Los guiris, británicos y demás gente europea, que no europeizada, bajan a latitudes más cercanas al ecuador en busca de birra, tabaco, y fiesta barata, aderezado con buen tiempo. Han llenado la llamada Costa del Sol... Mientras, nosotros mediterráneos, españolitos, enfermeras mayormente, vamos ocupando silenciosamente la llamada Costa del Nublado. Aun lo ignoran, pero aquí nos haremos fuertes y la acabaremos conquistando.


Bienvenid@s a mi blog de enfermero emigrante y mis aventuras en la Costa del Nublado.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Un profesión de vocación

         Empecemos... hace poco empecé a cansarme de tanto cartel de lo preciosa que es la Enfermería y tal, no niego que algunos me gustan, sobre todo los graciosos, los que ironizan o los políticamente incorrectos. Pero no son la mayoría, la mayoría son carteles pastelosos de esos que de sólo verlos empiezo a sentir el glaucoma avanzar a un ritmo galopante.
No se malinterprete, no odio la profesión, me gusta, tengo mis más y mis menos: hay días que desearía haber estudiado otra cosa, y otros en los que el subidón anímico que me aporta el saber que hago lo que hago gracias a una decisión que tomé hace ya unos cuantos años, es tal que compensa. Y sobre todo a esto último me quiero referir y expandirme un poco más.

YO NO QUERÍA DESDE PEQUEÑO SER ENFERMERO, NI ENFERMERA, ESO TAMPOCO.

          Desde pequeño hasta el día en que ingresé en los estudios de Enfermería he pasado por infinidad de ilusiones e inquietudes. Al parecer mi deseo laboral más temprano fue el de TALLERO. Sí, sí, tallero, o sea, el que se dedica a trabajar en un taller. ¿Haciendo qué? ¿Y qué iba a saber yo con unos 4 años? Pero el hecho de desmontar cosas, poder ensuciarme sin que mi madre me echara la bronca, etc, etc. era muy tentador. Luego a medida que crecí fui olvidándome de la profesión de tallero para decantarme por ser músico. Sí, músico. En mi casa siempre, siempre, siempre hubo música on. Mi madre era una fanática de la música, ergo siempre había, y debatiéndome entre la música de los 60 y 70 de mi madre y la de los 90 de mi hermana, crecí, y pensé: "molaría ser músico, y cantar". Por aquel entonces mi hermana además tenía un teclado, y envidiaba el hecho de que ella supiera tocar. Bueno, quien dice saber... al cabo de un tiempo me enteré que las clases las dejó hacía años, y lo que hacía era poner las sintonías pregrabadas... Durante un tiempo esta ilusión de músico convivió con la de pintor. Mas ambas fueron rechazadas, al menos en el plano profesional: era un pésimo dibujante y pintor, y la música, en fin, el sentido del ritmo está un poco perdido en algún sitio, el capullo de Ara Malikian me lo robó de fijo. 
Cuando crecí, y me acercaba a mis 10 años, empezaba a usar la razón y esas mierdas de las que nos convencen. Eso que te dicen que te estás haciendo mayor. Y una mierda, mayor te haces cuando no quieres ser más mayor. Y dejadme explicar: hace unas semanas estaba en mi sillón de convaleciente leyendo noticias por internet, y así aparecí en una noticia de Daniel Readcliff, el actor de Harry Potter, que decían no sé qué de él... y yo pensé, "pobre chico". Y en ese momento me paré a pensar: "...¿qué chico ni qué coño? Este ya no es un chico, ya es mayor... y en ese momento recordé que yo rondo la edad de Readcliff, y mi autoestima se hundió. "Joder, me estoy haciendo mayor". Pero ahí no queda todo, ahora vuelvo al tema de la vocación; hoy estando en el Gaybar (del cual aún no os he escrito y me duele en el alma), estaba en una sala a mi bola leyendo el twitter, con mi café en la mesa, y se asoman unas chavalas rondando los 20 y se dan la vuelta diciendo una: "Sólo hay un hombre". Un "hombre". Ya no soy ni chico, ni chaval, ni tío, soy un HOMBRE. En fin, que estoy pasando por un verano de catársis. Ahora volviendo. A mis 10 yo quería ser científico. ¿En qué área? De nuevo, ¿qué idea iba yo a tener? Pues quería trabajar en un laboratorio, llevar bata, posiblemente gafas, que nunca en mi vida he tenido que llevarlas, y trabajar con probetas y hacer explotar cosas. Y así anduve unos cuantos años queriendo estudiar para ser científico, además las ciencias se me iban dando bien, era curioso... en fin, tenía madera de ciencias. 
Y así llegaron mis años de instituto y las artes me volvieron a llamar. Ya no era sólo la música lo que me atraía y a lo que me dedicaba como hobby, combinaba la música con mi hobby por el dibujo y la pintura, y el de "EL TEATRO". Fueron años inolvidables, experiencias inolvidables, todo inolvidable. Era una vida aparte, era lo mejor que me había pasado en todos los años. Fue tan fuerte mi pasión por el teatro que empujó al resto de mis aficiones a un rincón, hasta convertirse en no sólo una afición sino algo que combinaba a tiempo casi igualitario con los estudios. Y aquí llegó el primer dilema vocacional de mi vida: ¿artes o ciencias? Cada profesor de cada área tenía una opinión, y todos me intentaban convencer de ir a un lado o a otro. Finalmente mandé a todos a la mierda y no fui ni a artes ni a ciencias. Fui a unas ciencias que nadie coge: las ciencias de los tontos, las ciencias de los débiles: poca matemática y mucha letra. Fui por ciencias de la salud. No por descarte, sino porque empezaba a aproximarme cada vez más al campo de la salud: las personas y la biología humana. ¿Medicina, enfermería o psicología? Y he aquí que no tenía ni idea.Cambié de idea tantas y tantas veces que he perdido la cuenta. Alguno os pensareis: ¿fisio? No, no me interesa. 
Finalmente a la hora de elegir mis conocidos, mi médico, hasta el cura me decían que quería ser enfermero. ¿Enfermero? ¿En serio? Si ahí no se hace nada... sólo técnicas, y lo que te pida el médico... A mi me preguntaban: ¿Pero tú qué quieres hacer? A lo que respondía: "Estar y cuidar a las personas". Pero en España no hay una buena orientación académica ni profesional, y yo seguía pensando que el médico era el que cuidaba a la gente... Y hoy me alegro de haberle dado esa oportunidad a la charla de introducción de Enfermería en la Escuela, pues fue ahí, no antes, tan sólo unas semanas antes de empezar mis estudios de Enfermería, cuando descubrí que mi interés era la Enfermería. 

