba la música con mi hobby por el dibujo y la pintura, y el de "EL TEATRO". Fueron años inolvidables, experiencias inolvidables, todo inolvidable. Era una vida aparte, era lo mejor que me había pasado en todos los años. Fue tan fuerte mi pasión por el teatro que empujó al resto de mis aficiones a un rincón, hasta convertirse en no sólo una afición sino algo que combinaba a tiempo casi igualitario con los estudios. Y aquí llegó el primer dilema vocacional de mi vida: ¿artes o ciencias? Cada profesor de cada área tenía una opinión, y todos me intentaban convencer de ir a un lado o a otro. Finalmente mandé a todos a la mierda y no fui ni a artes ni a ciencias. Fui a unas ciencias que nadie coge: las ciencias de los tontos, las ciencias de los débiles: poca matemática y mucha letra. Fui por ciencias de la salud. No por descarte, sino porque empezaba a aproximarme cada vez más al campo de la salud: las personas y la biología humana. ¿Medicina, enfermería o psicología? Y he aquí que no tenía ni idea.Cambié de idea tantas y tantas veces que he perdido la cuenta. Alguno os pensareis: ¿fisio? No, no me interesa. 
Finalmente a la hora de elegir mis conocidos, mi médico, hasta el cura me decían que quería ser enfermero. ¿Enfermero? ¿En serio? Si ahí no se hace nada... sólo técnicas, y lo que te pida el médico... A mi me preguntaban: ¿Pero tú qué quieres hacer? A lo que respondía: "Estar y cuidar a las personas". Pero en España no hay una buena orientación académica ni profesional, y yo seguía pensando que el médico era el que cuidaba a la gente... Y hoy me alegro de haberle dado esa oportunidad a la charla de introducción de Enfermería en la Escuela, pues fue ahí, no antes, tan sólo unas semanas antes de empezar mis estudios de Enfermería, cuando descubrí que mi interés era la Enfermería. 

         Ahora volviendo al tema de la vocación: yo cuando estudié qué es la vocación en ética, nos dieron una definición tal como... "ilusión o pasión que se tiene desde muy joven acerca del futuro profesional". Yo no soy un enfermero de vocación, no, ni siquiera creo que sea algo imprescindible. Estoy bastante seguro que más de la mitad de mi promoción no tuvieron la vocación, la llamada de lo divino a dedicarse a la Enfermería, aunque sí estoy seguro que más del 50% jugamos a médicos, pero eso es otra historia. 
Y eso por eso que cuando leo esos carteles pastelosos sobre lo que es Enfermería, me toca la moral que muchos consideren que una enfermera tiene que tener vocación. Pues no señores, no, la Enfermería no ha de ser vocacional, Enfermería no es beneficencia, no son paños calientes, no son caricias y una sonrisa siempre en la cara. NO. Enfermería es una profesión, con una disciplina, un campo específico de estudio, y unas prácticas determinadas encaminadas a cubrir las necesidades de las personas a las que cuidamos. Y qué queréis que os diga, la sonrisa no es obligatoria, ni la amabilidad, ni las palabras de cariño; no se es peor enfermera si no haces estas cosas, eres más seca, eso sí, no te lo voy a negar, pero no eres mala enfermera. El asegurar que Enfermería es una profesión vocacional no es más que una gran mentira y que además no hace más que daño a la propia profesión. Cuando nosotros, profesionales de Enfermería promocionamos esta visión dada en los carteles cargados de clichés, nos estamos tirando piedras a nuestro propio tejado. Nos quejamos que la sociedad no considera a Enfermería como lo que es, sino que se centra en el mito erótico y en la visión de profesión auxiliar... y yo digo, bien, ¿qué estáis haciendo para luchar contra ello?

