Tras haber superado una no muy buena noche, en la que me encontré el lugar con dos personas pidiendo pista (definición / eufemismo que aprendí cuando empecé en el mundo de las residencias en España.), cuatro con alucinaciones y tres con galopantes infecciones de orina, y otro puñado más de ellos con infecciones respiratorias de varios niveles, ahora me río y pienso que he estado en peores situaciones.
Nada más entrar en turno encontré pululando por el lugar dos moscas. Ya sabemos qué significa esto en nuestro gremio, y me dije: "pues nada, se ve que la noche va a estar entretenida". No me equivocaba, a los dos minutos de empezar el cambio de turno a una abuela le dio por tener un ataque epiléptico, manda huevos de lo que son capaces por un poco de atención... Total, comenzaron todas las enfermeras como locas a correr por el lugar, lo cual es algo que siempre me ha hecho gracia y me ha llamado la atención, la afición que tienen las enfermeras por el running. Cuando llegué la abuela, pues eso, con su ataque, y todos mirándose angustiadas, como si de un sketch humorístico se tratase... "¿Y si le ponemos oxígeno? Qué buena idea, tú. Pero de como se manejan los ataques epilépticos aquí, hablaremos otro día, que eso es otra historia.
Ya estabilizada la abuela, seguimos a lo nuestro. Resumen de como tenía la resi: mu chunga.
Pero como siempre me pasa, cada vez que voy a escribir sobre algo, os acabo contando mi vida en fascículos. En resumen, discutí con un médico on-call, no se me murió nadie, la gente durmió poco y yo cené en cinco minutos a las tres y media de la mañana. Pues en estando escribiendo las notas, me llaman al teléfono del office, identificador de llamada: "planta 1". Cojo el teléfono pensando que son los auxis con alguna emergencia:
-Decidme
-...
Se oye como cuelgan el teléfono. Mi reacción fue decir: "pero serán gilipollas"...
En estas entran dos de mis auxiliares que estaban arriba y me preguntan qué quien. Un momento WTF, ¿no estaban arriba? Va a ser que no. Pregunté a la auxiliar que estaba a mi lado si había soñado ahora mismo el teléfono. A lo que dijo que sí. Sólo quedaba una auxiliar, y fuimos al salón de enfrente del office y nos la encontramos roncando. De puta madre. Es uno de esos momentos en los que dices: estupendo, pues nada, que ya que se pone quien sea a joder con el teléfono, que se venga a hacer las rondas también,¿ no?
Lo cierto es que el mundo de la noche es un mundo aparte. No soy una persona muy supersticiosa, y soy bastante escéptico, pero mis experiencias me acaban llevando a pensar que hay cosas que no vemos. Por ejemplo en La Cloaca hay un pasillo que resulta especialmente raro, hablando con compañeras al cabo del tiempo, me han reconocido que tampoco están a gusto en ese pasillo. Al margen de los timbres que se pulsan solos en una unidad vacía, en una habitación cerrada con llave, en este pasillo mientras daba la medicación vi a una mujer, y le pegué una voz pensando que era mi compañera. Como no contestaba, fui a girar la esquina y no había nadie. Pegué otra voz y salió del salón, que está digamos que poco lejos. Pero como siempre, pensé que son estas cosas que ves, que imaginas, como una sombra. A todos nos pasa. Lo ves todo muy normal hasta que abuelos que no se hablan entre sí, que son de distinta unidad (este pasillo tiene una puerta con clave que separa dos unidades) te hablan de niños jugando y de un gato negro. De puta madre.
Es en esos momentos cuando a lo mejor te lo crees un poquito.
En fin, volviendo a la noche está de antes de ayer. A las seis, haciendo la última ronda, un abuelo recién ingresado, paliativo, nos preguntó que dónde estaba el chaval. Le dijimos que si preguntaba por Jim, el auxi. Y nos respondió:" no, no. Chaval, de niño, de unos diez. Dijo que se llamaba Tom".
Claro, caballero, ahora voy a buscarle, duérmase otro poquito, que queda un rato hasta el desayuno. Salí diciendo a mi compañera: "está este hasta las cejas". Ella me miró y me dijo:
-Tom, o Tommy es el fantasma de la resi. No es el primero que habla de él, y este hombre lleva aquí dos días y no creo que las auxiliares le hayan hablando de Tommy.
