Los guiris, británicos y demás gente europea, que no europeizada, bajan a latitudes más cercanas al ecuador en busca de birra, tabaco, y fiesta barata, aderezado con buen tiempo. Han llenado la llamada Costa del Sol... Mientras, nosotros mediterráneos, españolitos, enfermeras mayormente, vamos ocupando silenciosamente la llamada Costa del Nublado. Aun lo ignoran, pero aquí nos haremos fuertes y la acabaremos conquistando.


Bienvenid@s a mi blog de enfermero emigrante y mis aventuras en la Costa del Nublado.

sábado, 18 de abril de 2015

Mentores

          Hace poco me quité la L de mi chapita de enfermero. Sí, he tardado en quitármela, hay quien incluso me decía que me lo quitase ya de una vez de la descripción... pero no sé, podría decirse que hasta le había cogido cariño y todo.
Si algo me gustaba de mi etapa de novato fueron los mentores. Tuve a una persona para cada cosa: en la Resi tuve a Juanito, en el Departamento de Enfermería a Cuesta, y en fin, que como tampoco volé mucho por el mundo laboral de España, sólo tuve esas personas. Digamos que eran personas que de forma voluntaria, o no tanto, decidieron, o no, enseñarme los intríngulis de la profesión y de la disciplina. Ambos sin conocerse, coincidían en lo mucho que prometía, y en fin, hay promesas que se escriben en la arena de la playa, y ese soy yo: ¡un proyecto fallido! Pero no lloro, ni me preocupo mucho, puede que algún día me decida a intentar prometer algo, por ahora me conformo con no matar a nadie en un turno y matar sin que nadie se entere a alguna compañera de aquí.

           Pero estábamos hablando de mentores. Digamos que son personas que nos guían, que saben mucho o tienen los recursos. Ven en nosotros algo o simplemente nos cogen cariño. O en ocasiones les mandan que lo sean, eso es muy típico aquí con los programas de "shadowing". Juanito me enseñó a valorar necesidades con un vistazo al entrar en una habitación, Cuesta temas de investigación, a definir y limitar el marco de nuestra disciplina, y a cómo la sinergia es el secreto del éxito de un proyecto, todo eso y a cómo organizar una agenda. Bueno... digamos que nunca he sido un alumno aventajado, y sigo siendo un desastre indisciplinado. En definitiva, eran dos personas que emitían la figura de maestría. No se consideran a sí mismos como tal, y la verdad, no son los gurús en su tema, pero tampoco son unos humildes principiantes.

          Durante estos dos años y algo que ya llevo aquí me paré a pensar y me dije... copón, comienzas tú a ejercer en ocasiones la figura de mentor... lo único que ni de coña el tipo de mentor de estos dos míos, para nada. Ellos son el pato consejero verde, y yo el rojo. Soy una degeneración, algo así como un Darth Vader, que yo no quería matarle, pero estaba cortando jamón, me resbalé y le clavé el cuchillo... y así 17 veces. Pero en realidad lo que me sorprendió fue que no encontraba ese mentor en mi vida en aqueste país. Y así, pensando y pensando no lo encontraba. A ver, a Sister, no la Sis, Sister, la Sister de la Cloaca, la tengo mucho aprecio, pero no...
Y fue al principio de esta semana mientras estaba con el Ingeniero, la Italiana, otra italiana que no cuenta como para introducirla en la historia, la Sis y yo tomando una pinta en Belfast porque a mí me habían cancelado el turno de esa noche. Como ya alguna vez he contado, el trabajo de agencia es así de puto... un día estás trabajando, y en dos horas resulta que ya no trabajas. Y en fin, así me sucedió. Pues encontrándome yo con la pinta en mi mano, que ni siquiera la había comenzado, recibí una llamada de una enfermera de la Mula, para ver si podía cubrir un turno en otra resi, que pertenece al mismo dueño, pero que no es la misma resi... me habéis entendido, que estoy aquí escribiendo de noche. La enfermera era la única Pili a la cual no he oidiado. Y fue en ese momento en que descubrí quién había sido mi mentor o esa persona a la que yo elegí seguir: la única Pili que no odio.
La única Pili que no odio, y que además aprecio mogollón, no era ninguna experta en nada, era una enfermera rasa, sin haberse interesado en subir en el escalafón, sin haberse interesado en la formación avanzada, ni nada. Ella me enseñó a vandearme en este sistema, a no confiar en las enfermeras. Ella me facilitó la hostia que me llevé al encontrarme con este nuevo sistema. Digamos que aunque me iba a dar la hostia, tuvo la delicadeza de colocarse un guante de algodón, por eso de la fricción del piel con piel que acaba dejando quemaduras.

          Y eso... en fin, que la entrada no era gran cosa, otras personas escriben menos, peor, y más vacío y lo leéis aún así, asi que si queréis quejaros podéis encontrar el buzón de quejas y sugerencias en vuestra papelera. Si algo echo de menos en este sitio es la falta de líderes, buenos o malos, o que su intención no sea meramente llevar una chapa en el que figure un título superior al de Staff Nurse, y creedme, rondo por muchos sitios, y no los encuentro. Si eres novato... sólo decir que veas a una enfermera que te guste (no porque esté buena ni nada, sino profesionalmente) y sigas un poco sus pasos y la imites, e intentes mejorar aquéllos aspectos que crees que le falta. Si incluso os atrevéis, decídselo: es un subidón de orgullo y a la par te hace preocuparte más por cómo trabajas; el hecho de saber que eres observado y que alguien te admira, te hace cuidar más tu labor. Si no, pues nada sólo seguidles.