          No soy el mejor enfermero que ha existido ni que vaya a existir, ni mucho menos, soy o me considero y consideran "bueno". Ni malo ni excelente, sería cojonudo ser excelente, pero me da a mi que es muy difícil. Tengo una calificación de "bueno", y eso me lo llaman desde la perspectiva profesional, desde el plano personal me tachan de todo tipo de adjetivos: borde, seco, cortante, etc. Por modales, cuando trato con las personas a las que cuido, procuro ser lo más amable y educado posible, no por ser más "profesional", sino porque desde la empatía estimo que lo último que te apetece cuando estás es una situación de dependencia es un borde cabrón, o un empalagoso que te trata como si fueras un niño dependiente. Por esto último y porque también así se toman las pastillas antes... jajajajaaaa. 
Aquí en la Costa del Nublado para acceder a los estudios de Enfermería, u otros estudios, te hacen una entrevista personal en la que te preguntan qué te llama a estudiar Enfermería, y os puedo asegurar que hay personas con lo que muchos llamarían "vocación" que no han conseguido acceder, y son rechazados año, tras año. ¿Por qué? Porque no cumplen con el perfil profesional. Ahora, desgraciadamente no hay nada perfecto, y también existe un gran prejuicio a la hora de admitir estudiantes, he conocido casos en los que los rechazan porque dan la impresión de encajar en tal o cual servicio. A uno le rechazaron porque estaba cachas, y le dijeron que sólo le veían ejerciendo en Enfermería del Deporte, luego sería un gran presupuesto invertido en él para que sólo fuera útil en un área muy específica... WTF. Ahora también con este sistema Enfermería se habría librado de un elemento de mi promoción que se sacó la carrera, cuyo motivo (y esto son palabras que salieron de su boca) era: "son sólo tres años, es fácil, se gana buen sueldo y trabajas de funcionario". Olé. 

          En fin, así para cerrar... creo que no es imprescindible para ejercer Enfermería, tener vocación, de hecho he conocido pésimas enfermeras (grandísimas personas, y con un gran corazón) con una temprana vocación, y he conocido a grandísimas profesionales con una "vocación" más tardía; sino que lo más importante es tener un interés para con las personas, algo que no es tan sumamente difícil... Yo por ejemplo odio a la Humanidad, sin embargo siento una gran admiración por las personas. 

Un vocacional saludo con amor desde la Costa del Nublado.

PD: El Ginger, novio de Panoramic, es un cuidador nato, con lo que podría decirse una gran vocación de cuidar a personas, mas él mismo reconoció al poco tiempo de estar trabajando como auxiliar, que aunque le hubiera encantado, él no podía ser enfermero, puesto que establecía unos vínculos muy fuertes con las personas a las que cuidaba, y eso le llevaba a no ser tan buen profesional. Fue en ese momento en el que pensé que la vida es muy jodía e injusta. 


