Los guiris, británicos y demás gente europea, que no europeizada, bajan a latitudes más cercanas al ecuador en busca de birra, tabaco, y fiesta barata, aderezado con buen tiempo. Han llenado la llamada Costa del Sol... Mientras, nosotros mediterráneos, españolitos, enfermeras mayormente, vamos ocupando silenciosamente la llamada Costa del Nublado. Aun lo ignoran, pero aquí nos haremos fuertes y la acabaremos conquistando.


Bienvenid@s a mi blog de enfermero emigrante y mis aventuras en la Costa del Nublado.

domingo, 15 de febrero de 2015

Cuando decidí cambiar de empresa.

          Esta historia se remonta por ahí como hace un año ya... sí, un año. Lo que pasa es que he andado ocupado con el trabajo e intentando no morir, ya os podéis imaginar, lo típico.

          En aquéllos tiempos estaba yo trabajando para Jonny LGEML, me explotaba bien, y yo curraba felizmente para él hasta hartarme. Como en toda relación de amor existe la luna de miel, la crisis, la reconciliación... etc. Pues llegó el momento en que me aburrí y como ya una vez me dijeron: "una crisis es una oportunidad". Y lo que llevaba tiempo gestándose en mi cabeza, dando vueltas y vueltas, se hizo facto. Las largas noches en la Cloaca y en otras resis mierdas a las que me mandaban, algunas incluso peores que la Cloaca, me llevaron a esto. De verdad agente, mi intención no era matarle, fue un accidente. Espera, eso se me ha colado. 
El caso, estando sentado con la Sis en el salón, le miré con mi café en mi mano y le dije: "Cambiemos de trabajo". Y ella contestó: "¿Ahora?" "Ya ves, y yo sin peinar" (Eso que nunca me peino). Y abrimos la mesa del salón como para cuando vienen visitas, ocupamos toda la mesa con ordenadores, papeles y demás útiles como el café. ¿Que para qué es útil el café en este caso? Fácil, para que se caiga y te haga tomarte las cosas con más calma. En mi caso eso no sucedió, así que como locos empezamos a buscar en el Job Centre pasamos al HSC, lo que viene a ser el NHS de los posh de Inglaterra, esa región delimitada en el mapa destacada porque sus habitantes hablan como si estuvieran hablando con un tontito, o una polla en la boca. 

          Nos dedicamos durante horas y horas a echar solicitudes de entrevista, no de empleo, para el HSC. En mi caso llegué a volverme tan loco que solicité incluso acceder a neonatos. En serio, neonatos. Y como me dirían más adelante en la entrevista: "¿Por qué neonatos? Tu currículum discurre muy lejos y no aparece ni siquiera un poco de formación en esta materia". "Tengo ganas de probar un área completamente diferente a la cual me dedico y me he dedicado". Esto con una sonrisa risueña y voz dulce. En mi mente pensé: "¿Qué coño haces aquí? ¿Qué mierdas estás diciendo? Estás mintiendo a un nivel muy por encima del esperado". Tienes que acabar estas farsas".
Pero este fragmento pertenece casi al final de esta entrada.

          A medida que nos íbamos apuntando en las distintas ofertas de trabajo, lo fuimos hablando con otros coleguillas inmigrantes de aquí. Por ejemplo con Panoramic, la cual tardó poco y menos en subirse definitivamente al carro y ponerse al tema también. Y nos dedicamos a buscar información acerca de las entrevistas: qué tipos de preguntas hacían, qué aspectos personales buscaban para un puesto de banda 5 (aquí la banda 5 para una enfermera viene a ser como una enfermera rasa, y a medida que subes, mayores responsabilidades o mayor postureo, aun no manejo muy bien lo de las bandas). Y volvimos a coger apuntes, farmacología, médica, técnicas de enfemería... etc. 

