Los guiris, británicos y demás gente europea, que no europeizada, bajan a latitudes más cercanas al ecuador en busca de birra, tabaco, y fiesta barata, aderezado con buen tiempo. Han llenado la llamada Costa del Sol... Mientras, nosotros mediterráneos, españolitos, enfermeras mayormente, vamos ocupando silenciosamente la llamada Costa del Nublado. Aun lo ignoran, pero aquí nos haremos fuertes y la acabaremos conquistando.


Bienvenid@s a mi blog de enfermero emigrante y mis aventuras en la Costa del Nublado.

viernes, 28 de abril de 2017

Sueño roto



Finalmente acabé por escribir lo que era el cierre del blog, pero me sabe mal hacerlo sin antes hablar de lo que ha sido mi vuelta. No es que vaya a ser una historia emocionante, ni voy a hablar de nada por lo que cualquiera de nosotros puede pasar. Bueno, en realidad, las anécdotas que he recopilado hasta el momento, le pueden pasar a cualquiera.

Cogí un vuelo tal que el 21 de mayo, muy seguro de dos cosas: no quiero volver a la Costa del Nublado a trabajar (aunque es bastante probable que tenga que hacerlo), y no quiero trabajar como enfermero asistencial a mi vuelta a España, al menos durante una larga temporada. Necesitaba tiempo para asimilar mi vuelta y reordenar mis prioridades.

Al día siguiente de llegar me fui de escapada a Mérida, muy bonica, por cierto. Y fue en el camino en coche que me llamaron por teléfono. Ese número ya me había llamado el viernes de la semana previa a volver. Como estaba tomando el café del descanso, y Mia me dijo: “dale al menos la oportunidad”; cogí el teléfono. Lo que para muchos es lo mejor del mundo, para mí era la pesadilla.

“Te llamo de La Bolsa, ¿estás trabajando?”

Yo dije que no estaba trabajando y que no estaba interesado en ello. Al parecer no están acostumbrados a este tipo de contestaciones, porque estuvo callada durante unos segundos. Interrumpió su silencio para preguntarme si ni siquiera quiero saber dónde sería el contrato. Y yo dije, bueno, el saber no ocupa lugar (algo con lo que, por cierto, no estoy de acuerdo, si esto fuera cierto las bibliotecas estarían vacías, y la wikipedia no pesaría teras) El contrato era una jornada reducida de 2 horas y mierda en la farmacia. Fue en este momento en que de no tener ni mi curiosidad, ahora tenía mi interés.

Dije que sí por dos motivos: me parecía interesante, no me consumía mucho tiempo, y además no había pacientes a los que matar. Lo sé, son tres. La entrada es mía y me la follo cuando quiero. Y así es como comenzó mi adicción a esnifar citostáticos y a beber chupitos de mitomicina.
Al poco tiempo, una conocida a la que eché una mano cuando vivió en Belfast, me pidió que cubriese una vacante en la residencia en la que su madre trabajaba, en la que estaban agobiadísimos porque faltaban un par de días y no había enfermera que lo cubriese. Acepté más por saldar la “deuda” que pudiera ella sentir hacia mi persona que otra cosa. Cuando acepté el trabajo dije a Mia: “si ves que el trabajo me hunde, dímelo y renuncio”. Aguanté trece días contados. La desorganización, las exigencias, y el que el turno de noche fuese el que terminaba todo lo que se arrastraba a lo largo del día, acabó con mi escasa tolerancia al estrés y tal que en 5 minutos se decidió. No volvía. Estaba harto del trabajo y si a ello le sumas que el turno de mañana se dedicaba a llamarte por teléfono para saber dónde habías dejado los clips... (dramatización).

Y así a mitad de Julio, era feliz de nuevo con mi jornadita o gilijornada, como ya se bautizó en el pasado. Y fue entonces cuando un antiguo conocido me llamó para decirme que necesitaban una enfermera en un psiquiátrico. Y dije que sí. Me hago gracia a mí mismo porque acabo haciendo siempre lo que digo que no haré. Y ahí me encontraba, después de haber dicho que no ejercería la enfermería asistencial, en especial ni viejos, ni locos (que para tratar locos, ya me tengo a mí mismo)... que somos dueños de nuestro silencio y esclavos de nuestras palabras. Putabida.

Acabó mi idilio en el psiquiátrico, cuando recapacité en cuanto a lo que estaba cobrando (unos 1200 en turno de noche), me enfadé mucho de nuevo con el sistema, con la Institución, y conmigo mismo. Por suerte, mi contrato se acabó y dijeron que me llamarían, y yo pensé que sería posible que no contestase.

Luego, como es típico en mí, la suerte me viene en rachas y de repente me encontré sin nada de nada. Y fue cuando por primera vez en mi vida cobré el paro. Y he de decir, me gusta vivir de él, me da tiempo para cuidar la casa, hacer el monguer, y preparar comidas para cuando Mia viene de trabajar. Soy un buen househusband. No el mejor, estoy seguro, pero tampoco malo.

Pero no voy a mentir si digo que he mantenido un nivel de vida característico de una persona que se encuentra en paro y sin muchas intenciones de trabajar. Tengo oficio, pero no demasiados beneficios. Me dedico a dar un par de clases particulares de inglés que junto con el paro, da para no vivir mal y poder cenar una vez a la semana fuera de casa y tomar un café casi todos los días en el bar.

