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¡Buenos
días!
Ha pasado un tiempo desde que no escribo, no por nada en
particular, o bueno, sí. Tengo mis motivos, aparte de requerimientos legales,
requerimientos de salud, requerimientos académicos, requerimientos
profesionales, requerimientos familiares y personales, y requerimientos, de lo
que me re quiero y miento (todo lo anteriormente citado), he estado con la
cabeza tremendamente ocupada. No, no es por la OPE, qué va, soy de los que no
ha estudiado, y no me enfadaré si suspendo, o si no saco plazjajajajajajaajajaja.
Tengo unos pensamientos muy variados, que si me dejan en esta semana dichos
requerimientos, intentaré comentar antes de que se haya celebrado la OPE. Pero
pasando del tema este de la OPE, voy a hablar de otras cosas, como siempre.
A petición
de alguien que me lee, voy a hacer esta entrada, que dedico tanto a ella, como
a esas enfermeritas en prácticas, gérmen del porvenir del aúreo futuro de la disciplina
enfermera… vamos, estudiantes que pringáis en las plantas de los hospitales y
en las consultas de los centros de salud. Pero sobre todo, sobre todo, sobre
todo… a esas Malditas Zorras. (Inciso: “zorra: 1. canis vulpes del género
femenino 2. raposa, véase punto 1. 3. dícese de la mujer astuta y con malas
intenciones 4. Si follas con una zorra es zoofilia, puta es un término
coloquial para prostituta, mujer que ejerce el trabajo de la prostitución, o
sea, ofrecer sexo/alivio a cambio de dinero u otros bienes.” No está sacado de
la RAE, lo he sacado de mi cabeza y mis opiniones, la RAE no se hace
responsable.) Malditas Zorras, no tienen otro nombre, aun no me he cruzado con
un enfermero Maldito Zorro, más que nada porque los hombres suelen carecer de la
astucia. Posiblemente Maldito Joputa estaría bien, he de pensarlo. A lo largo
de mis prácticas toda la promoción tenía que lidiar con la Maldita Zorra
particular, por lo común era sólo un rotatorio, aunque los había con mala
suerte y se cruzaron con malas zorras en más de un rotatorio. Yo, no voy a ser
menos que mis compis, y desde aquí digo que sí, yo tuve mi Maldita Zorra
particular, en mi primer rotatorio de prácticas, cuando fui a parar a
Gastroenterología. Recuerdo su nombre, recuerdo su cara, recuerdo hasta el
nombre de una sobrina que tenía que a día de hoy será enfermera, y recuerdo
hasta el código del tono de tinte para el pelo que utilizaba… esa Maldita
Zorra.
En primero,
en mis tiempos de Diplomatura, en que todo era bonito, las Escuelas de
Enfermería eran dirigidas por un Director de Enfermería, y no por un
subdirector de Enfermería, dependiente de un Director Médico, que se gracias a
la crisis económica y Bolonia, ahora nuestra amada “Facultad” no es más que una
sede de la Facultad de Ciencias de la Salud, pero bueno, esto no son todas las
Facultades de Enfermería. Pues en primero íbamos por primera vez a hacer
prácticas a los hospitales, protoenfermeras con mucha ilusión y más verdes que
las flemas de uno con infección pulmonar. Por regla general llegas con mucha
ilusión, para darlo todo, para poner en práctica todo eso que has aprendido en
anatomía, fisiología, bioquímica… espera, nada de eso lo aplicábamos; bueno,
que gracias a las Frígidas tenemos Fundamentos de la Enfermería, por lo que
algo sí que podíamos llevar a cabo. Y con mucha ilusión te fusionabas con la
pared, con tu inmaculado, recién estrenado, con las rayas de la casaca recién
sacada de su envoltorio, blanco uniforme… así, poco a poco… esperabas en el
control, y veías que estorbabas, y te echas a un lado, y te echas a otro, y te
apartas del mostrador del control, y ves que estorbas, y te pegas a la pared, y
ves que estorbas, y te pegas y pegas cada vez más hasta que… Fuuuwoosshhhhh, te
mimetizas tanto, ya no mimetizarte, más bien te memotizas pegándote contra la
pared. Una vez vi como una limpiadora tenía que quitar a la estudiante con
espátula, algunas consiguieron atravesar la pared y al parecer llegaron a otra
dimensión, eso o en realidad no pudieron superar el primer rotatorio de
prácticas y dejaron la carrera… Un minuto de silencio por las estudiantes
enfermeras POW-MIA.