"Estupendo, ahora resulta que el fantasma le da por visitar los que están con un pie en el otro barrio. Lo mismo fue Tommy quien cogió el puto teléfono a las 04:20 de la mañana sólo para colgarlo y tocarme los cojones, mientras luego se dedica a pasearse por las habitaciones a visitar a los que están en paliativos. Pues estimado Tommy, me estás tocando los cojones, ¿qué te he hecho? Tío, vente, desayunamos juntos y con un café en la mesa me dices qué te he podido hacer para molestarte. Bueno, en vez de un café, un zumo para tí, que tienes unos diez años."
Esto lo dije en alto, y a la auxi no le hizo mucha gracia. Lo cierto es que mientras desayunaba, nadie al otro lado de la mesa se quejó de que no hubiera comprado un zumo aparte de mi café y mi desayuno.
A decir verdad, como antes he dicho, soy bastante escéptico respecto a este tipo de cosas, pero por otro lado son cosas que se repiten, y en las que coincidimos los sanitarios que trabajamos de noche. No sé si hay un más allá, si existe el Diablo (más allá del videojuego), o si yo qué sé. Sólo considero que en ocasiones son muchas casualidades juntas que pueden llevar a pensar que hay algo que no encaja muy bien a no ser que se explique mediante lo para-anormal. Seguro que si me lees y has hecho noches, alguna experiencia has tenido. A mí me enseñaron en Suecia a abrir las ventanas cuando alguien moría, para que el alma o lo que fuera, encontrase una salida, y me sorprendió de un país que no son muy religiosos. Luego entendí que no está reñido con ser espiritual. Por eso abogo por que en los planes de cuidado en el apartado espiritualidad incluyamos si hay un fantasma mayoritariamente reconocido en la unidad/residencia, y se incluya una serie de actividades en las que pudiera estar involucrado y de algún modo ser partícipe en el proceso de cuidado de la persona.
Ahí es ná.
Con amor, desde el más allá (la Costa del Nublado).
Los guiris, británicos y demás gente europea, que no europeizada, bajan a latitudes más cercanas al ecuador en busca de birra, tabaco, y fiesta barata, aderezado con buen tiempo. Han llenado la llamada Costa del Sol... Mientras, nosotros mediterráneos, españolitos, enfermeras mayormente, vamos ocupando silenciosamente la llamada Costa del Nublado. Aun lo ignoran, pero aquí nos haremos fuertes y la acabaremos conquistando.
Bienvenid@s a mi blog de enfermero emigrante y mis aventuras en la Costa del Nublado.
martes, 15 de diciembre de 2015
miércoles, 2 de diciembre de 2015
HOY
Hoy... hace tres años que cogí un avión y mientras estaba subiendo en él me prometí que volvería a la que en adelante sería mi Tierra Prometida. Me lo prometí a mí y a más personas, mas he aprendido que las promesas que te haces a tí las sueles tomar más en serio. Cuando me refería a que volvería no lo decía en el sentido vano de la palabra. Lo decía muy en serio. Siempre he tenido claro de dónde venía y adónde estaban mis raíces y dónde estaba mi lugar. Cuando decía "volver" no significaba de visita, que sí, de ese modo he vuelto muchas veces. Pero eran vueltas para revolver a donde no quería volver.
Dicen que las personas decidimos y que nadie nos obliga a nada. No voy a decir que no, estaría de hecho contradiciendo algunos de mis principios. Sin embargo te pueden determinar, como viene siendo el caso con mi generación. Ahí donde yo quiero estar sólo te casas si tienes padrino, o si la novia está muy deseesperada y aceptas hasta el último de sus caprichos, condiciones y exigencias. Si algo puedo decir en favor de la Costa del Nublado es que una persona puede abrirse camino de motu propio, algo así como dicen aquí de "un hombre hecho por sí mismo", o al menos esa es mi impresión.
Hace tres años me fui a lo que viniera, no fui con una venda en los ojos corriendo en dirección fija, pero siempre existe un tanto de incertidumbre, sobre todo cuando introduces un alto número de variables nuevas.