Pero el ser humano es ambicioso, o yo lo soy, y decidí que era hora de vivir un poco mejor, de llevar el lema de puta no es la que es puta sino la que se prostituye... SOY UNA PUTAAAAAAAA. En fin, que como en la Costa del Nublado ya dije, si me van a joder, que sea bien pagao, y eso sólo sucede en la Costa del Nublado... Y así fue como comenzó mi rutina de cada cierto tiempo/par de meses acudo a ser un puto inmigrante que les roba el trabajo y se lleva el dinero, y esta vez es verdad de la buena.
No es el sueño de mi vida, pero es una manera de vivir, a fin de cuentas, cuántos hacemos lo que realmente nos gusta. Yo personalmente durante un par de meses mis niveles de felicidad son adecuados casi óptimos, algo que rara vez me había sucedido. Puedo dedicarme a mis aficiones, a escribir, a hacer bricolaje cutre, enseñar un poco de inglés... pero a cambio he de vender mi alma durante una quincena a la estructura sanitaria de Reino Unido.

Es por ello que tras un tiempo reflexionando de cómo ha sido mi experiencia al volver, he llegado a la conclusión de que soy el sueño roto de un emigrante retornado. Todos somos el sueño roto de nosotros mismos. Ahí va una reflexión profunda para cerrar la etapa de este blog.

PD: 5 años tiene ya esta postal "retocada" que le dí a mi jefe de personal al despedirme. De ahí viene ;)


Con amor, desde la Costa del Nublado. Cambio y corto.

viernes, 21 de abril de 2017

Despedida



Han sido un par de veces las que he intentado escribir esta entrada, y no voy a mentir en dar las dos principales razones por las cuales ha tardado tanto (unos 11 meses). Las razones son: vaguería y esa animadversión que siento por la clausura. Desde bastante joven le he tenido miedo a los finales: desatan emociones, remueven por dentro, y una vez que se ha completado, dejan un vacío interno, un desasosiego que me embarga y me deja en una abulia infernal. (Toma ya)

Lejos queda el día en que cogí aquél avión de Iberia, y lejos queda la niñata que se propuso luchar contra el sistema de descuidado. Queda lejos porque lo mataron las noches, el dinero, los años y algún que otro accidente. He compartido en este blog aspectos de mi vida, de mi día a día, de la Enfermería, tanto de lo que pienso que debiera ser o es, como de lo que es la costa del Nublado. Me he abierto en cierto modo, y me reaventuré a escribir, algo que dejé de hacer cuando estaba en la carrera, puesto que “debía” sacar buenas notas, y dejar mi vida de lado.

Me fui de Irlanda del Norte, de mi entrañable zona orangista, tal que un día 21, como el que llegué a Irlanda del Norte. Pero esta vez con más mundo, y conociendo un poco más en profundidad este lugar. Me voy desilusionado con la profesión, me voy desilusionado conmigo mismo, puesto que he acabado haciendo cosas que no quería o que no pensaba que haría. Me voy tras decorar y cuidar una casa que consideraba hogar, y que me llevó cerca de una semana hacer la selección de lo que iba a la basura, qué se quedaba con amigos, y de dónde guardar las lágrimas o de cómo llenar el vacío de una casa llena de cajas cerradas. Me despedí de aquéllas cosas que me trajeron innumerables quebraderos de cabeza, y me despedí del gay bar, que fue mi segunda casa durante esta estancia de años.

Cuando llegué, traía conmigo una maleta de mano, y un saco-maleta de 20 kilos. Esta vez vuelvo con una mochila, una maleta de mano, el saco y otra maleta más. Y así me dirigí a Dublín, al aeropuerto. Intenté aprovechar hasta el último de mis minutos con las personas que habían sido, para mí, familia. Y aun llevando tanto peso como llevaba, era más el pesar interno.

Y me monté en el avión, esta vez de Aer Lingus. Ya no llevaba en mi cabeza mil ilusiones y un futuro brillante, había aprendido la lección de que muchos sueños; hacen que te duermas, aparte del problema que puede suponer que un sueño se cumpla. En esta ocasión me conformaba con volver, volver a CASA, volver con quien considero que es mi familia de verdad, con quien de verdad quiero ver mi vida pasar. El trabajo es algo secundario: me fui con la idea de que no va a llover el dinero del cielo, así como que depender de la suerte es un riesgo muy alto, y con la idea en la mente de no ejercer como enfermera asistencial, ni lo valgo, ni lo merecen otros. El camino que se me presentaba estaba cubierto de una densa niebla, como los amaneceres en primavera en la Costa del Nublado, pero si algo he conseguido después de estos tres años y medio que he sobrevivido como emigrante ha sido tener menos miedo a la incertidumbre, lo que venga, vendrá y lo importante es saber afrontarlo.

Sin más, me despido, publicaré antes un epílogo sobre lo que le pasa a un puto enfermero emigrante retornado.  Bueno, no estoy seguro de ello, me doy una semana.
Gracias a todos aquéllos que me han leído, que han tenido la paciencia, y que hasta en cierto modo os haya gustado este blog. Gracias en especial a La Sis, a los que publicasteis comentarios, y cómo no, a Mia.