          La primera entrevista que tuve fue para un hospital del HSC, cercano a casa, y los puestos a los que se optaba eran varios, se podía elegir, por así decirlo. Me vestí de un modo presentable, incluso fui a cortarme el pelo a la peluquería, en vez de coger unas tijeras y cortarlo yo, como ya he hecho en alguna ocasión en el pasado. Íbamos muy preparados, tanto de presencia, como mental, como en aptitudes profesionales y personales. Cuando llegas te asignan un panel de entrevistadores, te hacen unas preguntas de carácter personal, y luego a las profesionales, lo que viene a ser como un examen para acceder a eso que es una plaza en el Sistema Público de Salud de este rincón del mundo. Lo más parecido a una oposición de España. Aun recuerdo algunas de las preguntas, que fueron 5: "Cómo administras un estupefaciente", "Enumerar las acciones que se llevaría a cabo en un paciente que entra con rectorragia para ser operado de urgencia", "Reacción adversa en un paciente al empezar a infundir una transfusión", "Procedimiento a llevar a cabo ante la queja de un familiar", y cinco: por el culo te la hinco. No la recuerdo. 
Por motivo de mi apellido entré pronto. La ventaja de hablar castellano en este rincón del mundo es que puedes salir de la sala de entrevista, ver a la Sis y decirle las preguntas como si le estuvieras preguntando por su familia, y tal cual salir. 

          El resultado de esta entrevista fue: no ha cumplido con los criterios de selección. 

          He de reconocer que en primera instancia me sentó bastante mal. Estoy rodeado de enfermeras del lugar, que brillan por su inutilidad y por su falta de conocimientos. ¿Cómo podía ser que nos hubieran rechazado a todos? Tenemos buenos currícula, sin espacios; con formación... Pero no era suficiente. Pero recién salidas de la Universidad de aquí conseguían su contrato en UCI, por ejemplo. ¿Por qué? Esa fue la pregunta que más nos rondó y nos persiguió. Pero eliges llorar indefinidamente y buscar respuestas en el cielo, o seguir intentando algo, lo que sea: "como si supieras". 
A esta entrevista le siguieron otras cuantas a las que ni siquiera nos admitieron a trámite la solicitud, no se dignaban siquiera a echarte un vistazo, por no cumplir con los criterios de selección. Yo empecé a intuir que el HSC se estaba convirtiendo más en una trampa que en una solución, como Mia me empezó a comentar. Y decidí apearme del carro, y buscar otras vías, en este caso la Sis también se apuntó. Y me paseé por el mundo de las agencias, agencias con más nombre o con más oferta de trabajo.

          Paseé por tres, todas ellas muy contentas de saber que quería abandonar a Jonny LGEML, una me ofrecía el oro y el moro; otra posibilidades varias y con un buen sueldo. Y por último los Lover, con la Escupemaderos. La primera entrevista a la que asistimos fue la de el oro y el moro, la oficina en el centro de la ciudad. Una oficina oscura, muy desordenada, y mientras los trabajadores hablaban entre sí no se enteraban de qué se estaban diciendo. El que la oficina estuviera oscura fue algo de agradecer, puesto que acudimos la Sis y yo a la entrevista tras una noche de fiesta. La directora estaba muy feliz, nos vendía como ya dije el oro y el moro. Durante la entrevista, en la cual la directora habló más de su agencia que de lo que se interesó de que fuéramos enfermeras, yo me quedé literalmente dormido. Cerré los ojos y plaff... me dormí, delante de la directora. Al poco abrí los ojos y la mujer seguía hablándome, y ni se había enterado de que me había sobado. Sólo oí un nombre, el nombre de una residencia que más bien es un infierno, y que me lo pintaba como el sitio ideal al que enviarme con un block book (cuando te reservan durante varias semanas para un mismo lugar de trabajo). Yo le sonreí, prometí llamarles y no me volvieron a ver. 6 meses después aún me seguían llamando preguntando si quería trabajar para ellos y diciéndome que no les he autorizado a que reciban mi AccessNI (los antecedentes, vamos).

          La segunda agencia me gustó mucho, mucho, mucho. La responsable de RRHH era una mujer que era enfermera especialista en comunitaria y que literalmente transmitía paz. No porque casi me quedase dormido, que también. Sí, tengo un problema con las entrevistas, hasta aquí estamos de acuerdo. La mujer te hablaba y era como si un halo de tranquilidad y seguridad fuera in crescendo en tu dirección, hasta invadir tu burbuja personal y tú muy gratamente te entregabas a su voluntad. No, no estaba buena, esa fue la de aquélla otra vez que me decidí a buscar otro trabajo hace ahora como unos 2 años, esa entrada que titulé "No cumples el perfil, o algo así". El caso, que embebidos como estábamos, rellenamos todos los papeles y nos lanzábamos de espaldas, con los brazos abiertos, al vacío esperando que esta amable mujer nos cazase al vuelo. Pero por errores administrativos de oficina, se fue retrasando nuestra incorporación al equipo... lo suficiente para hacer la entrevista con los siguientes y empezar a trabajar con ellos.

