Llevo bastante tiempo sin escribir, ya no sólo publicar. A veces pienso que se pierden capacidades, y a decir verdad, lo que me doy cuenta que se pierde es práctica. Es como cada vez que me vuelvo a calzar en unos patines: trastabillo un par de veces, pero al poco vuelvo a ser fluido. Con esto de soltar palabras y que cobren un sentido medianamente aceptable, es igual.
El motivo de mi ausencia es complejo, a la par que interesante para algunos. Para otros, dejais de leer. Se me juntaron muchas cosas: un ordenador roto, unos turnos detrás de otros, poco tiempo para dormir y descansar, 0 ocio, que eso es de vagos y comunistas, varios favores a unos y otros y una muñeca rota. La derecha. Soy diestro, o sea, que uso la mano derecha, nada de capacidades precisas.
Estar de baja es algo que se dice que a los españoles nos encanta. Bueno, pues a mí no. Ya no sólo eso, sino que cuando tampoco puedes hacer mucho en tu tiempo de convalecencia, en mi caso me lleva a la desesperación. En la Costa del Nublado, cuna de la Revolución Industrial y del capitalismo, y juego de mesa de la Dama de Hierro; eso de darse de baja es algo que tienes que pensarte muy mucho, que diríamos los de alfabetismo dudoso, mas, a eso llegaremos. A lo de lo que supone estar de baja en la Costa del Nublado, no sobre el alfabetismo español. Pero para ello deberéis leer el rollo que voy a soltar, carente de importancia y con chistes malos, pero que de un modo u otro placen mi ego... sí, algo así como un escrito del Realismo.
Mi semana había sido larga: empezó tal que un miércoles, y se iba a prolongar hasta el lunes de dos semanas hacia adelante. Sí, unos 10 turnos. En principio iban a ser 6, descanso y 2, peeeeero, una puta con disponibilidad absoluta siempre tiene el teléfono encendido. Pues en adición, durante unos tres turnos en la Cloaca me quedé más tiempo, un post-turno. El motivo: no había enfermera para recogerme el turno, y puesto que era la Cloaca y las enfermeras a las que encasquetaba esta situación eran Panoramic y la Sis, decidí quedarme un poco hasta hacer unas 3 horillas más, lo justo para repartir las rulas y dejar el tinglado un poco recogidito y no muy revuelto, esto supone un total de.... 15 horas de trabajo. Pero lo gracioso venía cuando volvía a entrar de guardia en 9 horas. Es divertido cuando vives así, tiene su emoción ponerse al límite y ver hasta dónde llegas, a todos nos gusta que nuestro mayor rival seamos nosotros mismos.
Cuando llegó el día en que descansaba, bueno, descansaba... OffUcK (ya lo conocéis si seguís el bloc). En estas que a las 2 de la tarde me llega un mensaje de texto requiriendo mis servicios para una residencia nueva. Yo ya he ido cogiendo la costumbre de que cuando me ofrecen cosas que no me interesan, ni siquiera contesto el mensaje... pero eso es ahora, en su día contesté diciendo que no podía. Craso error. El hecho de contestar a una proposición en vez de ignorarla da lugar a que la otra parte te haga descubrir un atisbo de interés en la propuesta. O sea, que te persuada y de paso se asegura que le escuches. Yo finalmente escuché. Me lo pidió Jonny LGEML, y teniendo en cuenta su labia y mi predisposición a siempre echar una mano, acepté. Me dí una sobada rápida y fui a trabajar.
Hay cambios de turno que se prolongan, luego están los porculeros. A mí me tocó un segundo. Todos muy contentos, coincidí con varios spaniards, me contaban anécdotas etc. Era ese cambio de turno del cual no se habla del cambio de turno. Finalmente salí media hora después, asqueado y bastante cabreado. Luego un encadenado de problemas y al hospital. (Aquí viene la carnaza, lo que quereis)
Los paramédicos, muy majos, los cuales no abundan, me llevaron, hicieron chistes y tal. Conté con algo a mi favor: el uniforme. Sí, sé que es una guarrería y creo que os he hablado de ello anteriormente, pero aquí sales de casa con el uniforme y vuelves del turno con él (puesto siempre). Pues fue todo muy de buen rollito. Los paramédicos me caen mal, no lo negaré, sí la lista de gente que no me gusta aumenta y cada vez es más larga, pero aquí tengo motivo: por regla general son prepotentes. Hay quien puede decir que es envidia. Bueno, no es envidia, es que no entiendo que una persona que hace un curso y luego ascienda en su escalafón por cursitos de pinchar, leer electros, conocer dosis etc, esté más valorado que una enfermera... aunque conociendo a las enfermeras británicas... pero eso es otra historia.