viernes, 22 de agosto de 2014

Monólogo

-¿Sabes que se pueden descubrir muchas cosas por la manera de caminar de una persona?
-¿Perdona?
-Sí, por ejemplo, mira a ese niño, bueno, chaval, camina no cabizbajo, pero con la vista fijada en algún punto que le transporta a su mundo interno. Es un chico con esperanza, él no se volverá cuerdo... o esa chica, barbilla alta y pasos firmes; una autoestima a prueba de bombas; o esa mujer de lento caminar, medio arrastrando los pies, es como si sólo esperase ya a la muerte...
-Quizá porque supera los 80 años...
-Quizás...
          Uno al lado del otro en una barra que se enfrenta y opone a la cristalera que protege a los que toman un café en el establecimiento, del incesante tráfico de personas, coches, perros y ruido.
-...perdona que te pregunte, pero, ¿nos conocemos de algo?
-... lo dudo, y si te digo la verdad, no lo creo
          Guardan ambos silencio por un momento.
-Mirlo García.
-¿Qué?
-Mi nombre.
-¿Mirlo?
-Lo sé, no es muy común.
-No común, no me malinterpretes, pero... es un pájaro, ¿no?
-Lo es, y también lo es Paloma.
-Ya, pero...
-Todo tiene un significado. Mi padre me lo puso porque el momento en que nací un mirlo se posó en el ventanal.
-Qué bucólico, increíble.
-Tampoco le creyó el del registro civil, mi padre insistió a más no poder.
-Y tu te acuerdas de todo esto, ¿verdad?
-Sí, aunque no estaba presente, me lo contó mi padre.
-Perdona que te diga, pero suena un tanto raro: un mirlo, una ventana...
-Nací en un pueblo de montaña, en casa, coincidiendo con una nevada.
-Bueno, un poco más creíble. Y tu madre, ¿qué opina de tu nombre?
-No opina, mi madre murió.
-...pe... perdón. Imagino... imagino que... claro, sin los medios de un hospital... en fin...
-Ah, no, murió de un ataque al corazón hace cinco años.
          Un silencio un tanto tenso se instaló. Seguía sonando música tenue de fondo, mas seguía dando la impresión de que había un silencio incómodo.
-Creo que tanto el silencio absoluto, como la falta absoluta de luz nos volvería locos.La falta de estímulos.
-Pero lo absoluto no existe...
-Cierto, por eso creo que la locura en realidad no exista.
-¿Como... otra percepción de la realidad? ¿Como el chico de antes que se recreaba en su mundo?
-Sí, algo así.
-Pero hay gente que sufre en su locura.
-También la hay que sufre en la realidad...
-Pero ese sufrimiento es real.
-Es real el sufrimiento del loco también.
-Eres... un personaje peculiar.
-¿Me lo dices tú, que te llamas Mirlo y tienes una historia impresionante sobre tu origen y te otorgas el don de conocer a la gente por sus andares? ¿Quién eres? En realidad, sin rodeos.
-Soy... soy tu vecino, soy tu amigo, soy tu hermano, tu padre, el que te sirve el café, y el que te trae las cartas. Soy el rostro anónimo compuesto por rostros conocidos. Soy tu mente y la mente de aquél; soy tu entorno. ¿Quién soy? ¿Quién soy en realidad? Soy en realidad una ilusión, una ilusión hecha realidad: soy y no soy.
-¿Me estás tomando el pelo?
-Apuesto a que alguna vez has oído esto: "No soy sin tí y sólo soy contigo".

          Volvió la mirada a la calle a través de la cristalera, a reflexionar y sin esclarecer una explicación, volvió la cabeza para no encontrar nada. Miró abajo, a la barra, donde sólo su café se encontraba esperando a ser bebido. Devolvió un poco de azúcar del café al sobre y terminó su café.

3 personas especiales.

          Ayer leí la noticia en la que 3 personas que se van a presentar a la oposición de Madrid del próximo 4 de Octubre han pedido a la Consejería no realizar ese examen en dicha fecha, ya que coincide con un día santo dentro de su religión, que al parecer es judía.

          Me parece muy bien que pidan, por pedir que no quede, de hecho recuerdo que en España siempre que necesitaba algo me presentaba en el despacho de la supervisora y le decía: "Vengo a pedir". Y ella me contestaba: "Pues ante el vicio de pedir, la virtud de no dar". Y hasta ahí todos contentos. Pero no, no todos, ahora ha resultado que la Consejería ha admitido y va a actuar en consecuencia a favor de la petición que estas tres personas han realizado. Si bien este hecho me ha revuelto el estómago y la conciencia, oyendo las palabras de mi madre de que cada vez soy más criticón, he intentado ponerme en el lugar de estas tres personas. Aun a pesar de que para ello hay que hacer uso de la empatía, y no me gusta malgastarla, puesto que se sirve en frascos pequeños a precio de tinta de impresora.
Entiendo que estas personas consideren dicho día como día santo, por considerar se puede considerar lo que uno quiera. Los cristianos consideran la Navidad y Semana Santa, los musulmanes el Ramadán, y otras tantas y tantas religiones otras fechas. Yo por ejemplo considero los días 22, 23 y 24 de cada mes muy... cómo diría... trascendentales. No por nada en particular, al igual que en una religión, sino porque me gustan esos días. El 11 también. Y sin embargo yo no pido librar siempre esas fechas.

