Los guiris, británicos y demás gente europea, que no europeizada, bajan a latitudes más cercanas al ecuador en busca de birra, tabaco, y fiesta barata, aderezado con buen tiempo. Han llenado la llamada Costa del Sol... Mientras, nosotros mediterráneos, españolitos, enfermeras mayormente, vamos ocupando silenciosamente la llamada Costa del Nublado. Aun lo ignoran, pero aquí nos haremos fuertes y la acabaremos conquistando.


Bienvenid@s a mi blog de enfermero emigrante y mis aventuras en la Costa del Nublado.

viernes, 10 de octubre de 2014

Malditas Zorras


            ¡Buenos días!
Ha pasado un tiempo desde que no escribo, no por nada en particular, o bueno, sí. Tengo mis motivos, aparte de requerimientos legales, requerimientos de salud, requerimientos académicos, requerimientos profesionales, requerimientos familiares y personales, y requerimientos, de lo que me re quiero y miento (todo lo anteriormente citado), he estado con la cabeza tremendamente ocupada. No, no es por la OPE, qué va, soy de los que no ha estudiado, y no me enfadaré si suspendo, o si no saco plazjajajajajajaajajaja. Tengo unos pensamientos muy variados, que si me dejan en esta semana dichos requerimientos, intentaré comentar antes de que se haya celebrado la OPE. Pero pasando del tema este de la OPE, voy a hablar de otras cosas, como siempre.

            A petición de alguien que me lee, voy a hacer esta entrada, que dedico tanto a ella, como a esas enfermeritas en prácticas, gérmen del porvenir del aúreo futuro de la disciplina enfermera… vamos, estudiantes que pringáis en las plantas de los hospitales y en las consultas de los centros de salud. Pero sobre todo, sobre todo, sobre todo… a esas Malditas Zorras. (Inciso: “zorra: 1. canis vulpes del género femenino 2. raposa, véase punto 1. 3. dícese de la mujer astuta y con malas intenciones 4. Si follas con una zorra es zoofilia, puta es un término coloquial para prostituta, mujer que ejerce el trabajo de la prostitución, o sea, ofrecer sexo/alivio a cambio de dinero u otros bienes.” No está sacado de la RAE, lo he sacado de mi cabeza y mis opiniones, la RAE no se hace responsable.) Malditas Zorras, no tienen otro nombre, aun no me he cruzado con un enfermero Maldito Zorro, más que nada porque los hombres suelen carecer de la astucia. Posiblemente Maldito Joputa estaría bien, he de pensarlo. A lo largo de mis prácticas toda la promoción tenía que lidiar con la Maldita Zorra particular, por lo común era sólo un rotatorio, aunque los había con mala suerte y se cruzaron con malas zorras en más de un rotatorio. Yo, no voy a ser menos que mis compis, y desde aquí digo que sí, yo tuve mi Maldita Zorra particular, en mi primer rotatorio de prácticas, cuando fui a parar a Gastroenterología. Recuerdo su nombre, recuerdo su cara, recuerdo hasta el nombre de una sobrina que tenía que a día de hoy será enfermera, y recuerdo hasta el código del tono de tinte para el pelo que utilizaba… esa Maldita Zorra.