         Ahora volviendo al tema de la vocación: yo cuando estudié qué es la vocación en ética, nos dieron una definición tal como... "ilusión o pasión que se tiene desde muy joven acerca del futuro profesional". Yo no soy un enfermero de vocación, no, ni siquiera creo que sea algo imprescindible. Estoy bastante seguro que más de la mitad de mi promoción no tuvieron la vocación, la llamada de lo divino a dedicarse a la Enfermería, aunque sí estoy seguro que más del 50% jugamos a médicos, pero eso es otra historia. 
Y eso por eso que cuando leo esos carteles pastelosos sobre lo que es Enfermería, me toca la moral que muchos consideren que una enfermera tiene que tener vocación. Pues no señores, no, la Enfermería no ha de ser vocacional, Enfermería no es beneficencia, no son paños calientes, no son caricias y una sonrisa siempre en la cara. NO. Enfermería es una profesión, con una disciplina, un campo específico de estudio, y unas prácticas determinadas encaminadas a cubrir las necesidades de las personas a las que cuidamos. Y qué queréis que os diga, la sonrisa no es obligatoria, ni la amabilidad, ni las palabras de cariño; no se es peor enfermera si no haces estas cosas, eres más seca, eso sí, no te lo voy a negar, pero no eres mala enfermera. El asegurar que Enfermería es una profesión vocacional no es más que una gran mentira y que además no hace más que daño a la propia profesión. Cuando nosotros, profesionales de Enfermería promocionamos esta visión dada en los carteles cargados de clichés, nos estamos tirando piedras a nuestro propio tejado. Nos quejamos que la sociedad no considera a Enfermería como lo que es, sino que se centra en el mito erótico y en la visión de profesión auxiliar... y yo digo, bien, ¿qué estáis haciendo para luchar contra ello?