          Puedo entender que la gente quiere librar la Nochebuena y Navidad, así como Nochevieja y Año Nuevo. Pero sin embargo esto en nuestra profesión no se da siempre. Cierto es que nuestro Estado (a)confesional, rige las festividades en base a las festividades cristianas. No estoy del todo de acuerdo que esto deba de ser así, aunque lo entiendo, al venir nuestra cultura de un contexto de religión cristiana, y por tradición, se haya continuado dicho calendario de festividades. A veces se me va mucho la pinza y pienso que las festividades no deberían existir, sino que debería haber un número determinado de festividades laborales que se usarían a gusto de cada cual y luego las vacaciones. A mi ver sería lo más justo, aunque no lo más fácil ni ideal. Pero prosiguiendo con el tema del Estado (a)confesional: siendo aconfesionales nos supone que ninguna religión media en los poderes del Estado, o así debería de ser; y sin embargo estas tres personas de religión judía, han solicitado que se les respete su "festividad", yo les diría, ciertamente, el día 4 de octubre es un día festivo, es un día en el que ustedes pueden disfrutar y marcar por siempre jamás en su calendario por ser el día en que consiguieron una plaza, pero no por motivos religiosos. Lo siento, pero no.

          Luego, según tengo entendido si yo me pongo malo, hospital, etc. ello no me concede un aplazamiento de la convocatoria. Al menos eso fue lo que siempre nos han dicho. De hecho en la Universidad o el Instituto, si tenías algún motivo de causa mayor para ausentarte de un examen o no poder acudir, dicha convocatoria en vez de retrasarse, se adelantaba. Ya está existiendo un trato de favor al mover una fecha supuestamente inamovible, luego un medio de "justicia" es adelantar la fecha. Pero no. No, no, no, estas personas no van a gozar del privilegio de que una fecha inamovible sea alterada y además van a disponer de un día más para estudiar. Que sí, que yo por ejemplo no estoy estudiando, y es harto probable que un día más o un día menos me suponga lo mismo.  (Como bien denunciaba SATSE, que para algo bueno que hacen, hay que reconocérselo) ¿Pero qué hay de otra tanta gente que lleva preparando esto mucho tiempo o que va con el tiempo justo y que un día es determinante para hacer el 2º o 3º repaso? Resulta que estas tres personas de religión judía están disfrutando de un trato de favor por partida doble.

          Por último me gustaría hacer hincapié en uno de los comentarios que más se han repetido a la hora de oponerse a este trato de favor: en las profesiones sanitarias no existen los horarios de 8 a 15 de lunes a viernes. Bueno, sí, pero no es lo común. Enfermería se caracteriza por ser una profesión de 24/365(6), y es lo primero que aprendes cuando entras en los estudios. Se acabaron los sábados, se acabaron los domingos, se acabaron las noches son para dormir, se acabaron los festivos y los puentes. Somos por suerte o por desgracia un cuerpo de profesionales del cual depende el sistema para mantenerse funcionando (como los hosteleros, la prostitución y la policía). Me pregunto si estas personas que se han solicitado este trato de favor, si disponen de uno de esos trabajos de 8 a 15 y de lunes a viernes con festivos y puentes.

          En fin, que me produce un sentimiento de vergüenza y a la par un sentimiento de frustración este trato tan parcial que se ha dado a una minoría y que el motivo sea un motivo religioso. Yo personalmente he sido y a veces aun me considero cristiano, y desde que entré en Enfermería comprendí que lo de ir a misa todos los domingos iba a ser imposible, aunque no lo hacía, me preocupó... no mucho, pero ese pensamiento rondó mi mente durante unos segundos. En fin, que sólo espero que estas personas que se van a presentar con trato de favor a la oposición no obtengan una plaza, no por odio ni desearles ningún mal, sino porque va a ser una situación muy tensa, aunque bueno, siempre se podrá justificar por la divina providencia de Jehova... o de algún coleguita en la Consejería... A saber.

domingo, 17 de agosto de 2014

Vida y caos.

