Los guiris, británicos y demás gente europea, que no europeizada, bajan a latitudes más cercanas al ecuador en busca de birra, tabaco, y fiesta barata, aderezado con buen tiempo. Han llenado la llamada Costa del Sol... Mientras, nosotros mediterráneos, españolitos, enfermeras mayormente, vamos ocupando silenciosamente la llamada Costa del Nublado. Aun lo ignoran, pero aquí nos haremos fuertes y la acabaremos conquistando.


Bienvenid@s a mi blog de enfermero emigrante y mis aventuras en la Costa del Nublado.

sábado, 25 de octubre de 2014

No somos Seres Humanos, somos Enfermería.

          Con una intención nada rencorosa ni de intenciones revanchistas, procedo a hablar sobre una noticia que ha comenzado a presentarse en la prensa de este rincón del mundo llamada: La Costa del Nublado. En ella no voy a incluir a los médicos, ya no sólo por el revuelo que se ha venido dando durante esta semana en España porque en la foto por la cual se daba finalizada la crisis del ébola (así como una vez Bush dio por finalizada la guerra en Irak y seguió causando numerosas bajas entre los soldados, e innumerables muertes colaterales, como políticamente se dice) sólo aparecían médicos, dejando de lado a otros miembros muy importantes del entorno de la persona a la que se trata. Y bien dando por finalizada la crisis del ébola y despreocupándonos por las numerosas muertes que sigue acumulando el ébola en África, vamos a hablar sobre algo más vano, y procederé a mirarme el ombligo, que siempre es más fácil.

http://www.dailystar.co.uk/news/latest-news/406194/NHS-staff-ban-hot-drinks
http://www.leicestermercury.co.uk/Hospital-drinks-ban-row-clinic-staff-allowed/story-23349751-detail/story.html

          Según algunos medios de comunicación se ha prohibido a las enfermeras tomar té, o café, o refrescos durante el periodo de trabajo en una zona pública, o sea, que te estén viendo. Todo esto se debe a una cuestión de imagen, puesto por lo que aseguran las directivas, hace ver que las enfermeras son unas vagas que se están tocando el higo todo el día. (Véanse arriba dos links en los que aparece la noticia, que se ha de distinguir cuando me las invento) La imagen que ofrecemos es importante, mas yo diría que no la más, es influyente a la hora del primer contacto, pero con límites. El cuidar en exceso la presencia, lo único que denota es una sociedad prejuiciosa. Todos estamos de acuerdo en que llevar unas uñas postizas, ir hasta arriba de maquillaje, o llevar un bronceado de spray y que se vaya corriendo a medida que te lavas las manos, o más preocupante, que no se vaya; son medidas orientadas a la higiene, que sí de algún modo influyen en la presencia e imagen, pero no es el principal fin.
Aquí de lo que se está hablando es de la mala impresión que damos por tomar un café, un té, o una cola-loca.

          Desde hace tiempo siempre se nos ha planteado que no está bien comer en el control, que para eso existe un estar, pero yo esto también lo veo por motivos de higiene, si me hubieran puesto como excusa que el estar tomándome un café en el control es antihigiénico, en ese caso me leería los motivos e incluso les daría la razón. (Un momento, que con tanto hablar de café y té me he acordado de algo)
Bien, mientras me tomo un té, prosigo: ¿quién no bebe? Es más, se nos recuerda constantemente que debemos mantenernos hidratados, y si estás de noche y no eres un noctámbulo, pero por profesión trabajas noches, como nosotras enfermeras, deberás tomar un algo que te mantenga despierto, y misteriosamente el agua no dispone de muchos neuroexcitantes...
Pongamos el supuesto por el que se contempla la posibilidad de estar dando la impresión de estar vagueando durante el horario de trabajo. Pues bien, según también llegué a leer, se barajaba la posibilidad de no hacerlo tampoco en la cafetería pública del hospital, puesto que da mala presencia. Manda huevos la cosa... o sea, ya ni siquiera durante el tiempo de descanso, sin lugar a dudas esto comienza a tomar el cariz de no te pago la hora de descanso durante el turno porque estás descansando, luego no trabajando, pero no puedes ausentarte del edificio, ni de la unidad, ni del control (hecho real), y es más si te encuentran con siquiera los pies en alto (que no durmiendo), sin que el público te pueda ver, durante tu descanso , es motivo de sanción o incluso despido (caso real).