          Y sí, ya toca. Voy a hacer un spoiler de primera, para los pocos que tuvierais la intriga de con cual me quedé al final. Voy a hablar de la actual agencia para la que trabajo: los Lover. Tras concertar la entrevista, fuimos a ver qué se nos ofrecía. Cuando entré, el personal de oficina se interesaron por nosotros y por que estuviéramos cómodos, nos ofrecieron té y esas mierdas que por aquí se estila. La oficina con unos 6 escritorios, y sus correspondientes trabajadores, charlando cordialmente. Se respiraba tranquilidad, buen rollo y a la vez seriedad.  Vino a hablarnos la responsable de finanzas o como se diga, la de las cuentas, vamos; también la responsable de repartir los turnitos, y en fin, sin ser aun parte del equipo se presentaron todos. Cuando salió la directora nos volvió a presentar a todo el equipo. La entrevista fue... no fue. De acuerdo, no fue. Leyó el currículum, me miró y dijo que muy... amplio. Le sorprendió el hecho de que hubiera entrado directamente en la red de salud de este país directamente de agencia, dijo que demostraba que somos "otro tipo de enfermeras". La primera que me reconoció que a las enfermeras españolas se les prepara para lo que pueda venir, no sólo para rellenar papeles, que somos flexibles y nos adaptamos rápido. Cerró la carpeta y dijo, no voy a hacer una entrevista, sé que os quiero dentro. El resto de la entrevista fue el reparto de anécdotas y cotilleos de sitios mejores y peores en los que trabajar. Y de entre esas anécdotas es de donde salió su nombre de Escupemaderos. A ver, nunca dijo que hubiera escupido nunca a uno, pero sí dijo que le habían parado muchas veces. Una cosa llevó a la otra y la Sis y yo llegamos a la conclusión de que es la típica que es capaz de escupir a un madero si éste le cabrea mucho. Y si digo verdad, la he visto una vez cabreada, afortunadamente no conmigo, y doy fe que sin levantar la voz ni hacer una amenaza explícita, sabes que va a partirte las piernas.
Compartimos un poco de opiniones políticas dentro de este rincón del mundo, donde ser Católico o Protestante va más allá que dónde o cómo rezas; y cómo no es tan difícil que un opresor acabe jugando a ser la víctima. Pero eso es otra historia muy complicada, y en la que no voy a entrar.

A la que salía de la oficina me preguntó que si quería saber cuánto iba a cobrar. Contesté con un "make my day", una expresión que no sabría traducir a la perfección. Y en fin... pasé de ser una puta mal pagada, a ser una puta que puede permitirse el lujo de elegir a sus clientes. Salí con una clave para hacer todos los e-learning para incorporarme a trabajar con ellos en cuanto mi AccesNI estuviera disponible, un uniforme y muchas hojitas para fichar. Eso y con un nuevo empleo, y las ganas de mandar a la mierda a Jonny LGEML,

lunes, 2 de febrero de 2015

Auditorías, putas auditorías.

          Auditorías... putas auditorías...

Si eres una de esas personas afortunadas, o desafortunadas que no sé yo desde qué perspectiva abordarlo, seguirás viviendo en España y... No, no, no. Mal, vuelvo a empezar.