          No soy el mejor enfermero que ha existido ni que vaya a existir, ni mucho menos, soy o me considero y consideran "bueno". Ni malo ni excelente, sería cojonudo ser excelente, pero me da a mi que es muy difícil. Tengo una calificación de "bueno", y eso me lo llaman desde la perspectiva profesional, desde el plano personal me tachan de todo tipo de adjetivos: borde, seco, cortante, etc. Por modales, cuando trato con las personas a las que cuido, procuro ser lo más amable y educado posible, no por ser más "profesional", sino porque desde la empatía estimo que lo último que te apetece cuando estás es una situación de dependencia es un borde cabrón, o un empalagoso que te trata como si fueras un niño dependiente. Por esto último y porque también así se toman las pastillas antes... jajajajaaaa. 
Aquí en la Costa del Nublado para acceder a los estudios de Enfermería, u otros estudios, te hacen una entrevista personal en la que te preguntan qué te llama a estudiar Enfermería, y os puedo asegurar que hay personas con lo que muchos llamarían "vocación" que no han conseguido acceder, y son rechazados año, tras año. ¿Por qué? Porque no cumplen con el perfil profesional. Ahora, desgraciadamente no hay nada perfecto, y también existe un gran prejuicio a la hora de admitir estudiantes, he conocido casos en los que los rechazan porque dan la impresión de encajar en tal o cual servicio. A uno le rechazaron porque estaba cachas, y le dijeron que sólo le veían ejerciendo en Enfermería del Deporte, luego sería un gran presupuesto invertido en él para que sólo fuera útil en un área muy específica... WTF. Ahora también con este sistema Enfermería se habría librado de un elemento de mi promoción que se sacó la carrera, cuyo motivo (y esto son palabras que salieron de su boca) era: "son sólo tres años, es fácil, se gana buen sueldo y trabajas de funcionario". Olé. 

          En fin, así para cerrar... creo que no es imprescindible para ejercer Enfermería, tener vocación, de hecho he conocido pésimas enfermeras (grandísimas personas, y con un gran corazón) con una temprana vocación, y he conocido a grandísimas profesionales con una "vocación" más tardía; sino que lo más importante es tener un interés para con las personas, algo que no es tan sumamente difícil... Yo por ejemplo odio a la Humanidad, sin embargo siento una gran admiración por las personas. 

Un vocacional saludo con amor desde la Costa del Nublado.

PD: El Ginger, novio de Panoramic, es un cuidador nato, con lo que podría decirse una gran vocación de cuidar a personas, mas él mismo reconoció al poco tiempo de estar trabajando como auxiliar, que aunque le hubiera encantado, él no podía ser enfermero, puesto que establecía unos vínculos muy fuertes con las personas a las que cuidaba, y eso le llevaba a no ser tan buen profesional. Fue en ese momento en el que pensé que la vida es muy jodía e injusta. 