          De los sueños rotos nace la realidad y de los sueños que se cumplen, las pesadillas.¿Cómo se puede sobrevivir en un mundo en el que inevitablemente vas a acabar obteniendo un resultado no satisfactorio? Es mucho más fácil de lo que parece. La solución se basa en seguir intentando. Seguir soñando, imaginando, creando. Vivir en un plano ajeno a la realidad, una vía de escape que te mantenga vivo, un afán, un motivo, una ilusión, un sueño. Todos sabemos lo imposible que es huir de la muerte. Todos tememos a la muerte, y aun temiéndola, llega un punto en que la necesitamos. El sueño de la inmortalidad se convierte en una pesadilla, y lo efímero de la vida rompe tu sueño de armonía. Es una lucha constante entre la vida y la muerte, es la búsqueda del limbo, de esa perfección en la que todo y nada son lo mismo. Nada de lo que se aspira o sueña es o será. En nuestro afán controlador y de orden, se nos antoja perturbador que algo como que la teoría del caos impere, que absolutamente ninguna de nuestras predicciones o deseos sean exactamente como estimamos llegados al caso. Es esta lucha de nuestra mente, que necesita del orden para adaptarse, que el caos que nos rodea nos ponga en jaque, y nos haga a menudo darnos por vencidos, sumergiéndonos en la vorágine de la monotonía y la aburrida realidad, en ese mundo de adultos en el que soñar es perder el tiempo, porque sabes que el desenlace será igualmente decepcionante. La vida se basa en decepciones y todos conocemos el final de ese caos: la destrucción, la nada, la muerte. Y siendo conscientes de lo inexorable y del fatídico fin, hay quién se resigna, y alienado sigue la corriente de la muerte, concediendo su vida a ésta. ¿Por qué no disfrutar un poco? Goces o no, todo acaba; sabes que un libro o una película acabará, y aún así la ves. Vivir con sueños, e ilusiones, crear mundos, crear realidades, crear vidas, crear todo y crear la nada...
Quién sabe, quizás sea soñando la única manera de escapar y vencer a la muerte.

viernes, 15 de agosto de 2014

Ser paciente activo III.

          Nacemos en una cama, dormimos en una cama, hacemos el amor en una cama, convalecemos en una cama y morimos en una cama.
Esto es lo común, luego, aunque no es obligatorio, pero nos lleva a pensar que las cosas importantes suceden entorno a una cama... 

          Habiendo hecho uso de la neurona encargada de filosofar, continuaré con mi verborrea común. 

          Mi estancia en el hospital como ya se ha ido dejando claro, no ha sido para nada alegre ni me he llevado una buena impresión, ni nada de nada. Diría que he sacado muy pocas cosas buenas de toda la estancia. Ahora hablaré de un eterno tópico: "la comida de hospital". En España, si os digo la verdad, las comidas que probé, no estaban nada mal, ya veis, lo mio y los hospitales es preocupante. A las 8:30 llegaba el desayuno: porridge, weetabix, cereales o tostada. La tostada sin mermelada por lo común, asi que casi siempre me decantaba por los cereales. A las 10:00 un té o café con galletas o pastel. A las 12:00 la comida: sopa de primero (que más bien son purés) y de segundo... en fin. A las 14:30 el té o café con galletas o pastel, a las 17:00 la cena y a las 19:00 un té o café con galletas. Y hasta las 8:30 del día siguiente. Personalmente con la fiebre y el bajo estado de ánimo, comía más bien poco, pero teniendo en cuenta el poco apetito que tenía y que me venía comida constantemente, nunca tenía hambre. Bueno, a las 21:30 siempre empezaba a rabiar del hambre, pero ya no había nada. Las auxis y los médicos se empezaron a preocupar: que si comía poco, que si no comía nunca. Lo que yo les explicaba y ellos no entendían era que no me daba tiempo a tener hambre, y encima la comida que me traían no me gustaba. NADA. El menú se basaba en carne y pescado, lo cual no me entusiasma mucho. Comí pasta un día, lo recuerdo: lasaña de verduras fatalmente cocinada. Y yo acabé aceptando que no comería en condiciones hasta que me dieran el alta, de hecho se lo dije al personal. No voy a comer, no porque no quiera, sino porque no me gusta vuestra comida, lo que acostumbráis a comer en Reino Unido. Entonces me ofrecieron gelatina, y vi que era bueno, y me tomé gelatinas.

          Pasados unos días encontraron un bichito en mi hueso, que era sensible al flucloxacilina, pero decidieron que como ya había estado en tratamiento profiláctico con amoxicilina, no era necesario. A la semana tuve un pico de fiebre. Las heridas de la pierna se curaron un total de 2 veces en la estancia de dos semanas de hospital. El motivo es que nunca había una enfermera con el "training" para hacer curas, y claramente su objetivo era el de secar la herida y poner puta Manuka Honey de la cual estoy hasta los mismos. La usan como panacea, y creo que ni siquiera saben que existen otros apósitos, y pensé: Yo estudié por mi cuenta sobre curas, y me metí en el tema de apósitos, etc. y no estoy capacitado legalmente aquí para decidir qué tratamiento pongo en una herida, pero estos que lo están no saben utilizar ni una gasa. Una cosa que me llamó mucho la atención fue la perfecta técnica estéril, sí, estéril, que practicaban en mis heridas cerradas en costra. Impecable.