            En primero, en mis tiempos de Diplomatura, en que todo era bonito, las Escuelas de Enfermería eran dirigidas por un Director de Enfermería, y no por un subdirector de Enfermería, dependiente de un Director Médico, que se gracias a la crisis económica y Bolonia, ahora nuestra amada “Facultad” no es más que una sede de la Facultad de Ciencias de la Salud, pero bueno, esto no son todas las Facultades de Enfermería. Pues en primero íbamos por primera vez a hacer prácticas a los hospitales, protoenfermeras con mucha ilusión y más verdes que las flemas de uno con infección pulmonar. Por regla general llegas con mucha ilusión, para darlo todo, para poner en práctica todo eso que has aprendido en anatomía, fisiología, bioquímica… espera, nada de eso lo aplicábamos; bueno, que gracias a las Frígidas tenemos Fundamentos de la Enfermería, por lo que algo sí que podíamos llevar a cabo. Y con mucha ilusión te fusionabas con la pared, con tu inmaculado, recién estrenado, con las rayas de la casaca recién sacada de su envoltorio, blanco uniforme… así, poco a poco… esperabas en el control, y veías que estorbabas, y te echas a un lado, y te echas a otro, y te apartas del mostrador del control, y ves que estorbas, y te pegas a la pared, y ves que estorbas, y te pegas y pegas cada vez más hasta que… Fuuuwoosshhhhh, te mimetizas tanto, ya no mimetizarte, más bien te memotizas pegándote contra la pared. Una vez vi como una limpiadora tenía que quitar a la estudiante con espátula, algunas consiguieron atravesar la pared y al parecer llegaron a otra dimensión, eso o en realidad no pudieron superar el primer rotatorio de prácticas y dejaron la carrera… Un minuto de silencio por las estudiantes enfermeras POW-MIA.
Y de repente la enfermera la cual te echó un rápido vistazo cuando llegaste diciendo que eras el/la estudiante que viene de (adjunte nombre de la universidad en cuestión) y que le dijeron que tenía las prácticas en la unidad de (nombre de la unidad en cuestión); a lo que responde: “¿De prácticas? ¿Hoy?” Y se vuelve a las compañeras de control y pregunta: “¿Maris, sabéis vosotras si era hoy cuando llegaban las estudiantes?” “Se le habrá olvidao a la súper decírnoslo”. Y así con cara de gilipollas piensas: “Lo mismo me he equivocado yo de planta o de hospital o de día o… o…” Y te bloqueas mentalmente.
Sin embargo he oído de algunas compañeras que fueron recibidas por la supervisora, les presentó a todo el personal y les dio una vuelta por la unidad para que se hagan a todo. Me encanta la mitología.
Por lo común te haces a todo a matacaballo, mientras ruedas: a las rutinas, los protocolos, la organización, quién es quién (¿Lleva gafas? No. ¿Pelo rubio? No. ¿Tiene bigote? Sí. ¿…Es mujer? Sí. ¡Es fulanita!), y que no toques nada, no vaya a ser que mates a alguien. Y la pregunta estrella: “Tú, si no sabes algo, lo preguntas”.
Y así, mientras estabas pegado a la pared, la enfermera ha empezado a hablar, y tú callas, hasta que al final se da la vuelta y dice: “Vamos, que hay que empezar”. Y es cuando te das cuenta que te estaba hablando directamente a ti.