Y de repente la enfermera la cual te echó un rápido vistazo
cuando llegaste diciendo que eras el/la estudiante que viene de (adjunte nombre
de la universidad en cuestión) y que le dijeron que tenía las prácticas en la
unidad de (nombre de la unidad en cuestión); a lo que responde: “¿De prácticas?
¿Hoy?” Y se vuelve a las compañeras de control y pregunta: “¿Maris, sabéis
vosotras si era hoy cuando llegaban las estudiantes?” “Se le habrá olvidao a la
súper decírnoslo”. Y así con cara de gilipollas piensas: “Lo mismo me he
equivocado yo de planta o de hospital o de día o… o…” Y te bloqueas
mentalmente.
Sin embargo he oído de algunas compañeras que fueron
recibidas por la supervisora, les presentó a todo el personal y les dio una
vuelta por la unidad para que se hagan a todo. Me encanta la mitología.
Por lo común te haces a todo a matacaballo, mientras ruedas:
a las rutinas, los protocolos, la organización, quién es quién (¿Lleva gafas?
No. ¿Pelo rubio? No. ¿Tiene bigote? Sí. ¿…Es mujer? Sí. ¡Es fulanita!), y que
no toques nada, no vaya a ser que mates a alguien. Y la pregunta estrella: “Tú,
si no sabes algo, lo preguntas”.
Y así, mientras estabas pegado a la pared, la enfermera ha
empezado a hablar, y tú callas, hasta que al final se da la vuelta y dice:
“Vamos, que hay que empezar”. Y es cuando te das cuenta que te estaba hablando
directamente a ti.
Por
desgracia esto no es siempre así, a veces te toca directamente la Maldita Zorra
y tras llevar tú una hora de pie sin moverte, se te queda mirando y dice: “Vaya
estudiantes que nos mandan los de (nombre de la universidad en cuestión),
¿vienes o te quedas ahí? Mal lo vas a llevar, te voy a tener que suspender las
prácticas”. No llevas ni una hora en la unidad y ya vas a suspender, esto
empieza jodido amigo.
Por lo común las Malas Zorras suelen superar la treintena,
cara de amargada, o mal follada o de no follar (o por el contrario está encantada
de conocerse a sí misma), mirada inquisitiva, pose de superioridad, cada vez
que habla sienta cátedra, y un lenguaje hacia tu persona de desdén, si no
hiriente.
En mi caso la Maldita Zorra apareció en el primer rotatorio,
como bien he dicho, y no tuve el gusto de ser su polluelo hasta ya bien
avanzado el rotatorio. La conocía de haber estado en el estar de Enfermería en
los descansos, pero nunca trabajado bajo sus órdenes, o mejor dicho siendo ella
responsable de mi aprendizaje. La impresión que tenía de ella era la de una
persona aceptable, ni extremadamente simpática, ni extremadamente odiosa, era
una persona normal y corriente, de las que piensas que no dejará huella en tu
vida… qué cosas pude llegar a pensar.
Un día llegué al control, era… Febrero creo recordar. La
enfermera con la que solía ponerme no estaba, y el enfermero con el que en
otras ocasiones estaba, tampoco. Quedaba una sola opción: una enfermera que era
un amor, pero éramos dos estudiantes. Muy cortés, le dejé a mi compañera
elegir, y eligió a la que era un amor. Yo, con mi moño (por aquél entonces) y
rebosante de energía y entusiasmo le dije: “¡Mala Zorra, estoy contigo!” (No la
llamé mala zorra, por supuesto). Me miró y dijo: “Ah… pues vaya”. “Ah, pues
vaya”, me dejó así como que no entendía qué estaba pasando. Me despisté un momento
y le perdí la pista, me tiré las dos primeras horas persiguiéndola y buscándola.
No me dejaba tocar nada, a mis preguntas, si las contestaba, lo hacía de mala
gana… Yo intenté caerle bien, un chiste, parecer muy trabajador, mostrar mucho
interés… Pero a eso de las 3 horas me dí por vencido y comprendí que me
esperaba un turno duro. No tenía ni idea aún, estaba lo mejor por venir.
