Los guiris, británicos y demás gente europea, que no europeizada, bajan a latitudes más cercanas al ecuador en busca de birra, tabaco, y fiesta barata, aderezado con buen tiempo. Han llenado la llamada Costa del Sol... Mientras, nosotros mediterráneos, españolitos, enfermeras mayormente, vamos ocupando silenciosamente la llamada Costa del Nublado. Aun lo ignoran, pero aquí nos haremos fuertes y la acabaremos conquistando.


Bienvenid@s a mi blog de enfermero emigrante y mis aventuras en la Costa del Nublado.

miércoles, 8 de abril de 2015

Estabilidad laboral

          En ocasiones pienso que la estabilidad está sobrevalorada. Por ejemplo, mi vida debido a circunstancias laborales y en cierto modo vitales, no tengo apenas cosas estables. Me baso un poco en el día a día. Llevo, por ejemplo, ya más de dos años haciendo turnos regularmente en la Cloaca, es casi mi puesto de trabajo fijo. He conseguido contra todo pronóstico sobrevivir en ese lugar, un ambiente bastante hostil en el que los puñales no sólo vuelan, sino que llueven en ocasiones... puedes incluso llegar a caminar sobre un suelo cubierto de cristales rotos... Las criaturas, algunos monstruos, se han acostumbrado a mí, incluso creo que alguno de esos horribles seres me han tomado cariño... pero no quiero hablar sobre la fama que tengo en la Cloaca, quiero ir un poco más lejos.

          Cada vez que vuelvo a la Cloaca, después de un tiempo perdido en otros mundos, me siento afortunado. Sé qué es lo que hay, qué es lo que espero, qué es lo que no espero: sé. Y eso hace que me relaje, suba las piernas y respire tranquilo, incluso dé cabezadas. Sin embargo mi actitud cambia rápidamente. No me refiero a lo de la tranquilidad, sino a mi sentimiento de fortuna, alegría. Pronto me aburro, me vuelvo irascible y más borde de lo que suelo ser: sarcástico en vez de irónico. Podría decirse que lo que tengo con la Cloaca es algo como una relación tóxica, un contigo pero sin tí. Vuelvo constantemente por el miedo a la incertidumbre.

          A las personas como a mí, a las que nos han inculcado fuertemente el sentido de la responsabilidad, nos obsesionamos con la estabilidad, pero en todos los aspectos, llegando a niveles neuróticos. Yo, que soy mi propio loquero,

algo que recomiendo a la mayor parte de la población, procuro optar por lo contrario: lo disperso, lo inestable, lo efímero; pero cuando el subconsciente toma las riendas, me encuentro repartiendo equitativamente la mantequilla y la mermelada en una tostada, o agarrándome a un clavo ardiendo, sin que debajo haya un abismo, sino que se encuentre el suelo en contacto con mis pies.

          Dicen o nos enseñan que lo ideal es un equilibrio dinámico. Pues eso es complicado, más de lo que pensamos. Por desgracia soy a menudo una persona de extremos. Pero estoy profundizando mucho en mí mismo. El caso es que cuando hago pequeños cambios a menudo, como el rotar por varias residencias, me siento más contento, más dispuesto, más animado, incluso más cordial.
Tengo muy pocas cosas estables en mi vida, como ya he dicho, y quizá mi trabajo no debiera ser una de ellas. La sabiduría popular y los libros me han enseñado que cuanto menos cosas tienes, más libre eres, y más feliz por tanto. Debo seguir trabajando esto, y darle un poco de forma, aunque ahora mismo parezca muy seguro de lo que digo... esto cambia rápidamente. Quizá quitar el miedo a la incertidumbre sea la incógnita (valga la redundancia) a despejar de la ecuación para ser un poco más feliz. (Eso o que ya estoy hasta las gónadas de La Bloody Costa del Nublado).

          Hace un año pensaba en dejar de lado la Cloaca, hoy me encuentro pensando si es lo que me ha estado dando tan mala suerte, llenando todo de mierda. Como una antítesis de un amuleto. ¿Será el momento?

Con amor y sueño desde la Costa del Nublado.

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