Esto es lo común, luego, aunque no es obligatorio, pero nos lleva a pensar que las cosas importantes suceden entorno a una cama...
Habiendo hecho uso de la neurona encargada de filosofar, continuaré con mi verborrea común.
Mi estancia en el hospital como ya se ha ido dejando claro, no ha sido para nada alegre ni me he llevado una buena impresión, ni nada de nada. Diría que he sacado muy pocas cosas buenas de toda la estancia. Ahora hablaré de un eterno tópico: "la comida de hospital". En España, si os digo la verdad, las comidas que probé, no estaban nada mal, ya veis, lo mio y los hospitales es preocupante. A las 8:30 llegaba el desayuno: porridge, weetabix, cereales o tostada. La tostada sin mermelada por lo común, asi que casi siempre me decantaba por los cereales. A las 10:00 un té o café con galletas o pastel. A las 12:00 la comida: sopa de primero (que más bien son purés) y de segundo... en fin. A las 14:30 el té o café con galletas o pastel, a las 17:00 la cena y a las 19:00 un té o café con galletas. Y hasta las 8:30 del día siguiente. Personalmente con la fiebre y el bajo estado de ánimo, comía más bien poco, pero teniendo en cuenta el poco apetito que tenía y que me venía comida constantemente, nunca tenía hambre. Bueno, a las 21:30 siempre empezaba a rabiar del hambre, pero ya no había nada. Las auxis y los médicos se empezaron a preocupar: que si comía poco, que si no comía nunca. Lo que yo les explicaba y ellos no entendían era que no me daba tiempo a tener hambre, y encima la comida que me traían no me gustaba. NADA. El menú se basaba en carne y pescado, lo cual no me entusiasma mucho. Comí pasta un día, lo recuerdo: lasaña de verduras fatalmente cocinada. Y yo acabé aceptando que no comería en condiciones hasta que me dieran el alta, de hecho se lo dije al personal. No voy a comer, no porque no quiera, sino porque no me gusta vuestra comida, lo que acostumbráis a comer en Reino Unido. Entonces me ofrecieron gelatina, y vi que era bueno, y me tomé gelatinas.
Pasados unos días encontraron un bichito en mi hueso, que era sensible al flucloxacilina, pero decidieron que como ya había estado en tratamiento profiláctico con amoxicilina, no era necesario. A la semana tuve un pico de fiebre. Las heridas de la pierna se curaron un total de 2 veces en la estancia de dos semanas de hospital. El motivo es que nunca había una enfermera con el "training" para hacer curas, y claramente su objetivo era el de secar la herida y poner puta Manuka Honey de la cual estoy hasta los mismos. La usan como panacea, y creo que ni siquiera saben que existen otros apósitos, y pensé: Yo estudié por mi cuenta sobre curas, y me metí en el tema de apósitos, etc. y no estoy capacitado legalmente aquí para decidir qué tratamiento pongo en una herida, pero estos que lo están no saben utilizar ni una gasa. Una cosa que me llamó mucho la atención fue la perfecta técnica estéril, sí, estéril, que practicaban en mis heridas cerradas en costra. Impecable.
Cuando cogí fuerzas llegó el equipo de fisio, y me empezaron a enseñar a manejarme con las muletas. Para gusto de ellos, demasiado rápido, puesto que empecé a bajar escalones de dos en dos y a utilizar una muleta para las distancias cortas. Al parecer les traía por el camino de la amargura. Fueron sin duda de todo este ingreso los que más contribuyeron a mi mejora. Sí, ni auxis, ni enfermeras, ni médicos, si a alguien tengo que ponerle la medalla es al equipo de fisios. Y desde el momento en que empecé a caminar, ya nada fue igual, podía darme paseos, podían venir a verme mis amigos y Mía (que gracias a ella pegué un buen acelerón en mi recuperación) cuando quisieran, porque podía salir de la unidad y santas pascuas. Así es, el horario de visitas en una planta está tan restringido que da miedo. Un total de tres horas separadas en bloques de hora y media. Y empecé a ser el paciente desaparecido. El personal me dejaba notas en la almohada para cuando volviera a dormir. Bueno, en realidad no, era una exageración. Al parecer a algunas personas del turno de noche no les hacía mucha gracia que a la una de la mañana yo andase dándome paseos por la planta. Una vez una enfermera cabreada me dijo que por qué no me iba a dormir, y le contesté que porque no tenía sueño. "¿Quieres un somnífero?", me dijo. "¿Quieres llevarte una hostia?"
pensé. Pero al final opté por el diálogo, y dije que suelo trabajar de noches, y que me cuesta retomar un sueño "normal". Tampoco ayudaba mucho el box en el que me encontraba, porque yo no tenía habitación, ni compañero de habitación. Estaba en un box con 6 personas, la mayor parte desorientados. Se me ocurrió preguntar por las habitaciones que había privadas, a lo que me dijeron que estaban reservadas para casos de aislamiento, o de que fueras una mujer con un dedo roto que lee el HELLO! (¡Hola! de España).
Teniendo en cuenta que la media de edad era de 60 años, no tenía mucha gente con la que conversar, y de hecho a veces me preguntaba quiénes eran ingresados. Si, sí, no sabía a menudo quiénes estaban ingresados. Aquí el concepto de pijama o batín, no existe. No los hay. Tú te traes ropita de tu casa y te manejas con eso. A mi ver está bastante mal, principalmente por motivos de higiene y control de la infección, lo cual les encanta. Protocolos de control de infección tan efectivos como dejarte las mismas sábanas durante tres días. Personalmente eso nunca lo he visto en un hospital. Las sábanas se cambian todos los días en la mañana (por lo menos), lo recuerdo de mi primer año de estudiante.
En fin, que las dos semanas que me tiré en el hospital no fueron de placer. Probé a ser un buen paciente, probé a ser simpático, probé y probé su comida y no me gustaba, probé a entender la incompetencia de tantas y tantas enfermeras... probé y probé... Finalmente llegó un día la médico con el elenco de fisios, terapeutas ocupacionales, residente y la enfermera "consultant" de banda 7 (o 6). Esto fue a las 8 de la mañana, y pensé: "Ya me la he ganado, vienen a vengarse". Sin embargo, me sonrieron y me dijeron que me iba, que me daban el alta. Luego el alta no me la dieron hasta las 17:30, pero el caso es que me la dieron y era libre de irme. Bueno, no sin que antes el enfermero se cerciorase de que sabía autoaDMINISTRARME UN PUTO CLEXANE. Eso sí, quitando la burbujita de aire antes, que es muy peligrosa.
para los que creen que me lo estoy inventando (fuente vademecum), puesto que no es el primero al que oigo decir que hay que quitar la burbujita del clexane.
Así que guardaos de las burbujitas, a no ser que sean en la bebida, un saludo desde la Costa del Nublado.
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-¿Así, sin más? Esperaba una reflexión más profunda de los hospitales, de la atención, de...
-¿Ves que yo escriba para algo más que para complacer mi propio ego y escucharme a mi mismo en OFF cuando releo lo que he escrito?
-...eh...
-De hecho tú suenas con la misma voz en mi mente, porque soy yo mismo.
-Joder, esto es más chocante que el "Luke, yo soy tu padre".
¿Cómo estás después de todo esto? Un abrazo desde el más allá.
ResponderEliminar¡¡¡Joder, no saludes desde el más allá, que da un mal rollito de cuidado!!!
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