Desde la Costa del Nublado dando vueltas intentando morderme la cola.

miércoles, 8 de abril de 2015

Estabilidad laboral

          En ocasiones pienso que la estabilidad está sobrevalorada. Por ejemplo, mi vida debido a circunstancias laborales y en cierto modo vitales, no tengo apenas cosas estables. Me baso un poco en el día a día. Llevo, por ejemplo, ya más de dos años haciendo turnos regularmente en la Cloaca, es casi mi puesto de trabajo fijo. He conseguido contra todo pronóstico sobrevivir en ese lugar, un ambiente bastante hostil en el que los puñales no sólo vuelan, sino que llueven en ocasiones... puedes incluso llegar a caminar sobre un suelo cubierto de cristales rotos... Las criaturas, algunos monstruos, se han acostumbrado a mí, incluso creo que alguno de esos horribles seres me han tomado cariño... pero no quiero hablar sobre la fama que tengo en la Cloaca, quiero ir un poco más lejos.

          Cada vez que vuelvo a la Cloaca, después de un tiempo perdido en otros mundos, me siento afortunado. Sé qué es lo que hay, qué es lo que espero, qué es lo que no espero: sé. Y eso hace que me relaje, suba las piernas y respire tranquilo, incluso dé cabezadas. Sin embargo mi actitud cambia rápidamente. No me refiero a lo de la tranquilidad, sino a mi sentimiento de fortuna, alegría. Pronto me aburro, me vuelvo irascible y más borde de lo que suelo ser: sarcástico en vez de irónico. Podría decirse que lo que tengo con la Cloaca es algo como una relación tóxica, un contigo pero sin tí. Vuelvo constantemente por el miedo a la incertidumbre.

          A las personas como a mí, a las que nos han inculcado fuertemente el sentido de la responsabilidad, nos obsesionamos con la estabilidad, pero en todos los aspectos, llegando a niveles neuróticos. Yo, que soy mi propio loquero,

algo que recomiendo a la mayor parte de la población, procuro optar por lo contrario: lo disperso, lo inestable, lo efímero; pero cuando el subconsciente toma las riendas, me encuentro repartiendo equitativamente la mantequilla y la mermelada en una tostada, o agarrándome a un clavo ardiendo, sin que debajo haya un abismo, sino que se encuentre el suelo en contacto con mis pies.

          Dicen o nos enseñan que lo ideal es un equilibrio dinámico. Pues eso es complicado, más de lo que pensamos. Por desgracia soy a menudo una persona de extremos. Pero estoy profundizando mucho en mí mismo. El caso es que cuando hago pequeños cambios a menudo, como el rotar por varias residencias, me siento más contento, más dispuesto, más animado, incluso más cordial.
Tengo muy pocas cosas estables en mi vida, como ya he dicho, y quizá mi trabajo no debiera ser una de ellas. La sabiduría popular y los libros me han enseñado que cuanto menos cosas tienes, más libre eres, y más feliz por tanto. Debo seguir trabajando esto, y darle un poco de forma, aunque ahora mismo parezca muy seguro de lo que digo... esto cambia rápidamente. Quizá quitar el miedo a la incertidumbre sea la incógnita (valga la redundancia) a despejar de la ecuación para ser un poco más feliz. (Eso o que ya estoy hasta las gónadas de La Bloody Costa del Nublado).

          Hace un año pensaba en dejar de lado la Cloaca, hoy me encuentro pensando si es lo que me ha estado dando tan mala suerte, llenando todo de mierda. Como una antítesis de un amuleto. ¿Será el momento?

Con amor y sueño desde la Costa del Nublado.

miércoles, 1 de abril de 2015

Viajes de ida y vuelta

          Cuando te acostumbras a despedirte... no sé es como si ya te aburrieras de ello: lo trivializas. Sin embargo cada vez que te despides es crucial, determinante, irrepetible. Personalmente reservo el "adiós", procuro no usarlo; se me antoja a mal fario. Si no me equivoco es como lo consideran los franceses... adiós para una despedida permanente o llena de incertidumbre, demasiada. Tanto que no llegas a vislumbrar el momento en que la separación se acabe.
Es por ello que soy más de "hasta pronto", "nos vemos", o "hasta luego"; un "au revoir" en toda regla. Es más, cuando cogí aquél avión de Iberia que me llevaba a la Costa del Nublado por primera vez, aun sin tener certeza de cuánto me llevaría volver a esta España mía, esta España nuestra, como diría Cecilia

 (sí, canción de la época de nuestros padres, o incluso abuelos); aún sin la certeza de si esa España que dejé seguiría siendo mía... No me despedí con un "adiós", no... fue un "hasta luego, nos vemos".

          Ha pasado ya una temporada desde aquél avión que cogí, que sólo era de ida, y después: muchos billetes de ida/vuelta sucedieron... ni los he contado, pero, ¡son tantos! Sigo sin tener una fecha definitiva, un billete que solo ponga vuelta. Pondrá ida, pero eso a mí me da igual, así como cuando dicen que tengo la cabeza ida. Tantos y tantos viajes que como dije previamente, te acostumbras. Pero en el fondo no. Aun que tengas una vuelta o una fecha aproximada o definida en la que vuelves a reencontrarte... Nunca, nunca, nunca es absolutamente cierto hasta que sucede. La incertidumbre es tan cierta que no puede ser rebatida. Si intentas rebatirla, vas a perder irremediablemente, así como ante la Muerte; posiblemente debieran ser sinónimos: "Muerte" e "Incertidumbre".

          Cuando tuve mi accidente en unos 5 días o así iba a coger un vuelo e iba a reencontrarme con todas aquéllas personas a las que aprecio y los lugares en los que mejor me siento. Despedirse es algo irremediable y constante, es por ello que he decidido, en adelante, despedirme como si de un "adiós" se tratara, pero con un fuerte deseo y las palabras de un "hasta luego".