viernes, 22 de agosto de 2014

Monólogo

-¿Sabes que se pueden descubrir muchas cosas por la manera de caminar de una persona?
-¿Perdona?
-Sí, por ejemplo, mira a ese niño, bueno, chaval, camina no cabizbajo, pero con la vista fijada en algún punto que le transporta a su mundo interno. Es un chico con esperanza, él no se volverá cuerdo... o esa chica, barbilla alta y pasos firmes; una autoestima a prueba de bombas; o esa mujer de lento caminar, medio arrastrando los pies, es como si sólo esperase ya a la muerte...
-Quizá porque supera los 80 años...
-Quizás...
          Uno al lado del otro en una barra que se enfrenta y opone a la cristalera que protege a los que toman un café en el establecimiento, del incesante tráfico de personas, coches, perros y ruido.
-...perdona que te pregunte, pero, ¿nos conocemos de algo?
-... lo dudo, y si te digo la verdad, no lo creo
          Guardan ambos silencio por un momento.
-Mirlo García.
-¿Qué?
-Mi nombre.
-¿Mirlo?
-Lo sé, no es muy común.
-No común, no me malinterpretes, pero... es un pájaro, ¿no?
-Lo es, y también lo es Paloma.
-Ya, pero...
-Todo tiene un significado. Mi padre me lo puso porque el momento en que nací un mirlo se posó en el ventanal.
-Qué bucólico, increíble.
-Tampoco le creyó el del registro civil, mi padre insistió a más no poder.
-Y tu te acuerdas de todo esto, ¿verdad?
-Sí, aunque no estaba presente, me lo contó mi padre.
-Perdona que te diga, pero suena un tanto raro: un mirlo, una ventana...
-Nací en un pueblo de montaña, en casa, coincidiendo con una nevada.
-Bueno, un poco más creíble. Y tu madre, ¿qué opina de tu nombre?
-No opina, mi madre murió.
-...pe... perdón. Imagino... imagino que... claro, sin los medios de un hospital... en fin...
-Ah, no, murió de un ataque al corazón hace cinco años.
          Un silencio un tanto tenso se instaló. Seguía sonando música tenue de fondo, mas seguía dando la impresión de que había un silencio incómodo.
-Creo que tanto el silencio absoluto, como la falta absoluta de luz nos volvería locos.La falta de estímulos.
-Pero lo absoluto no existe...
-Cierto, por eso creo que la locura en realidad no exista.
-¿Como... otra percepción de la realidad? ¿Como el chico de antes que se recreaba en su mundo?
-Sí, algo así.
-Pero hay gente que sufre en su locura.
-También la hay que sufre en la realidad...
-Pero ese sufrimiento es real.
-Es real el sufrimiento del loco también.
-Eres... un personaje peculiar.
-¿Me lo dices tú, que te llamas Mirlo y tienes una historia impresionante sobre tu origen y te otorgas el don de conocer a la gente por sus andares? ¿Quién eres? En realidad, sin rodeos.
-Soy... soy tu vecino, soy tu amigo, soy tu hermano, tu padre, el que te sirve el café, y el que te trae las cartas. Soy el rostro anónimo compuesto por rostros conocidos. Soy tu mente y la mente de aquél; soy tu entorno. ¿Quién soy? ¿Quién soy en realidad? Soy en realidad una ilusión, una ilusión hecha realidad: soy y no soy.
-¿Me estás tomando el pelo?
-Apuesto a que alguna vez has oído esto: "No soy sin tí y sólo soy contigo".

          Volvió la mirada a la calle a través de la cristalera, a reflexionar y sin esclarecer una explicación, volvió la cabeza para no encontrar nada. Miró abajo, a la barra, donde sólo su café se encontraba esperando a ser bebido. Devolvió un poco de azúcar del café al sobre y terminó su café.

3 personas especiales.

          Ayer leí la noticia en la que 3 personas que se van a presentar a la oposición de Madrid del próximo 4 de Octubre han pedido a la Consejería no realizar ese examen en dicha fecha, ya que coincide con un día santo dentro de su religión, que al parecer es judía.

          Me parece muy bien que pidan, por pedir que no quede, de hecho recuerdo que en España siempre que necesitaba algo me presentaba en el despacho de la supervisora y le decía: "Vengo a pedir". Y ella me contestaba: "Pues ante el vicio de pedir, la virtud de no dar". Y hasta ahí todos contentos. Pero no, no todos, ahora ha resultado que la Consejería ha admitido y va a actuar en consecuencia a favor de la petición que estas tres personas han realizado. Si bien este hecho me ha revuelto el estómago y la conciencia, oyendo las palabras de mi madre de que cada vez soy más criticón, he intentado ponerme en el lugar de estas tres personas. Aun a pesar de que para ello hay que hacer uso de la empatía, y no me gusta malgastarla, puesto que se sirve en frascos pequeños a precio de tinta de impresora.
Entiendo que estas personas consideren dicho día como día santo, por considerar se puede considerar lo que uno quiera. Los cristianos consideran la Navidad y Semana Santa, los musulmanes el Ramadán, y otras tantas y tantas religiones otras fechas. Yo por ejemplo considero los días 22, 23 y 24 de cada mes muy... cómo diría... trascendentales. No por nada en particular, al igual que en una religión, sino porque me gustan esos días. El 11 también. Y sin embargo yo no pido librar siempre esas fechas.