Hace tres años me fui con Iberia diciendo que si me iba, lo haría antes que el barco se hundiera y tuviera que irme en patera. Dije: "al menos me doy el que puede ser mi último lujo, en esta vida mia que se ha caracterizado por el exceso y la opulencia (ja.ja.ja.)"
Hoy, tres años después, vuelvo tras un "break" forzado a la Costa del Nublado, pero con Ryanair. Mi orgullo se ha vuelto "low cost". Digo más tacos, creo en menos cosas, confío en menos personas y he aprendido a las duras lo que perder, incluso si no estabas jugando, significa. Y mi humor se ha vuelto más afilado y negro, aun si cabe.
Hace tres años tenía pocas cosas claras. Hoy creo que tengo menos cosas claras aun, sin embargo aquéllas que sí las tengo, son mucho más nítidas.
He pasado por desilusionarme con mi profesión, con mi disciplina, con personas, con lugares... y he aprendido a apreciar más un café, una compañía y un rayo de sol. He aprendido, eso es lo que puedo decir sin lugar a dudas, como por ejemplo que la muerte es algo de lo que no sólo se escribe.
Sé que ese Sistema que me echó ni se alegraría, ni temerá de si vuelvo o no. Una compañera escribía hace poco que no tenía esperanza de volver. En mi caso conservo la Caja de Pandora a buen recaudo y con un candado que ni el TSA tiene la llave, así en plan insurgente y terrorista. No he dejado ni dejaré lo único que me ha mantenido cuerdo. Algunos amigos, cuando cuento mis planes, me dicen que si estoy loco... yo sólo sonrío y pregunto: "¿Aún lo dudas?"
Con amor desde el avión que me lleva a la Costa del Nublado.
Dicen que las personas decidimos y que nadie nos obliga a nada. No voy a decir que no, estaría de hecho contradiciendo algunos de mis principios. Sin embargo te pueden determinar, como viene siendo el caso con mi generación. Ahí donde yo quiero estar sólo te casas si tienes padrino, o si la novia está muy deseesperada y aceptas hasta el último de sus caprichos, condiciones y exigencias. Si algo puedo decir en favor de la Costa del Nublado es que una persona puede abrirse camino de motu propio, algo así como dicen aquí de "un hombre hecho por sí mismo", o al menos esa es mi impresión.
Hace tres años me fui a lo que viniera, no fui con una venda en los ojos corriendo en dirección fija, pero siempre existe un tanto de incertidumbre, sobre todo cuando introduces un alto número de variables nuevas.
Hace tres años me fui con Iberia diciendo que si me iba, lo haría antes que el barco se hundiera y tuviera que irme en patera. Dije: "al menos me doy el que puede ser mi último lujo, en esta vida mia que se ha caracterizado por el exceso y la opulencia (ja.ja.ja.)"
Hoy, tres años después, vuelvo tras un "break" forzado a la Costa del Nublado, pero con Ryanair. Mi orgullo se ha vuelto "low cost". Digo más tacos, creo en menos cosas, confío en menos personas y he aprendido a las duras lo que perder, incluso si no estabas jugando, significa. Y mi humor se ha vuelto más afilado y negro, aun si cabe.
Hace tres años tenía pocas cosas claras. Hoy creo que tengo menos cosas claras aun, sin embargo aquéllas que sí las tengo, son mucho más nítidas.
He pasado por desilusionarme con mi profesión, con mi disciplina, con personas, con lugares... y he aprendido a apreciar más un café, una compañía y un rayo de sol. He aprendido, eso es lo que puedo decir sin lugar a dudas, como por ejemplo que la muerte es algo de lo que no sólo se escribe.
Sé que ese Sistema que me echó ni se alegraría, ni temerá de si vuelvo o no. Una compañera escribía hace poco que no tenía esperanza de volver. En mi caso conservo la Caja de Pandora a buen recaudo y con un candado que ni el TSA tiene la llave, así en plan insurgente y terrorista. No he dejado ni dejaré lo único que me ha mantenido cuerdo. Algunos amigos, cuando cuento mis planes, me dicen que si estoy loco... yo sólo sonrío y pregunto: "¿Aún lo dudas?"
Con amor desde el avión que me lleva a la Costa del Nublado.
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