          Cuando cogí fuerzas llegó el equipo de fisio, y me empezaron a enseñar a manejarme con las muletas. Para gusto de ellos, demasiado rápido, puesto que empecé a bajar escalones de dos en dos y a utilizar una muleta para las distancias cortas. Al parecer les traía por el camino de la amargura. Fueron sin duda de todo este ingreso los que más contribuyeron a mi mejora. Sí, ni auxis, ni enfermeras, ni médicos, si a alguien tengo que ponerle la medalla es al equipo de fisios. Y desde el momento en que empecé a caminar, ya nada fue igual, podía darme paseos, podían venir a verme mis amigos y Mía (que gracias a ella pegué un buen acelerón en mi recuperación) cuando quisieran, porque podía salir de la unidad y santas pascuas. Así es, el horario de visitas en una planta está tan restringido que da miedo. Un total de tres horas separadas en bloques de hora y media. Y empecé a ser el paciente desaparecido. El personal me dejaba notas en la almohada para cuando volviera a dormir. Bueno, en realidad no, era una exageración. Al parecer a algunas personas del turno de noche no les hacía mucha gracia que a la una de la mañana yo andase dándome paseos por la planta. Una vez una enfermera cabreada me dijo que por qué no me iba a dormir, y le contesté que porque no tenía sueño. "¿Quieres un somnífero?", me dijo. "¿Quieres llevarte una hostia?" 
pensé. Pero al final opté por el diálogo, y dije que suelo trabajar de noches, y que me cuesta retomar un sueño "normal". Tampoco ayudaba mucho el box en el que me encontraba, porque yo no tenía habitación, ni compañero de habitación. Estaba en un box con 6 personas, la mayor parte desorientados. Se me ocurrió preguntar por las habitaciones que había privadas, a lo que me dijeron que estaban reservadas para casos de aislamiento, o de que fueras una mujer con un dedo roto que lee el HELLO! (¡Hola! de España). 
Teniendo en cuenta que la media de edad era de 60 años, no tenía mucha gente con la que conversar, y de hecho a veces me preguntaba quiénes eran ingresados. Si, sí, no sabía a menudo quiénes estaban ingresados. Aquí el concepto de pijama o batín, no existe. No los hay. Tú te traes ropita de tu casa y te manejas con eso. A mi ver está bastante mal, principalmente por motivos de higiene y control de la infección, lo cual les encanta. Protocolos de control de infección tan efectivos como dejarte las mismas sábanas durante tres días. Personalmente eso nunca lo he visto en un hospital. Las sábanas se cambian todos los días  en la mañana (por lo menos), lo recuerdo de mi primer año de estudiante. 

          En fin, que las dos semanas que me tiré en el hospital no fueron de placer. Probé a ser un buen paciente, probé a ser simpático, probé y probé su comida y no me gustaba, probé a entender la incompetencia de tantas y tantas enfermeras... probé y probé... Finalmente llegó un día la médico con el elenco de fisios, terapeutas ocupacionales, residente y la enfermera "consultant" de banda 7 (o 6). Esto fue a las 8 de la mañana, y pensé: "Ya me la he ganado, vienen a vengarse". Sin embargo, me sonrieron y me dijeron que me iba, que me daban el alta. Luego el alta no me la dieron hasta las 17:30, pero el caso es que me la dieron y era libre de irme. Bueno, no sin que antes el enfermero se cerciorase de que sabía autoaDMINISTRARME UN PUTO CLEXANE. Eso sí, quitando la burbujita de aire antes, que es muy peligrosa.
para los que creen que me lo estoy inventando (fuente vademecum), puesto que no es el primero al que oigo decir que hay que quitar la burbujita del clexane.