          Puedo entender que la gente quiere librar la Nochebuena y Navidad, así como Nochevieja y Año Nuevo. Pero sin embargo esto en nuestra profesión no se da siempre. Cierto es que nuestro Estado (a)confesional, rige las festividades en base a las festividades cristianas. No estoy del todo de acuerdo que esto deba de ser así, aunque lo entiendo, al venir nuestra cultura de un contexto de religión cristiana, y por tradición, se haya continuado dicho calendario de festividades. A veces se me va mucho la pinza y pienso que las festividades no deberían existir, sino que debería haber un número determinado de festividades laborales que se usarían a gusto de cada cual y luego las vacaciones. A mi ver sería lo más justo, aunque no lo más fácil ni ideal. Pero prosiguiendo con el tema del Estado (a)confesional: siendo aconfesionales nos supone que ninguna religión media en los poderes del Estado, o así debería de ser; y sin embargo estas tres personas de religión judía, han solicitado que se les respete su "festividad", yo les diría, ciertamente, el día 4 de octubre es un día festivo, es un día en el que ustedes pueden disfrutar y marcar por siempre jamás en su calendario por ser el día en que consiguieron una plaza, pero no por motivos religiosos. Lo siento, pero no.

          Luego, según tengo entendido si yo me pongo malo, hospital, etc. ello no me concede un aplazamiento de la convocatoria. Al menos eso fue lo que siempre nos han dicho. De hecho en la Universidad o el Instituto, si tenías algún motivo de causa mayor para ausentarte de un examen o no poder acudir, dicha convocatoria en vez de retrasarse, se adelantaba. Ya está existiendo un trato de favor al mover una fecha supuestamente inamovible, luego un medio de "justicia" es adelantar la fecha. Pero no. No, no, no, estas personas no van a gozar del privilegio de que una fecha inamovible sea alterada y además van a disponer de un día más para estudiar. Que sí, que yo por ejemplo no estoy estudiando, y es harto probable que un día más o un día menos me suponga lo mismo.  (Como bien denunciaba SATSE, que para algo bueno que hacen, hay que reconocérselo) ¿Pero qué hay de otra tanta gente que lleva preparando esto mucho tiempo o que va con el tiempo justo y que un día es determinante para hacer el 2º o 3º repaso? Resulta que estas tres personas de religión judía están disfrutando de un trato de favor por partida doble.

          Por último me gustaría hacer hincapié en uno de los comentarios que más se han repetido a la hora de oponerse a este trato de favor: en las profesiones sanitarias no existen los horarios de 8 a 15 de lunes a viernes. Bueno, sí, pero no es lo común. Enfermería se caracteriza por ser una profesión de 24/365(6), y es lo primero que aprendes cuando entras en los estudios. Se acabaron los sábados, se acabaron los domingos, se acabaron las noches son para dormir, se acabaron los festivos y los puentes. Somos por suerte o por desgracia un cuerpo de profesionales del cual depende el sistema para mantenerse funcionando (como los hosteleros, la prostitución y la policía). Me pregunto si estas personas que se han solicitado este trato de favor, si disponen de uno de esos trabajos de 8 a 15 y de lunes a viernes con festivos y puentes.

          En fin, que me produce un sentimiento de vergüenza y a la par un sentimiento de frustración este trato tan parcial que se ha dado a una minoría y que el motivo sea un motivo religioso. Yo personalmente he sido y a veces aun me considero cristiano, y desde que entré en Enfermería comprendí que lo de ir a misa todos los domingos iba a ser imposible, aunque no lo hacía, me preocupó... no mucho, pero ese pensamiento rondó mi mente durante unos segundos. En fin, que sólo espero que estas personas que se van a presentar con trato de favor a la oposición no obtengan una plaza, no por odio ni desearles ningún mal, sino porque va a ser una situación muy tensa, aunque bueno, siempre se podrá justificar por la divina providencia de Jehova... o de algún coleguita en la Consejería... A saber.

domingo, 17 de agosto de 2014

Vida y caos.