Una de las tareas que aquí en la Costa del Nublado llevamos a cabo son las auditorías... (vale, creo que suena mejor). Pues las auditorías... sí. Las auditorías. ¿Habéis oído hablar de auditorías? Bueno, seguramente sí,¿ pero habéis llevado a cabo alguna? Si pertenecéis a esa parte del mundo que no ha realizado una, os envidio y doy la enhorabuena. Eso si es que no sois de Gestión/Administración, en cuyo caso dudo y mucho que me estés leyendo. 
Más allá de lo rimbombante que pueda sonar la palabra (¿cuál? Auditoría. ¿Auditoría? Sí, auditoría), en el fondo es uno de los mayores coñazos con los que te puedes tropezar en tu vida. Es una tarea tediosa, excesivamente tediosa. Cuando pensamos en la palabra... auditoría (Lo siento, tengo que decirla), pensamos que se va a tratar de algo así importante, que vamos a llevar a cabo una tarea, que, tssss, respeto, va a contribuir y es un pilar esencial para que esta, la pirámide administrativa de la institución, sea cual sea, se mantenga en pie. 
Bueno, quizá lo sea... en lugares en los cuales se audita con cabeza.

          Aquí, en este rincón del mundo, les encanta maquillar todo con palabras bonitas y nombres contundentes, para llevar a cabo gilipolleces. Desde que estoy en aqueste lugar, he realizado incontables auditorías, que si me paro a pensar, si quisiera en un futuro en España solicitar un puesto de gestión, a palabrería no me ganaría nadie. Sí, sí, ¿auditorías? Todas las que quiera y más. Puedo auditarle hasta las veces que sus calcetines están a juego, déme un papel y un boli y un calendario, yo se lo organizo todo.
De las auditorías que más me cabrea realizar son las de medicación, las de absorbentes para incontinencia (sí, los pañales o compresas de toda la vida, pero, eh, queda muy bien así dicho) y mi favorita: auditoría de las auditorías realizadas por mis iguales (que no compañeras. A más de la mitad me encantaría estamparles mi taza de té en la cara a la hora del relevo). 
Las auditorías de medicación son muyyyyyyyy comunes. Dicen que son para verificar un buen uso de los medicamentos, mantenerlos dentro de las fechas de consumo preferente, y comprobar que a nadie se le ocurra traficar con paracetamoles. True Story. Cuando llegué aquí, pues en fin, me llamó la atención tenerme que poner a contar y contrafirmar y guardar en una caja fuerte las benzodiazepinas. Todos sabemos que las drogas se controlan, por eso de que se puede traficar con ellas, o que simplemente son potencialmente adictivas y en fin, un trajín, que todos estamos de acuerdo en que los opiáceos y estupefacientes se deban mantener bajo estricto control. Pero... ¿un puto diazepam de 2mg? Pues sí. Y a medida que avanza el tiempo y que me he ido adaptando a la cultura y conociendo un poco cómo esta gente se comporta, he llegado a la conclusión que necesitan que esa droga se encuentre bajo estricto control. Existe tráfico de diazepames o diazepanes, la verdad que nunca me he parado a pensar cómo se escribe en plural, si es que se escribe en plural... lo mismo se escribe en singular para el uso de plural. Joder, qué lío. El caso es que aquí la gente se enchufa los diazepam para colocarse, eso si van de tranquis; que si van a tope con la BBC, algo parecido a ir a tope con la COPE en Madrid, se los enchufan mezclándolos con alcohol, vodka por ejemplo, y si van en plan de Máxima FM, plan Rave o vete tú a saber, los mezclan también en el cóctel con un poco de MDMA. Si puestos a disfrutar que sea a bien. Como en su día me dijo Crazy J. al tener el accidente, su sms rezaba así: "Muy bien hecho, chaval, si vas a hacer algo, que sea bien". La moto quedó siniestro total, pero afortunadamente nadie Bailó sobre mi tumba con zapatos de claqué.

           Pero a lo que iba, las auditorías de paracetamoles: lo justifican como una medida que es beneficiosa para los usuarios y las finanzas de la institución. Yo lo planteo de otra manera, llamadme rebuscado, pero es mi impresión. Cuando encontramos una discrepancia en el recuento de paracetamoles, mirtazapinas o atorvastatinas, debemos dejarlo constar en una hoja, hoja que será revisada por el Director/Supervisor, quien llevará a cabo las medidas disciplinarias. Si, medidas disciplinarias. Si te olvidas de firmar un cuadrito en el que corresponde para el adcal, puede suponer una sanción. Esto lleva a currar con miedo, y ya no sólo eso; si se te cae una rula, al menos en los lugares en los que yo he estado trabajando, estás obligado a coger la pastilla del suelo y ponérsela en la boca. Que bueno, si nos basamos en la regla de los 5 segundos... si estás de erasmus, y la cuenta con dos cifras los segundos tienden a infinito, pero eso es otro caso. Pero hay casos peores: que se la meta en la boca, se le caiga, y con las babas ruede por la moqueta, recoja las pelusas y restos de vida anteriores al neolítico... en este caso también has de dársela. Eso o no dar esa medicación. El motivo es porque la tienen contada, y el proveedor de farmacia también lleva a cabo una auditoría por la que te ponen puntos negativos si haces gasto de más. O sea, un círculo vicioso en el que "por el bien del usuario o se toma una pastilla del suelo, o se queda sin pastilla".