          Así que guardaos de las burbujitas, a no ser que sean en la bebida, un saludo desde la Costa del Nublado.
....
-¿Así, sin más? Esperaba una reflexión más profunda de los hospitales, de la atención, de...
-¿Ves que yo escriba para algo más que para complacer mi propio ego y escucharme a mi  mismo en OFF cuando releo lo que he escrito?
-...eh...
-De hecho tú suenas con la misma voz en mi mente, porque soy yo mismo. 
-Joder, esto es más chocante que el "Luke, yo soy tu padre".

domingo, 27 de julio de 2014

Ser paciente activo II.

 "Bienaventurados los que creen, porque ellos verán a Dios". Y ciertamente, creyendo yo que las Pilis son en general unas incompetentes y puede que densas, me encontré en numerosas ocasiones observando con gran pánico cómo la Pili de turno o la británica de turno, me endiñaba el antibiótico en bolo. Y además, no vayamos a llorar, a ritmo rapidito, de esto que notas cómo el bolo recorre la vena hasta fundirse en el torrente de la subclavia.  Amén.

          A lo largo de mi vida me han explicado que hay que ser paciente, mi madre se hartó. Hay que ser paciente a la hora de complacer tus pulsaciones, que diría Freud. Que hablando de Freud, me acuerdo el broncazo que me cayó por parte de la profesora de Psicología en el instituto. Me ofreció eso que algunas personas consideran una amenaza: "Como vuelvas a pronunciar Freud, en vez de Froid, te suspendo". Nunca entendí el motivo de que lo considerasen una amenaza, fue una oferta bastante clara y en la que tenía poco que perder y mucho que ganar. Pero estábamos hablando de las necesidades. Pues eso, desde pequeños tenemos que controlar nuestras necesidades: cuando hay hambre, cuando hay sueño, cuando nos hacemos pis... ¿cuántas personas no han llegado a tiempo al baño porque hay que aguantar el pis y no mear en una plaza pública? Y de ahí a aquí hemos llegado a ser pacientes, pacientes para todo, incluso cuando nuestras necesidades son inminentes. Si hasta en la carrera te dicen que hay que ser paciente (que el primer día pensé: "pues ya pueden ser las camas grandes para que quepamos los dos"): paciente en tus necesidades, paciente respecto las necesidades de nuestros pacientes, pacientes ante la impaciencia de nuestros pacientes, y pacientes ante la inexcusable estupidez de muchos de nuestros impacientes y/o sus familiares. Nos hablaron siempre de "el buen paciente" y que eso estaba muy feo. Un paciente no tenía que ser bueno. Un paciente no debe de esperar. De ahí que mi cabecita hizo flush y una neurona hizo washaaaa, y en fin desde entonces mi cabeza no funciona igual.
Y por tanto decidí, que procuraría llamar menos a las personas que cuido, pacientes, y más por sus nombres. A veces motes. A veces no ofensivos. Casi nunca. Casi nunca en su cara. Me estoy pasando con las explicaciones.
          Hubo un momento en el que me quise meter en el papel de buen paciente. ¡Qué coñazo! En ese momento entendí que un timbre puede ser altamente divertido. Pero por desgracia la responsabilidad me impidió pasármelo bien. Me pregunto si lo hubiera hecho, si no me hubiera odiado a mí mismo... si no me hubiera dedicado a quejarme de mí mismo con mis compañeras y amigos cuando venían a visitarme:
- Joder, soy un puto coñazo, cada cinco minutos con la mierda del timbre. ¿Y sabes pa' qué? Pa' ná. Porque si todavía quisiera o necesitase algo, pero no, es por tocar los huevos.
- Lo mismo es que te aburres.
- Pues traedme un puto libro, o una buena conexión a internet, ¡que en este hospital no se coge naaaaa! ¡Tráeme la mierda del timbre!
Es una adicción. Yo de hecho encontré una vez a una abuela que saltó desde las barandillas de la cama para quitarse la vida por no encontrar el timbre. Hay quien dice que la mujer quería ir al baño y que intentó ir y claro, se cayó y murió.... pero no, no, no, eso es el síndrome de abstinencia, que les deja destrozados en la cabeza y si se quedan sin su timbre les entra el mono tope chungo y claro, a veces las cosas se van de las manos.
          Pero como iba diciendo, se me ocurrió hacer de paciente bueno. Tras mi pelea con la Enfermera del dolor que me quitó la bomba de morfina porque me daba dolores de cabeza (ya sabéis, esto de que estalla y pues como cuando vas a las Fallas), y su iniciativa y arrojo al recetarme Paracetamol para aliviar el dolor... empecé a tener el ya previsible pico de dolor. Eso junto con el mono, seguramente. Pues en este proceso, siendo el buen paciente que toda enfermera quiere tener, me dio por aguantar y callar. Hasta que literalmente no podía hablar. Y es así como conocí a una excelente enfermera británica. Siempre supe que hay excepciones que confirman reglas: por ejemplo el que sea tan poco femenina y tenga la regla. Espera... creo que quería decir no tener la regla... en fin, que esta enfermera era buena. No necesitó que yo hablase, supo qué me pasaba. Me observó y me preguntó: "¿qué tal?". Asentí. Y luego: "¿tienes dolor?" Y asentí. Y me preguntó: "¿desde cuándo?" Y respondí con algo que no sé si fue llorar de risa, reírse de lloro o un poco de los dos. Comprobó mi KARDEX, que es lo mismo que una hoja de tratas de España, pero más molongo, que para eso tiene ese nombre; y comenzó a soltar de todo por la boca. Llamó a los del Equipo del Dolor con su flagrante Enfermera Especialista en el Dolor y tachaaaaaaán, conseguí tramadol. Y un rescate de morfina oral. Mientras tanto, entre que subían y no los del Equipo del Dolor, esta enfermera se le ocurrió una locura que sólo se le había ocurrido en todo este proceso a otra persona hacer. Tomarme la mano. Y de nuevo... no sé explicarlo, pero me dí cuenta de lo poco que utilizamos el contacto físico, con las grandes virtudes que aporta.
Esta misma enfermera fue a la que le dije que no quería seguir con la sonda vesical, que ya llevaba tiempo con ella, y que para qué tenerla. Me preguntó si realmente no la quería, a lo que obviamente asentí. Yo esperaba que fuera a hacer la típica llamada al médico y que tal y cual. Pero no. Y extrañado le pregunté: ¿así sin más? A lo que me respondió: ¿Quieres esperar dos días más a que decidan qué hacer? Y claramente dije que no. Y mientras me retiraba la sonda me dijo: "Con esta gente es mejor pedir perdón que permiso".