Vino un ingreso, y como la Maldita Zorra estaba por ahí, yo
que sé dónde, le guié a la habitación asignada y recogí los datos de la
entrevista inicial, o sea, que rellené el formulario de ingreso, no por
completo, puesto que obviamente la Maldita Zorra tenía que rellenar algunas
cosas. Cuando ella volvió le recibí muy alegre diciendo que había llegado un
ingreso, le entregué los formularios y le dije que había rellenado parte de
ellos para adelantar un poco de trabajo y que le había dicho al hombre que en
nada volvíamos a completarla. Ella me miró y me dijo: “¿Quién te ha enseñado a
hacer una entrevista de ingreso?” No era para nada la contestación que
esperaba. E insistió subiendo el tono: “¿Que quién te ha enseñado a hacer una
entrevista de ingreso?” El control estaba en ese momento a tope, médicos,
familiares, pacientes, compañeras… Yo no sabía qué contestar, y todo el mundo
callado mirándome. Finalmente hice la técnica de “Tierra trágame” y miré a mis
zuecos. Y fue en ese momento en el que me dí cuenta que esto no había hecho más
que empezar. Se dedicó a darme voces por los pasillos, que corriera más, que
echara una mano aquí, que echara una mano allá, que dónde yo estaba, y
resoplando todo el rato. Me escapé cinco minutos a sentarme solo en el estar
para tomarme el pulso y respirar, es sólo un día, me dije, y ya llevas la mitad
de las horas hechas. En ese momento mi compañera de prácticas entró, me miró y
me dijo: “Perdón por haber elegido a la enfermera que es un amor, pero ya
estuve una vez con ella, y no quería repetir por nada del mundo. Pero, a ti te
está tratando mil veces peor”. Yo sonreí y dije que era sólo un día y que para
el final de esta semana habríamos acabado este rotatorio y que esto no sería más
que una anécdota.
Como me aburría muchísimo, empecé a constantear (bajo
permiso de la Mala Zorra), y me llamó la atención un hombre con un pulso muy
irregular. Nunca había tenido esta situación y le fui a preguntar que si eso
era algo normal. Ella levantó la vista de las notas y me dijo: “¿Tú sabes tomar
constantes?” En un tono como si fuera imbécil y bajó la mirada obviando mi
respuesta y siguiendo a lo suyo. Pude sentir la ira crecer, desde la planta de
mis pies, llegando al cuello, ahogándome, con los puños apretados, y una
respuesta a punto de salir. Así que opté por morderme el labio, y no exagero
cuando digo que empecé a saborear un poco la sangre. Decidí irme a dar una
vuelta por la unidad, y a la que salía del control me pegó otra voz: “¿Tú a dónde
vas? ¿Te he dicho que fueras a algún lado? Vamos, que hay que hacer una entrevista
a un nuevo ingreso, y a ver si así aprendes algo.” La seguí por el pasillo,
despacio, despacio, contando, contando, y respirando. Y entré en la habitación,
con la peor sonrisa que me haya podido salir nunca.
Empezamos las preguntas y anotando, y la Mala Zorra no
paraba de decirme: “Apunta” “Apunta” “¿Seguro que apuntastes…?” (Sí encima no
sabía hablar). “Date prisa”. Y yo me mordía el labio, y ella me miraba y podía
ver en sus ojos cómo disfrutaba con el hecho de que me fuera poco a poco
hundiendo. Y de repente dijo: “Ahora el estudiante va a hacer un par de
preguntas”. Estaban ahí, en la hoja de papel, delante de mí, y sin embargo no
veía las palabras, veía borroso. Y sólo le oía a ella decir: “¿Vas a empezar?”
Imagino que
no reflexioné, no procesé en absoluto la acción que llevé a cabo. Me giré, le
miré y… le estampé contra el pecho el archivador.