          De los sueños rotos nace la realidad y de los sueños que se cumplen, las pesadillas.¿Cómo se puede sobrevivir en un mundo en el que inevitablemente vas a acabar obteniendo un resultado no satisfactorio? Es mucho más fácil de lo que parece. La solución se basa en seguir intentando. Seguir soñando, imaginando, creando. Vivir en un plano ajeno a la realidad, una vía de escape que te mantenga vivo, un afán, un motivo, una ilusión, un sueño. Todos sabemos lo imposible que es huir de la muerte. Todos tememos a la muerte, y aun temiéndola, llega un punto en que la necesitamos. El sueño de la inmortalidad se convierte en una pesadilla, y lo efímero de la vida rompe tu sueño de armonía. Es una lucha constante entre la vida y la muerte, es la búsqueda del limbo, de esa perfección en la que todo y nada son lo mismo. Nada de lo que se aspira o sueña es o será. En nuestro afán controlador y de orden, se nos antoja perturbador que algo como que la teoría del caos impere, que absolutamente ninguna de nuestras predicciones o deseos sean exactamente como estimamos llegados al caso. Es esta lucha de nuestra mente, que necesita del orden para adaptarse, que el caos que nos rodea nos ponga en jaque, y nos haga a menudo darnos por vencidos, sumergiéndonos en la vorágine de la monotonía y la aburrida realidad, en ese mundo de adultos en el que soñar es perder el tiempo, porque sabes que el desenlace será igualmente decepcionante. La vida se basa en decepciones y todos conocemos el final de ese caos: la destrucción, la nada, la muerte. Y siendo conscientes de lo inexorable y del fatídico fin, hay quién se resigna, y alienado sigue la corriente de la muerte, concediendo su vida a ésta. ¿Por qué no disfrutar un poco? Goces o no, todo acaba; sabes que un libro o una película acabará, y aún así la ves. Vivir con sueños, e ilusiones, crear mundos, crear realidades, crear vidas, crear todo y crear la nada...
Quién sabe, quizás sea soñando la única manera de escapar y vencer a la muerte.

viernes, 15 de agosto de 2014

Ser paciente activo III.

          Nacemos en una cama, dormimos en una cama, hacemos el amor en una cama, convalecemos en una cama y morimos en una cama.
Esto es lo común, luego, aunque no es obligatorio, pero nos lleva a pensar que las cosas importantes suceden entorno a una cama... 

          Habiendo hecho uso de la neurona encargada de filosofar, continuaré con mi verborrea común. 

          Mi estancia en el hospital como ya se ha ido dejando claro, no ha sido para nada alegre ni me he llevado una buena impresión, ni nada de nada. Diría que he sacado muy pocas cosas buenas de toda la estancia. Ahora hablaré de un eterno tópico: "la comida de hospital". En España, si os digo la verdad, las comidas que probé, no estaban nada mal, ya veis, lo mio y los hospitales es preocupante. A las 8:30 llegaba el desayuno: porridge, weetabix, cereales o tostada. La tostada sin mermelada por lo común, asi que casi siempre me decantaba por los cereales. A las 10:00 un té o café con galletas o pastel. A las 12:00 la comida: sopa de primero (que más bien son purés) y de segundo... en fin. A las 14:30 el té o café con galletas o pastel, a las 17:00 la cena y a las 19:00 un té o café con galletas. Y hasta las 8:30 del día siguiente. Personalmente con la fiebre y el bajo estado de ánimo, comía más bien poco, pero teniendo en cuenta el poco apetito que tenía y que me venía comida constantemente, nunca tenía hambre. Bueno, a las 21:30 siempre empezaba a rabiar del hambre, pero ya no había nada. Las auxis y los médicos se empezaron a preocupar: que si comía poco, que si no comía nunca. Lo que yo les explicaba y ellos no entendían era que no me daba tiempo a tener hambre, y encima la comida que me traían no me gustaba. NADA. El menú se basaba en carne y pescado, lo cual no me entusiasma mucho. Comí pasta un día, lo recuerdo: lasaña de verduras fatalmente cocinada. Y yo acabé aceptando que no comería en condiciones hasta que me dieran el alta, de hecho se lo dije al personal. No voy a comer, no porque no quiera, sino porque no me gusta vuestra comida, lo que acostumbráis a comer en Reino Unido. Entonces me ofrecieron gelatina, y vi que era bueno, y me tomé gelatinas.

          Pasados unos días encontraron un bichito en mi hueso, que era sensible al flucloxacilina, pero decidieron que como ya había estado en tratamiento profiláctico con amoxicilina, no era necesario. A la semana tuve un pico de fiebre. Las heridas de la pierna se curaron un total de 2 veces en la estancia de dos semanas de hospital. El motivo es que nunca había una enfermera con el "training" para hacer curas, y claramente su objetivo era el de secar la herida y poner puta Manuka Honey de la cual estoy hasta los mismos. La usan como panacea, y creo que ni siquiera saben que existen otros apósitos, y pensé: Yo estudié por mi cuenta sobre curas, y me metí en el tema de apósitos, etc. y no estoy capacitado legalmente aquí para decidir qué tratamiento pongo en una herida, pero estos que lo están no saben utilizar ni una gasa. Una cosa que me llamó mucho la atención fue la perfecta técnica estéril, sí, estéril, que practicaban en mis heridas cerradas en costra. Impecable.