          Los días fueron pasando, y así las visitas también. Gocé de la visita de mi hermana, de la de Mia, de la Sis, de Panoramic y el Ginger, de Crazy J y su moza (que por cierto, la fiesta de pedida de mano fue un poco aburrida...), de mi mecánico (el pobre llorando y llorando, iba a tener que cerrar el taller ya que no iba a llevar más mi moto), de la Italiana y el Ingeniero... y otros tantos que no conocía. De hecho empecé a pensar que la gente se estaba viniendo arriba y venía a visitarme la Costa del Nublado entera.
Y así los días iban pasando y entre fiebres, dolores (llámame Lola), y mi cojera fui poco a poco cogiendo fuerzas. No porque la comida... no. Sino porque finalmente el equipo decidió hacerme una transfusión de sangre. Bravooooooo. Hubo un cambio importante, empecé a ponerme de pie y a utilizar un taca-taca. ¡Qué risas y qué diversión! Eso sí, por parte de mis colegas, a mi no me hacía ni puta gracia. Y así fue cuando comencé con el taca-taca cuando conocí al adorable equipo de Fisioterapia, y Terapia Ocupacional, pero estos últimos eran un poco más coñazo: que si querían ver como me apañaba para comer, cómo me apañaba para caminar y bajar de la cama, y al sillón, y a la cama, y dame la patita, hazte el muerto, ah, perdona que ese es el de la cama de al lado, cámbiate de ropa... y yo pensé: "joder qué acosadoras y pervertidas, ¿no tendrán algo mejor que hacer en vez de verme cambiar de ropa?"

          Todo iba poco a poco bien, mejorando, y sabía que algún día me darían el alta... o la baja.