Sí, así lo
tenía en mis manos, se lo estampé en el pecho. Iba a decir algo, pero le miré
en los ojos y sólo le dije: “Me estoy mareando”. En el tono menos teatral que
nunca haya utilizado nunca. Y así, la dejé plantada, y salí por la puerta sin
dar portazo, y me dirigí hacia la salida de emergencia, a las escaleras, y bajé
una planta, y bajé otra, y bajé otra, creo que bajé 5 plantas, me senté en los
escalones y me dí cuenta de que lo que me nublaba la vista no era un mareo sino
unas lágrimas. En un día había conseguido esta Maldita Zorra hundir mi
autoestima, mi seguridad, mi ilusión; y yo solito me había cavado la tumba al
estamparle el archivador. Lo único que pensaba es que había fracasado, que no
lo había conseguido, que esa Maldita Zorra se había salido con la suya y se
estaba riendo de mí, y lo más seguro es que acabase siendo expulsado de los
estudios y en fin, muchas cosas. Permanecí ahí abajo como unos 10 minutos,
hasta que salieron a fumar los pacientes de la planta de cáncer y decidí que
tenía que volver a la planta. Conforme subía estaba entrenando mi bajada de
pantalones absoluta, pedir perdón y otras tantas mierdas, sólo quedaba hora y
media para acabar. Mientras recorría el pasillo me llamó desde la habitación la
mujer a la que habíamos estado haciendo la entrevista. Le pedí perdón por lo de
antes, que no me sentía muy bien y que me estaba mareando. A lo que ella me
respondió: “Si tú quieres decir que te estabas mareando, será verdad, ahora,
esa enfermera es un bicho malo, tú no tienes ninguna culpa.”
Pensé por un momento, le dí las gracias y me encaminé al
control.
Justo al
llegar al control se volvió a hacer el silencio, menos la Mala Zorra, que me
estaba poniendo a parir. Lo mejor fue que no me estaba viendo porque estaba de
espaldas. Tuvo que ser la otra enfermera la que le diera un toque para que se
diera la vuelta. Cuando me vio empezó con un: “Ya era hora de que volvieras,
guapo, que…” No le dejé terminar, simplemente sin apenas prestarle atención dije:
“Me voy a mi casa”.
Y así tal
cual me fui, salí de la unidad, como si de una peli americana se tratase, todos
en silencio, mientras yo me dirigía a la salida.
Bonus: No quiero que esto se tome como un procedimiento
ideal contra las Malditas Zorras, no lo es. Lo que hice pudo haberme supuesto
una muy grave sanción. Cuando me encontré con mis compañeros en vestuarios (me
quedé un buen rato esperando), lo estuvimos hablando, y en el trayecto en tren.
Hablamos y hablamos. Yo era de los últimos en bajarme, y todos se iban
despidiendo de mi y veía en sus ojos el “la has cagado”. Ese día me costó
dormirme, estaba literalmente acojonado. Al día siguiente, haciendo de tripas
corazón, fui a las prácticas. Antes de empezar el turno me pillaron por banda
las dos enfermeras que habían sido mis mentoras durante el rotatorio, me
llevaron al cuarto de limpieza y me dieron una charla. Me dijeron que hice
bien, pero también que hice mal. “No
dejes que nadie, nadie, te pise ni te haga sentir inferior”. Así acabó su
charla en el cuarto de limpieza. Con eso y con un “sal inmediatamente de la
unidad y busca a tu tutora, lo sabe toda la unidad y si lo cuentas tú antes,
llevarás ventaja”. Así hice. Tras la reunión con la tutora, me preguntó si tenía
alguna duda. Sí que la tenía: “¿Me expulsareis o sancionareis?” Me dijo que no
me expulsarían por esto, pero que no me sorprendiera que me sancionasen, y me
recordó que la tutora estaba para mediar, que lo mejor que podía haber hecho
hubiera sido llamarla el día anterior, mientras esto estaba sucediendo.
Creo que lo mejor que puedes hacer es seguir el protocolo de
llamar a tu tutora, y hacerle ver a la Maldita Zorra que no es manera de
tratarte, que eres una persona, como ella, un estudiante, y decirle que todos
hemos sido estudiantes, que por favor tenga paciencia con tu “inutilidad”. El
tragar y tragar, lo único que te lleva es a que explotes y que hagas cosas de
las que te vas a arrepentir luego.
Esta Maldita Zorra con la que me crucé no fue la única, pero sí la que más me tocó, con el tiempo aprendí a ignorar, que "a palabras necias, oídos sordos", y ya no sólo cuando llevo el uniforme, lo mejor es llevarlo con humor y untarte de mantequilla, nena: que todo te resbale.
Con amor, sintiéndome viejuno, desde la Costa del Nublado.
"Malditas Zorras" escrito por Mí, ft. Morgan Freeman y la Pastilla de Jabón.
No agradecimientos a las Malditas Zorras.