            Por desgracia esto no es siempre así, a veces te toca directamente la Maldita Zorra y tras llevar tú una hora de pie sin moverte, se te queda mirando y dice: “Vaya estudiantes que nos mandan los de (nombre de la universidad en cuestión), ¿vienes o te quedas ahí? Mal lo vas a llevar, te voy a tener que suspender las prácticas”. No llevas ni una hora en la unidad y ya vas a suspender, esto empieza jodido amigo.
Por lo común las Malas Zorras suelen superar la treintena, cara de amargada, o mal follada o de no follar (o por el contrario está encantada de conocerse a sí misma), mirada inquisitiva, pose de superioridad, cada vez que habla sienta cátedra, y un lenguaje hacia tu persona de desdén, si no hiriente.
En mi caso la Maldita Zorra apareció en el primer rotatorio, como bien he dicho, y no tuve el gusto de ser su polluelo hasta ya bien avanzado el rotatorio. La conocía de haber estado en el estar de Enfermería en los descansos, pero nunca trabajado bajo sus órdenes, o mejor dicho siendo ella responsable de mi aprendizaje. La impresión que tenía de ella era la de una persona aceptable, ni extremadamente simpática, ni extremadamente odiosa, era una persona normal y corriente, de las que piensas que no dejará huella en tu vida… qué cosas pude llegar a pensar.
Un día llegué al control, era… Febrero creo recordar. La enfermera con la que solía ponerme no estaba, y el enfermero con el que en otras ocasiones estaba, tampoco. Quedaba una sola opción: una enfermera que era un amor, pero éramos dos estudiantes. Muy cortés, le dejé a mi compañera elegir, y eligió a la que era un amor. Yo, con mi moño (por aquél entonces) y rebosante de energía y entusiasmo le dije: “¡Mala Zorra, estoy contigo!” (No la llamé mala zorra, por supuesto). Me miró y dijo: “Ah… pues vaya”. “Ah, pues vaya”, me dejó así como que no entendía qué estaba pasando. Me despisté un momento y le perdí la pista, me tiré las dos primeras horas persiguiéndola y buscándola. No me dejaba tocar nada, a mis preguntas, si las contestaba, lo hacía de mala gana… Yo intenté caerle bien, un chiste, parecer muy trabajador, mostrar mucho interés… Pero a eso de las 3 horas me dí por vencido y comprendí que me esperaba un turno duro. No tenía ni idea aún, estaba lo mejor por venir.
Vino un ingreso, y como la Maldita Zorra estaba por ahí, yo que sé dónde, le guié a la habitación asignada y recogí los datos de la entrevista inicial, o sea, que rellené el formulario de ingreso, no por completo, puesto que obviamente la Maldita Zorra tenía que rellenar algunas cosas. Cuando ella volvió le recibí muy alegre diciendo que había llegado un ingreso, le entregué los formularios y le dije que había rellenado parte de ellos para adelantar un poco de trabajo y que le había dicho al hombre que en nada volvíamos a completarla. Ella me miró y me dijo: “¿Quién te ha enseñado a hacer una entrevista de ingreso?” No era para nada la contestación que esperaba. E insistió subiendo el tono: “¿Que quién te ha enseñado a hacer una entrevista de ingreso?” El control estaba en ese momento a tope, médicos, familiares, pacientes, compañeras… Yo no sabía qué contestar, y todo el mundo callado mirándome. Finalmente hice la técnica de “Tierra trágame” y miré a mis zuecos. Y fue en ese momento en el que me dí cuenta que esto no había hecho más que empezar. Se dedicó a darme voces por los pasillos, que corriera más, que echara una mano aquí, que echara una mano allá, que dónde yo estaba, y resoplando todo el rato. Me escapé cinco minutos a sentarme solo en el estar para tomarme el pulso y respirar, es sólo un día, me dije, y ya llevas la mitad de las horas hechas. En ese momento mi compañera de prácticas entró, me miró y me dijo: “Perdón por haber elegido a la enfermera que es un amor, pero ya estuve una vez con ella, y no quería repetir por nada del mundo. Pero, a ti te está tratando mil veces peor”. Yo sonreí y dije que era sólo un día y que para el final de esta semana habríamos acabado este rotatorio y que esto no sería más que una anécdota.
Como me aburría muchísimo, empecé a constantear (bajo permiso de la Mala Zorra), y me llamó la atención un hombre con un pulso muy irregular. Nunca había tenido esta situación y le fui a preguntar que si eso era algo normal. Ella levantó la vista de las notas y me dijo: “¿Tú sabes tomar constantes?” En un tono como si fuera imbécil y bajó la mirada obviando mi respuesta y siguiendo a lo suyo. Pude sentir la ira crecer, desde la planta de mis pies, llegando al cuello, ahogándome, con los puños apretados, y una respuesta a punto de salir. Así que opté por morderme el labio, y no exagero cuando digo que empecé a saborear un poco la sangre. Decidí irme a dar una vuelta por la unidad, y a la que salía del control me pegó otra voz: “¿Tú a dónde vas? ¿Te he dicho que fueras a algún lado? Vamos, que hay que hacer una entrevista a un nuevo ingreso, y a ver si así aprendes algo.” La seguí por el pasillo, despacio, despacio, contando, contando, y respirando. Y entré en la habitación, con la peor sonrisa que me haya podido salir nunca.
Empezamos las preguntas y anotando, y la Mala Zorra no paraba de decirme: “Apunta” “Apunta” “¿Seguro que apuntastes…?” (Sí encima no sabía hablar). “Date prisa”. Y yo me mordía el labio, y ella me miraba y podía ver en sus ojos cómo disfrutaba con el hecho de que me fuera poco a poco hundiendo. Y de repente dijo: “Ahora el estudiante va a hacer un par de preguntas”. Estaban ahí, en la hoja de papel, delante de mí, y sin embargo no veía las palabras, veía borroso. Y sólo le oía a ella decir: “¿Vas a empezar?”
            Imagino que no reflexioné, no procesé en absoluto la acción que llevé a cabo. Me giré, le miré y… le estampé contra el pecho el archivador.

            Sí, así lo tenía en mis manos, se lo estampé en el pecho. Iba a decir algo, pero le miré en los ojos y sólo le dije: “Me estoy mareando”. En el tono menos teatral que nunca haya utilizado nunca. Y así, la dejé plantada, y salí por la puerta sin dar portazo, y me dirigí hacia la salida de emergencia, a las escaleras, y bajé una planta, y bajé otra, y bajé otra, creo que bajé 5 plantas, me senté en los escalones y me dí cuenta de que lo que me nublaba la vista no era un mareo sino unas lágrimas. En un día había conseguido esta Maldita Zorra hundir mi autoestima, mi seguridad, mi ilusión; y yo solito me había cavado la tumba al estamparle el archivador. Lo único que pensaba es que había fracasado, que no lo había conseguido, que esa Maldita Zorra se había salido con la suya y se estaba riendo de mí, y lo más seguro es que acabase siendo expulsado de los estudios y en fin, muchas cosas. Permanecí ahí abajo como unos 10 minutos, hasta que salieron a fumar los pacientes de la planta de cáncer y decidí que tenía que volver a la planta. Conforme subía estaba entrenando mi bajada de pantalones absoluta, pedir perdón y otras tantas mierdas, sólo quedaba hora y media para acabar. Mientras recorría el pasillo me llamó desde la habitación la mujer a la que habíamos estado haciendo la entrevista. Le pedí perdón por lo de antes, que no me sentía muy bien y que me estaba mareando. A lo que ella me respondió: “Si tú quieres decir que te estabas mareando, será verdad, ahora, esa enfermera es un bicho malo, tú no tienes ninguna culpa.”
Pensé por un momento, le dí las gracias y me encaminé al control.
            Justo al llegar al control se volvió a hacer el silencio, menos la Mala Zorra, que me estaba poniendo a parir. Lo mejor fue que no me estaba viendo porque estaba de espaldas. Tuvo que ser la otra enfermera la que le diera un toque para que se diera la vuelta. Cuando me vio empezó con un: “Ya era hora de que volvieras, guapo, que…” No le dejé terminar, simplemente sin apenas prestarle atención dije: “Me voy a mi casa”.