          Pero... ¿qué hay de otras profesiones? Nadie señala con el dedo a un obrero que se está tomando su carajillo café en la obra para mantenerse caliente, ningún jefe mira mal a la oficinista/recepcionista que tiene el café sobre el escritorio. Obviamente no mientras no estén tratando directamente con un cliente, visto de un modo extrapolado: que vayas a pasar ronda con una taza en la mano, o que vayas a hacer un sondaje con una lata en la batea.
Esto me lleva a pensar algo: las enfermeras no son de la raza humana. Las enfermeras no necesitan descansar, aunque estudios demuestren que en una jornada de noche de doce horas sería recomendable una siesta (no os pongo el enlace pero lo leí hace bastante en una revista) y que las instituciones deberían facilitarla; es por ello que si ponen los pies en alto sea un motivo de sanción. Las enfermeras no necesitan comer, es por ello que no hay personal suficiente para cubrir que a la hora de la comida, una vaya a comer. La enfermera no necesita eliminar, se nos dotó de una vejiga con capacidad extra, y se nos enseñó a poner catéteres urinarios para eso. La enfermera debe llevar siempre una sonrisa, no puede tener un mal día o estar triste. La enfermera no necesita beber, como Teresa Romero no necesita el oxígeno, que como ella pertenece al campo de la profesión sabe de lo que estoy hablando.

Es más, qué coño, ¡las enfermeras sabemos todo lo que las personas necesitan porque nosotros no lo necesitamos!

          Somos una especie que no tiene necesidades, una especie que está protegida por un mundo en el que nuestro trabajo "no falta". Somos una especie con súperpoderes y dones exclusivos que somos infravalorados.

          Como ya en los artículos mencionaban, mucha gente me ha dicho: "tómate un descanso y un cafecillo, que no te he visto parar", pero nunca nadie me ha echado una mala mirada por estar sentado o de pie bebiéndome un refresco.
Pero claro esto lo dice alguien, un profesional de la buena presencia, que mientras está dando el cambio de turno tiene un té al lado en esta taza:


Con amor y bajo la ley seca de la Costa del Nublado.

PD: como podéis ver lo de mirarme el ombligo hoy lo he dicho en serio.

lunes, 20 de octubre de 2014

¿Quién quiere un hijo?

          Leí esta semana pasada algo que me alarmó mucho, muchísimo. Dos grandes compañías, del nivel de Facebook y Apple habían decidido ofrecer la oportunidad de congelar óvulos a las mujeres de su empresa que así lo decidieran, para de este modo, retrasar su embarazo/maternidad y que éste no supusiera una traba al desarrollo de la carrera profesional de la potencial madre. 


          Este hecho me hizo pensar en aquéllo que estudiábamos en la carrera, y que de hecho apareció en la OPE: la bioética. Como todos sabemos en todo dilema bioético se contemplan cuatro campos: beneficencia, no maleficencia, justicia y autonomía. Debido a mis valores morales y éticos, el tema de la fecundación in vitro y demás la considero innecesaria, puesto que entra claramente en conflicto con el concepto de la justicia. Me parece tremendísimamente injusto que mientras existen miles de pequeños huérfanos o no deseados, por "necesidad" de una pareja de tener un hijo "propio", se realice un gasto altísimo, mientras éstos otros pueden estar condenados a la miseria o a nunca ser queridos por unos padres. Del mismo modo que considero que padres no tienen que ser de sangre, y muestra de ello se pueden encontrar día a día, como por ejemplo Clark Kent. Me parece una manifestación de egoísmo, pero claro está, es mi opinión, nunca he señalado con el dedo a personas que han seguido este otro camino, sería como señalar con el dedo a los vegetarianos... bueno, ya se señalan ellos solos... como señalar a los que tienen mejor cuerpo que yo. Es una putada, pero hay que aceptar a los deformes:



          Dejando de lado el dilema bioético sobre la fecundación in vitro y demás, vamos a tocar el tema ético desde el punto de vista social. Sé que esto está íntimamente ligado con la bioética, algo que nos toca muy de cerca a la la Enfermería, pero sinceramente, nuestra profesión tiene así mismo una importante vertiente social, y por lo que debería alarmarnos más: está formado mayoritariamente por mujeres. 
¿Cómo os quedaríais vosotras si os viene la Directora de Enfermería y os dice: "¿no crees que es un muy mal momento para quedarte embarazada teniendo en cuenta tu situación laboral y tu carrera profesional?"?  Antes de que (no) me contestéis, cómo me quedaría yo si mi Jefa me viene y me dijera que si no considero un mal momento teniendo en cuenta mi situación laboral y momento de carrera profesional el tener un hijo, sería la siguiente: "¿Y a tí qué?" Y es posible que muchas personas contestasen lo mismo... pero el problema es que esa pregunta no me la hacen a mí. A mí no me ofrecerían congelar mis "gusanitos", no me ofrecerían el "hazte una paja gratis, y casi que sin ganas y deje el bote con su esperma sobre el mostrador", no, y el motivo es porque soy hombre. Puede que quede un poco raro que yo, plantee esta situación, pero posiblemente el hecho de haberme criado entre mujeres, estudiado entre mujeres, estudiar Enfermería, y currar entre mujeres, me haya dado esta perspectiva. 
He visto como algunas personas acogían la medida con muy buenos ojos, estando muy de acuerdo, y en el peor de los casos: siendo mujeres. No me gustaría extenderme mucho, por eso que quiero ir cerrando esto: me parece un insulto a la Bioética que dichas compañías utilicen algo sobre lo que existe dilema bioético para favorecer unas medidas sociales envueltas de incertidumbre sobre la beneficencia de su fin. Personalmente opino que sería mejor facilitar un desarrollo de la carrera de cualquier mujer independientemente del estado de desarrollo en el que se encuentre, sin tener que hacer un uso injusto de recursos que debieran ser utilizados en muy contadas situaciones, ya que esto me parece una acción en contra de todas las leyes de la ética, independientemente si es bio o social.

Acepto críticas, pero no pedradas, esas a Pícara, mi moto, que casi le da igual.
Con amor in vitro desde la Costa del Nublado.

domingo, 19 de octubre de 2014

Vauxhall

          Vauxhall es una marca de coches, ampliamente conocida, en toda Europa la conocen, en serio, incluso en España. Vauxhall es el nombre que tiene aquí, en UK e Irlanda, Opel. A mí los Opel no me gustan nada, les tengo manía, así como a las OPEs. Y así es como comienzo mi entrada sobre la OPE que se celebró el día 4 de este mes.

          Han corrido ríos de tinta sobre lo que fue la OPE, el examen, presuntas irregularidades, impugnación de hasta las instrucciones del examen... etc. Pues qué decir, que a mi plin. Sinceramente. Yo he sido de esas personas que no estudiaron para este examen, no por ello iba yo a no presentarme: 40 y pico euracos por la mierda del examen me parece un motivo bastante como para presentarme. He estado leyendo mucha gente, sobre todo al respecto del las preguntas, que si la fenomenología hermenéutica, que si el Box Plot... Yo no voy a negar que este examen ha sido demasiado... yo diría centrado en legislación e investigación. Ya desde hacía bastante se venía diciendo que este examen iba a estar más orientado a que las personas que hubieran salido hace poco, tuvieran más posibilidades. Y tanto. En mis tiempos no se daba investigación, sin embargo ahora es una materia troncal. He leído por muchos sitios que si no nos han preguntado sobre "lo nuestro". Y yo me pregunto: ¿qué es lo nuestro? La legislación nos toca, investigación nos toca, la única pega que le pongo al examen es que pusieron poco de fundamentos de la Enfermería, sí, lo de las Frígidas y tal y más Taxonomía.
Pero ya me puedo imaginar lo que hubiera sucedido: que la gente se hubiera quejado de que el examen era demasiado teórico, ¿y qué hay de la práctica?

Sinceramente, me aburre, me aburre muchísimo todo esto de la gente cagándose en todo lo cagable porque un examen no es a su gusto, lo único que denota es la escasa madurez de muchos de los opositores.

Nunca se me pudo haber pasado por la cabeza que yo fuera a conseguir una placita, seamos francos... Por varios motivos: sé que hay gente que lleva preparando esto de un modo u otro desde el 2009, hay gente que ha invertido mucho tiempo en estudiar, hay gente que sólo se dedica a estudiar, sí, los que yo llamo "Opositantes", desde que se convocó tuve claro que iba a ser una de las más difíciles, puesto que lo último que quieren hacer es contratar gente, y un largo etc.