Ya en el hospital volvió a surgir la magia del efecto uniforme: todo sonrisas, todo buenas caras, y por dentro todos pensando que puede ser el peor día de la semana, eso de tener de paciente a uno de la profesión, no mola. Tuve la bendita suerte que me tocara lo que se llama Junior Doctor (y mi pregunta: ¿estarán doctorados?), en este caso una mujer... con ese atuendo tan característico de departamento de urgencias británicos, lo que también hemos acuñado como Bofetada al Vogue. Casaca, pantalón de lycra y deportiva. Muy formal en la presentación me dio su nombre, el cual como no me importaba, olvidé.
Tras radiografiarme decidió que yo estaba bien y que lo de mi muñeca era una mera contusión. Y es aquí donde comienza la pesadilla del profesional: no estaba conforme. Ella un poco molesta me preguntó que qué pretendía que hiciera... lo cual me sentó un poco mal y con tono cortante le dije: ¿Qué tal una oblicua?
Me miró con sospecha y me dijo más molesta aún que buscaría a un adjunto. (¡Cómo un enfermero va a decirle qué hacer!) El adjunto sólo por la clínica me diagnosticó, y recibí la disculpa de la Junior. Tras confirmar (con una oblícua) la fractura, me dijo el adjunto que llamaría a la "enfermera especialista en escayolas". (pum! sí, mi cabeza hizo algo por el estilo) Con dulzura le pregunté si ninguna otra enfermera del departamento de urgencias sabía poner una escayola. Él me miró y rió diciéndome: Amigo, esto no es España.
En ese momento me arrepentí de haber dicho a Panoramic, cuando cancelé mis turnos con ellos, que no viniera.
Tras cinco horas de reloj esperando a la famosa especialista, pude observar ese sistema hospitalario como paciente (horroroso término, por cierto, ya no sólo por su valor sino por su etimología). Yo tuve la suerte de llevar uniforme y los paramédicos me ofrecieron un chute de morfina, el cual, con gran pesar decliné. A medida que pasaba el tiempo en las urgencias y que mi sentido del humor se veía deteriorado, le dije a la Junior en algún momento que necesitaba analgésicos. Ella queriendo enmendar, me ofreció el famoso Cocodamol (codeína+paracetamol). Yo os soy sincero, me gusta el Tramadol (o adolonta, que no quita el dolor pero atonta), y le dije que si Tramadol, nos llevaríamos mejor. Y como quien juega al poker, dobló con un 2 de cocodamol y un tramadol. (Sí señor, ella sí que sabe jugar) Así, bien acompañado de opiáceos pasé el tiempo en mitad de una unidad, sentado en una incomodísima silla, con todas las heridas, la sangre, etc. ya no sólo al aire, sino a la vista de todo el que pasaba por mi lado. A mí me da igual la imagen que diera, pero entiendo que la gente común no disfruta ni le deja indiferente la visión de carne rota y sangre.
Pasadas estas 5 horas en las que casi me levanto y salgo por la puerta me aparece la "enfermera especialista en escayolas" que tras su formal presentación con nombre, apellido, grado y color de bragas; los cuales no recuerdo ninguno, ya no sé si por las drogas o porque me daba igual también, procedió a escayolarme.
Yo sin querer miré, y recordé mis días en la trauma de urgencias... dorados tiempos aquéllos, pero están muertos, aunque no tanto su recuerdo, por lo que me acuerdo a la perfección cómo la gente me llamaba de todo cuando tenía que colocar en posición una muñeca rota. Eso sumado a los resquicios de anatomía que alberga mi mente, llegué a la conclusión de que la compañera no estaba haciendo la tracción. Ella me miró dulcemente y me dijo: no quisiera hacerte daño. (Genial, bonita, me acabas de confirmar mi paranoia, gran error).
Ella, contenta con su faena, se dio la vuelta e iba a irse cuando le dije que si no le importaba curarme el resto de las heridas. Molesta, con suero y unas gasicas (Señor, ella es especialista en escayolas, no en heridas) me dio boleto, y con un adhesivo de gasa me mando pa casa. (Pos ole sus ovarios).
Finalmente el Mendicante Veterano, el adjunto, ese con pinta de Turk de Scrubs... sólo que blanco, con barba de dos días (o madurito jaquetón, como oigo por algunos círculos), más delgadete... vamos que clavadito.
Pues me dijo que unos dos meses con el yeso, y obviamente, luego fisio.
Oh My God! What The Fuck! Y llamó LGEML...