          Cuando cogí fuerzas llegó el equipo de fisio, y me empezaron a enseñar a manejarme con las muletas. Para gusto de ellos, demasiado rápido, puesto que empecé a bajar escalones de dos en dos y a utilizar una muleta para las distancias cortas. Al parecer les traía por el camino de la amargura. Fueron sin duda de todo este ingreso los que más contribuyeron a mi mejora. Sí, ni auxis, ni enfermeras, ni médicos, si a alguien tengo que ponerle la medalla es al equipo de fisios. Y desde el momento en que empecé a caminar, ya nada fue igual, podía darme paseos, podían venir a verme mis amigos y Mía (que gracias a ella pegué un buen acelerón en mi recuperación) cuando quisieran, porque podía salir de la unidad y santas pascuas. Así es, el horario de visitas en una planta está tan restringido que da miedo. Un total de tres horas separadas en bloques de hora y media. Y empecé a ser el paciente desaparecido. El personal me dejaba notas en la almohada para cuando volviera a dormir. Bueno, en realidad no, era una exageración. Al parecer a algunas personas del turno de noche no les hacía mucha gracia que a la una de la mañana yo andase dándome paseos por la planta. Una vez una enfermera cabreada me dijo que por qué no me iba a dormir, y le contesté que porque no tenía sueño. "¿Quieres un somnífero?", me dijo. "¿Quieres llevarte una hostia?" 
pensé. Pero al final opté por el diálogo, y dije que suelo trabajar de noches, y que me cuesta retomar un sueño "normal". Tampoco ayudaba mucho el box en el que me encontraba, porque yo no tenía habitación, ni compañero de habitación. Estaba en un box con 6 personas, la mayor parte desorientados. Se me ocurrió preguntar por las habitaciones que había privadas, a lo que me dijeron que estaban reservadas para casos de aislamiento, o de que fueras una mujer con un dedo roto que lee el HELLO! (¡Hola! de España). 
Teniendo en cuenta que la media de edad era de 60 años, no tenía mucha gente con la que conversar, y de hecho a veces me preguntaba quiénes eran ingresados. Si, sí, no sabía a menudo quiénes estaban ingresados. Aquí el concepto de pijama o batín, no existe. No los hay. Tú te traes ropita de tu casa y te manejas con eso. A mi ver está bastante mal, principalmente por motivos de higiene y control de la infección, lo cual les encanta. Protocolos de control de infección tan efectivos como dejarte las mismas sábanas durante tres días. Personalmente eso nunca lo he visto en un hospital. Las sábanas se cambian todos los días  en la mañana (por lo menos), lo recuerdo de mi primer año de estudiante. 

          En fin, que las dos semanas que me tiré en el hospital no fueron de placer. Probé a ser un buen paciente, probé a ser simpático, probé y probé su comida y no me gustaba, probé a entender la incompetencia de tantas y tantas enfermeras... probé y probé... Finalmente llegó un día la médico con el elenco de fisios, terapeutas ocupacionales, residente y la enfermera "consultant" de banda 7 (o 6). Esto fue a las 8 de la mañana, y pensé: "Ya me la he ganado, vienen a vengarse". Sin embargo, me sonrieron y me dijeron que me iba, que me daban el alta. Luego el alta no me la dieron hasta las 17:30, pero el caso es que me la dieron y era libre de irme. Bueno, no sin que antes el enfermero se cerciorase de que sabía autoaDMINISTRARME UN PUTO CLEXANE. Eso sí, quitando la burbujita de aire antes, que es muy peligrosa.
para los que creen que me lo estoy inventando (fuente vademecum), puesto que no es el primero al que oigo decir que hay que quitar la burbujita del clexane.

          Así que guardaos de las burbujitas, a no ser que sean en la bebida, un saludo desde la Costa del Nublado.
....
-¿Así, sin más? Esperaba una reflexión más profunda de los hospitales, de la atención, de...
-¿Ves que yo escriba para algo más que para complacer mi propio ego y escucharme a mi  mismo en OFF cuando releo lo que he escrito?
-...eh...
-De hecho tú suenas con la misma voz en mi mente, porque soy yo mismo. 
-Joder, esto es más chocante que el "Luke, yo soy tu padre".