En fin, qué decir, que no tenía muchas ganas de currarme la entrada, sólo quería dar mi opinión acerca de lo que creo que ha sido un examen difícil, aunque justo; y expresar mi idea de que creo que parte de las plazas ya están sorteadas, por muy mal que suene.

Hala, acabo porque no tengo ganas de escribir más. Fin

Con amor, desde el sillón de mi casa en la Costa del Nublado.

viernes, 10 de octubre de 2014

Malditas Zorras


            ¡Buenos días!
Ha pasado un tiempo desde que no escribo, no por nada en particular, o bueno, sí. Tengo mis motivos, aparte de requerimientos legales, requerimientos de salud, requerimientos académicos, requerimientos profesionales, requerimientos familiares y personales, y requerimientos, de lo que me re quiero y miento (todo lo anteriormente citado), he estado con la cabeza tremendamente ocupada. No, no es por la OPE, qué va, soy de los que no ha estudiado, y no me enfadaré si suspendo, o si no saco plazjajajajajajaajajaja. Tengo unos pensamientos muy variados, que si me dejan en esta semana dichos requerimientos, intentaré comentar antes de que se haya celebrado la OPE. Pero pasando del tema este de la OPE, voy a hablar de otras cosas, como siempre.

            A petición de alguien que me lee, voy a hacer esta entrada, que dedico tanto a ella, como a esas enfermeritas en prácticas, gérmen del porvenir del aúreo futuro de la disciplina enfermera… vamos, estudiantes que pringáis en las plantas de los hospitales y en las consultas de los centros de salud. Pero sobre todo, sobre todo, sobre todo… a esas Malditas Zorras. (Inciso: “zorra: 1. canis vulpes del género femenino 2. raposa, véase punto 1. 3. dícese de la mujer astuta y con malas intenciones 4. Si follas con una zorra es zoofilia, puta es un término coloquial para prostituta, mujer que ejerce el trabajo de la prostitución, o sea, ofrecer sexo/alivio a cambio de dinero u otros bienes.” No está sacado de la RAE, lo he sacado de mi cabeza y mis opiniones, la RAE no se hace responsable.) Malditas Zorras, no tienen otro nombre, aun no me he cruzado con un enfermero Maldito Zorro, más que nada porque los hombres suelen carecer de la astucia. Posiblemente Maldito Joputa estaría bien, he de pensarlo. A lo largo de mis prácticas toda la promoción tenía que lidiar con la Maldita Zorra particular, por lo común era sólo un rotatorio, aunque los había con mala suerte y se cruzaron con malas zorras en más de un rotatorio. Yo, no voy a ser menos que mis compis, y desde aquí digo que sí, yo tuve mi Maldita Zorra particular, en mi primer rotatorio de prácticas, cuando fui a parar a Gastroenterología. Recuerdo su nombre, recuerdo su cara, recuerdo hasta el nombre de una sobrina que tenía que a día de hoy será enfermera, y recuerdo hasta el código del tono de tinte para el pelo que utilizaba… esa Maldita Zorra.