            Y así tal cual me fui, salí de la unidad, como si de una peli americana se tratase, todos en silencio, mientras yo me dirigía a la salida.



Bonus: No quiero que esto se tome como un procedimiento ideal contra las Malditas Zorras, no lo es. Lo que hice pudo haberme supuesto una muy grave sanción. Cuando me encontré con mis compañeros en vestuarios (me quedé un buen rato esperando), lo estuvimos hablando, y en el trayecto en tren. Hablamos y hablamos. Yo era de los últimos en bajarme, y todos se iban despidiendo de mi y veía en sus ojos el “la has cagado”. Ese día me costó dormirme, estaba literalmente acojonado. Al día siguiente, haciendo de tripas corazón, fui a las prácticas. Antes de empezar el turno me pillaron por banda las dos enfermeras que habían sido mis mentoras durante el rotatorio, me llevaron al cuarto de limpieza y me dieron una charla. Me dijeron que hice bien, pero también que  hice mal. “No dejes que nadie, nadie, te pise ni te haga sentir inferior”. Así acabó su charla en el cuarto de limpieza. Con eso y con un “sal inmediatamente de la unidad y busca a tu tutora, lo sabe toda la unidad y si lo cuentas tú antes, llevarás ventaja”. Así hice. Tras la reunión con la tutora, me preguntó si tenía alguna duda. Sí que la tenía: “¿Me expulsareis o sancionareis?” Me dijo que no me expulsarían por esto, pero que no me sorprendiera que me sancionasen, y me recordó que la tutora estaba para mediar, que lo mejor que podía haber hecho hubiera sido llamarla el día anterior, mientras esto estaba sucediendo.

Creo que lo mejor que puedes hacer es seguir el protocolo de llamar a tu tutora, y hacerle ver a la Maldita Zorra que no es manera de tratarte, que eres una persona, como ella, un estudiante, y decirle que todos hemos sido estudiantes, que por favor tenga paciencia con tu “inutilidad”. El tragar y tragar, lo único que te lleva es a que explotes y que hagas cosas de las que te vas a arrepentir luego.
Esta Maldita Zorra con la que me crucé no fue la única, pero sí la que más me tocó, con el tiempo aprendí a ignorar, que "a palabras necias, oídos sordos", y ya no sólo cuando llevo el uniforme, lo mejor es llevarlo con humor y untarte de mantequilla, nena: que todo te resbale.


Con amor, sintiéndome viejuno, desde la Costa del Nublado.

"Malditas Zorras" escrito por Mí, ft. Morgan Freeman y la Pastilla de Jabón.
No agradecimientos a las Malditas Zorras.

2 comentarios:

  1. Antes de nada, he de decirte que ERES UN CRACK!! Muchas gracias por tomarte la molestia de escribir esta entrada.
    La verdad, después de leerla me ha ayudado a superar el mal trago que he tenido este jueves, pues creo que me ha tocado estar con la maldita zorra que también va a marcar mi carrera, pues en 1 hora ya me ha hecho sentir que estos 3 años estudiando no habían servido para nada. La frase: "en un día había conseguido esta Maldita Zorra hundir mi autoestima, mi seguridad, mi ilusión..." es acertadísima para lo que me ha sucedido con esta mujer. Ha pasado las 7 horas del turno bombardeándome a preguntas y haciéndome ver que no sabía nada. Pero gracias a esta entrada me dado cuenta que hay que pasar de esa gente, y dejar que todo te resbale. Por suerte, espero no coincidir nunca más con ella en este rotatorio...
    Muchas gracias por volver a escribir, y como te digo siempre, espero que sigas deleitándonos con tus entradas.

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    1. A ver... así en petit comité, también me gustaría sugerir el asalto en el párking y la tortura hasta la muerte, pero eso no lo puedo decir en público. =P

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