          Además tus "compañeras" con tal de librarse del marrón, tardan poco en apuntar la omisión/falta de registro/discordancias llámalo x, lo que acaba por convertirse en un ambiente de trabajo de desconfianza, miedo y a la defensiva. En ninguno de esos tres conceptos veo el bien del paciente o usuario. Lo que veo es la búsqueda de chivos expiatorios, así de claro, y por regla general son los trabajadores de agencia los que suelen llevarse el galardón, que me recuerda a Gallardón.

          En esta espiral de acusaciones, como en todo sistema que es "justo", te llega el momento de la venganza: nadie es perfecto y todos olvidamos en algún momento una firma, escribir tal cosa en un plan de cuidado o reflejar tal hecho de una manera "centrada en la persona" tal y como tanto insisten las instituciones, esas personas en las que enrollas una soga de ajuste de presupuesto. Ese momento de justicia, son las auditorías de las auditorías, en el cual si alguien te ha puteado, buscas en sus evaluaciones el más mínimo ápice de imprecisión para corregir o devolver el muerto. Un muerto que no lleva dando vueltas por la institución y que no llega al mortuorio hasta que no llega el jefe jefazo; un muerto que sin este sistema posiblemente nunca hubiera muerto. Ésa es la naturaleza humana, puedes ir de bueno, y poner la otra mejilla; pero llega un punto en el que cuando un tocapelotas se dedica a demostrar que es mejor que alguien, por orgullo profesional, acaba respondiendo con un ataque cuando se harta de defender.

          Con todo esto no quiero decir que las auditorías no sean necesarias, que sí (excepto la de paracetamoles y lactulosa, esas deberían estar prohibídas por el Tribunal Penal de la Haya), pero me postulo ante esta necesidad totalmente en contra de que sea llevada por, para, entre (hacia, hasta, según...) por iguales. Eso genera un enfrentamiento en ese escalón jerárquico, en las bases. Mi idea de la jerarquía es que tenemos a alguien por encima que va a ser el objeto de odio por los escalones inferiores, y que a la vez ejerce ese odio de motivo para mantener unido a los escalones inferiores y de ese modo otorgar una base estable, sólida y segura para toda la institución. Sin embargo, esta idea de que todos somos jefes, esa idea de siempre vigilante, resulta en un grave problema tanto en cuanto a la calidad de los servicios que se ofrecen, al no estar preocupándonos de lo que realmente importa (las personas que cuidamos y a las que debería servir la institución), como a la estabilidad de la estructura de la institución. Una base con un cemento frágil acaba provocando el colapso del edificio. El asignar tareas de jefes a iguales lo veo una práctica que conlleva o mucha, mucha capacidad y responsabilidad por parte de todos los miembros del equipo; o bien que es una treta para distraer a la base y que mientras se matan entre ellos, los escalones más altos estén tranquilos rascándose los cojones, viendo cómo tienen una plantilla dividida, luego que no es fuerte, a la que pueden manejar; y consigan además ahorrar grandes cantidades de dinero que nunca, nunca, nunca he visto repercuta en el bienestar de esas personas que acudieron a dicha institución para obtener un servicio, servicio que no es realizado con la calidad y respeto que debiera.

Contando zopiclones, que desde hace unos pocos meses también son una droga controlada, desde la Costa del Nublado.

PD: en realidad no estoy contando zopiclones, estoy sentado en mi butaca aguantando mi OfFUcK. Y en esta entrada ni fotos, ni vídeos, no tengo ganas.