            En primero, en mis tiempos de Diplomatura, en que todo era bonito, las Escuelas de Enfermería eran dirigidas por un Director de Enfermería, y no por un subdirector de Enfermería, dependiente de un Director Médico, que se gracias a la crisis económica y Bolonia, ahora nuestra amada “Facultad” no es más que una sede de la Facultad de Ciencias de la Salud, pero bueno, esto no son todas las Facultades de Enfermería. Pues en primero íbamos por primera vez a hacer prácticas a los hospitales, protoenfermeras con mucha ilusión y más verdes que las flemas de uno con infección pulmonar. Por regla general llegas con mucha ilusión, para darlo todo, para poner en práctica todo eso que has aprendido en anatomía, fisiología, bioquímica… espera, nada de eso lo aplicábamos; bueno, que gracias a las Frígidas tenemos Fundamentos de la Enfermería, por lo que algo sí que podíamos llevar a cabo. Y con mucha ilusión te fusionabas con la pared, con tu inmaculado, recién estrenado, con las rayas de la casaca recién sacada de su envoltorio, blanco uniforme… así, poco a poco… esperabas en el control, y veías que estorbabas, y te echas a un lado, y te echas a otro, y te apartas del mostrador del control, y ves que estorbas, y te pegas a la pared, y ves que estorbas, y te pegas y pegas cada vez más hasta que… Fuuuwoosshhhhh, te mimetizas tanto, ya no mimetizarte, más bien te memotizas pegándote contra la pared. Una vez vi como una limpiadora tenía que quitar a la estudiante con espátula, algunas consiguieron atravesar la pared y al parecer llegaron a otra dimensión, eso o en realidad no pudieron superar el primer rotatorio de prácticas y dejaron la carrera… Un minuto de silencio por las estudiantes enfermeras POW-MIA.
Y de repente la enfermera la cual te echó un rápido vistazo cuando llegaste diciendo que eras el/la estudiante que viene de (adjunte nombre de la universidad en cuestión) y que le dijeron que tenía las prácticas en la unidad de (nombre de la unidad en cuestión); a lo que responde: “¿De prácticas? ¿Hoy?” Y se vuelve a las compañeras de control y pregunta: “¿Maris, sabéis vosotras si era hoy cuando llegaban las estudiantes?” “Se le habrá olvidao a la súper decírnoslo”. Y así con cara de gilipollas piensas: “Lo mismo me he equivocado yo de planta o de hospital o de día o… o…” Y te bloqueas mentalmente.
Sin embargo he oído de algunas compañeras que fueron recibidas por la supervisora, les presentó a todo el personal y les dio una vuelta por la unidad para que se hagan a todo. Me encanta la mitología.
Por lo común te haces a todo a matacaballo, mientras ruedas: a las rutinas, los protocolos, la organización, quién es quién (¿Lleva gafas? No. ¿Pelo rubio? No. ¿Tiene bigote? Sí. ¿…Es mujer? Sí. ¡Es fulanita!), y que no toques nada, no vaya a ser que mates a alguien. Y la pregunta estrella: “Tú, si no sabes algo, lo preguntas”.
Y así, mientras estabas pegado a la pared, la enfermera ha empezado a hablar, y tú callas, hasta que al final se da la vuelta y dice: “Vamos, que hay que empezar”. Y es cuando te das cuenta que te estaba hablando directamente a ti.

            Por desgracia esto no es siempre así, a veces te toca directamente la Maldita Zorra y tras llevar tú una hora de pie sin moverte, se te queda mirando y dice: “Vaya estudiantes que nos mandan los de (nombre de la universidad en cuestión), ¿vienes o te quedas ahí? Mal lo vas a llevar, te voy a tener que suspender las prácticas”. No llevas ni una hora en la unidad y ya vas a suspender, esto empieza jodido amigo.
Por lo común las Malas Zorras suelen superar la treintena, cara de amargada, o mal follada o de no follar (o por el contrario está encantada de conocerse a sí misma), mirada inquisitiva, pose de superioridad, cada vez que habla sienta cátedra, y un lenguaje hacia tu persona de desdén, si no hiriente.
En mi caso la Maldita Zorra apareció en el primer rotatorio, como bien he dicho, y no tuve el gusto de ser su polluelo hasta ya bien avanzado el rotatorio. La conocía de haber estado en el estar de Enfermería en los descansos, pero nunca trabajado bajo sus órdenes, o mejor dicho siendo ella responsable de mi aprendizaje. La impresión que tenía de ella era la de una persona aceptable, ni extremadamente simpática, ni extremadamente odiosa, era una persona normal y corriente, de las que piensas que no dejará huella en tu vida… qué cosas pude llegar a pensar.
Un día llegué al control, era… Febrero creo recordar. La enfermera con la que solía ponerme no estaba, y el enfermero con el que en otras ocasiones estaba, tampoco. Quedaba una sola opción: una enfermera que era un amor, pero éramos dos estudiantes. Muy cortés, le dejé a mi compañera elegir, y eligió a la que era un amor. Yo, con mi moño (por aquél entonces) y rebosante de energía y entusiasmo le dije: “¡Mala Zorra, estoy contigo!” (No la llamé mala zorra, por supuesto). Me miró y dijo: “Ah… pues vaya”. “Ah, pues vaya”, me dejó así como que no entendía qué estaba pasando. Me despisté un momento y le perdí la pista, me tiré las dos primeras horas persiguiéndola y buscándola. No me dejaba tocar nada, a mis preguntas, si las contestaba, lo hacía de mala gana… Yo intenté caerle bien, un chiste, parecer muy trabajador, mostrar mucho interés… Pero a eso de las 3 horas me dí por vencido y comprendí que me esperaba un turno duro. No tenía ni idea aún, estaba lo mejor por venir.
Vino un ingreso, y como la Maldita Zorra estaba por ahí, yo que sé dónde, le guié a la habitación asignada y recogí los datos de la entrevista inicial, o sea, que rellené el formulario de ingreso, no por completo, puesto que obviamente la Maldita Zorra tenía que rellenar algunas cosas. Cuando ella volvió le recibí muy alegre diciendo que había llegado un ingreso, le entregué los formularios y le dije que había rellenado parte de ellos para adelantar un poco de trabajo y que le había dicho al hombre que en nada volvíamos a completarla. Ella me miró y me dijo: “¿Quién te ha enseñado a hacer una entrevista de ingreso?” No era para nada la contestación que esperaba. E insistió subiendo el tono: “¿Que quién te ha enseñado a hacer una entrevista de ingreso?” El control estaba en ese momento a tope, médicos, familiares, pacientes, compañeras… Yo no sabía qué contestar, y todo el mundo callado mirándome. Finalmente hice la técnica de “Tierra trágame” y miré a mis zuecos. Y fue en ese momento en el que me dí cuenta que esto no había hecho más que empezar. Se dedicó a darme voces por los pasillos, que corriera más, que echara una mano aquí, que echara una mano allá, que dónde yo estaba, y resoplando todo el rato. Me escapé cinco minutos a sentarme solo en el estar para tomarme el pulso y respirar, es sólo un día, me dije, y ya llevas la mitad de las horas hechas. En ese momento mi compañera de prácticas entró, me miró y me dijo: “Perdón por haber elegido a la enfermera que es un amor, pero ya estuve una vez con ella, y no quería repetir por nada del mundo. Pero, a ti te está tratando mil veces peor”. Yo sonreí y dije que era sólo un día y que para el final de esta semana habríamos acabado este rotatorio y que esto no sería más que una anécdota.
Como me aburría muchísimo, empecé a constantear (bajo permiso de la Mala Zorra), y me llamó la atención un hombre con un pulso muy irregular. Nunca había tenido esta situación y le fui a preguntar que si eso era algo normal. Ella levantó la vista de las notas y me dijo: “¿Tú sabes tomar constantes?” En un tono como si fuera imbécil y bajó la mirada obviando mi respuesta y siguiendo a lo suyo. Pude sentir la ira crecer, desde la planta de mis pies, llegando al cuello, ahogándome, con los puños apretados, y una respuesta a punto de salir. Así que opté por morderme el labio, y no exagero cuando digo que empecé a saborear un poco la sangre. Decidí irme a dar una vuelta por la unidad, y a la que salía del control me pegó otra voz: “¿Tú a dónde vas? ¿Te he dicho que fueras a algún lado? Vamos, que hay que hacer una entrevista a un nuevo ingreso, y a ver si así aprendes algo.” La seguí por el pasillo, despacio, despacio, contando, contando, y respirando. Y entré en la habitación, con la peor sonrisa que me haya podido salir nunca.
Empezamos las preguntas y anotando, y la Mala Zorra no paraba de decirme: “Apunta” “Apunta” “¿Seguro que apuntastes…?” (Sí encima no sabía hablar). “Date prisa”. Y yo me mordía el labio, y ella me miraba y podía ver en sus ojos cómo disfrutaba con el hecho de que me fuera poco a poco hundiendo. Y de repente dijo: “Ahora el estudiante va a hacer un par de preguntas”. Estaban ahí, en la hoja de papel, delante de mí, y sin embargo no veía las palabras, veía borroso. Y sólo le oía a ella decir: “¿Vas a empezar?”
            Imagino que no reflexioné, no procesé en absoluto la acción que llevé a cabo. Me giré, le miré y… le estampé contra el pecho el archivador.

            Sí, así lo tenía en mis manos, se lo estampé en el pecho. Iba a decir algo, pero le miré en los ojos y sólo le dije: “Me estoy mareando”. En el tono menos teatral que nunca haya utilizado nunca. Y así, la dejé plantada, y salí por la puerta sin dar portazo, y me dirigí hacia la salida de emergencia, a las escaleras, y bajé una planta, y bajé otra, y bajé otra, creo que bajé 5 plantas, me senté en los escalones y me dí cuenta de que lo que me nublaba la vista no era un mareo sino unas lágrimas. En un día había conseguido esta Maldita Zorra hundir mi autoestima, mi seguridad, mi ilusión; y yo solito me había cavado la tumba al estamparle el archivador. Lo único que pensaba es que había fracasado, que no lo había conseguido, que esa Maldita Zorra se había salido con la suya y se estaba riendo de mí, y lo más seguro es que acabase siendo expulsado de los estudios y en fin, muchas cosas. Permanecí ahí abajo como unos 10 minutos, hasta que salieron a fumar los pacientes de la planta de cáncer y decidí que tenía que volver a la planta. Conforme subía estaba entrenando mi bajada de pantalones absoluta, pedir perdón y otras tantas mierdas, sólo quedaba hora y media para acabar. Mientras recorría el pasillo me llamó desde la habitación la mujer a la que habíamos estado haciendo la entrevista. Le pedí perdón por lo de antes, que no me sentía muy bien y que me estaba mareando. A lo que ella me respondió: “Si tú quieres decir que te estabas mareando, será verdad, ahora, esa enfermera es un bicho malo, tú no tienes ninguna culpa.”
Pensé por un momento, le dí las gracias y me encaminé al control.
            Justo al llegar al control se volvió a hacer el silencio, menos la Mala Zorra, que me estaba poniendo a parir. Lo mejor fue que no me estaba viendo porque estaba de espaldas. Tuvo que ser la otra enfermera la que le diera un toque para que se diera la vuelta. Cuando me vio empezó con un: “Ya era hora de que volvieras, guapo, que…” No le dejé terminar, simplemente sin apenas prestarle atención dije: “Me voy a mi casa”.

            Y así tal cual me fui, salí de la unidad, como si de una peli americana se tratase, todos en silencio, mientras yo me dirigía a la salida.



Bonus: No quiero que esto se tome como un procedimiento ideal contra las Malditas Zorras, no lo es. Lo que hice pudo haberme supuesto una muy grave sanción. Cuando me encontré con mis compañeros en vestuarios (me quedé un buen rato esperando), lo estuvimos hablando, y en el trayecto en tren. Hablamos y hablamos. Yo era de los últimos en bajarme, y todos se iban despidiendo de mi y veía en sus ojos el “la has cagado”. Ese día me costó dormirme, estaba literalmente acojonado. Al día siguiente, haciendo de tripas corazón, fui a las prácticas. Antes de empezar el turno me pillaron por banda las dos enfermeras que habían sido mis mentoras durante el rotatorio, me llevaron al cuarto de limpieza y me dieron una charla. Me dijeron que hice bien, pero también que  hice mal. “No dejes que nadie, nadie, te pise ni te haga sentir inferior”. Así acabó su charla en el cuarto de limpieza. Con eso y con un “sal inmediatamente de la unidad y busca a tu tutora, lo sabe toda la unidad y si lo cuentas tú antes, llevarás ventaja”. Así hice. Tras la reunión con la tutora, me preguntó si tenía alguna duda. Sí que la tenía: “¿Me expulsareis o sancionareis?” Me dijo que no me expulsarían por esto, pero que no me sorprendiera que me sancionasen, y me recordó que la tutora estaba para mediar, que lo mejor que podía haber hecho hubiera sido llamarla el día anterior, mientras esto estaba sucediendo.

Creo que lo mejor que puedes hacer es seguir el protocolo de llamar a tu tutora, y hacerle ver a la Maldita Zorra que no es manera de tratarte, que eres una persona, como ella, un estudiante, y decirle que todos hemos sido estudiantes, que por favor tenga paciencia con tu “inutilidad”. El tragar y tragar, lo único que te lleva es a que explotes y que hagas cosas de las que te vas a arrepentir luego.
Esta Maldita Zorra con la que me crucé no fue la única, pero sí la que más me tocó, con el tiempo aprendí a ignorar, que "a palabras necias, oídos sordos", y ya no sólo cuando llevo el uniforme, lo mejor es llevarlo con humor y untarte de mantequilla, nena: que todo te resbale.


Con amor, sintiéndome viejuno, desde la Costa del Nublado.

"Malditas Zorras" escrito por Mí, ft. Morgan Freeman y la Pastilla de Jabón.
No agradecimientos a las Malditas Zorras.