Los guiris, británicos y demás gente europea, que no europeizada, bajan a latitudes más cercanas al ecuador en busca de birra, tabaco, y fiesta barata, aderezado con buen tiempo. Han llenado la llamada Costa del Sol... Mientras, nosotros mediterráneos, españolitos, enfermeras mayormente, vamos ocupando silenciosamente la llamada Costa del Nublado. Aun lo ignoran, pero aquí nos haremos fuertes y la acabaremos conquistando.


Bienvenid@s a mi blog de enfermero emigrante y mis aventuras en la Costa del Nublado.

domingo, 27 de julio de 2014

Ser paciente activo II.

 "Bienaventurados los que creen, porque ellos verán a Dios". Y ciertamente, creyendo yo que las Pilis son en general unas incompetentes y puede que densas, me encontré en numerosas ocasiones observando con gran pánico cómo la Pili de turno o la británica de turno, me endiñaba el antibiótico en bolo. Y además, no vayamos a llorar, a ritmo rapidito, de esto que notas cómo el bolo recorre la vena hasta fundirse en el torrente de la subclavia.  Amén.

          A lo largo de mi vida me han explicado que hay que ser paciente, mi madre se hartó. Hay que ser paciente a la hora de complacer tus pulsaciones, que diría Freud. Que hablando de Freud, me acuerdo el broncazo que me cayó por parte de la profesora de Psicología en el instituto. Me ofreció eso que algunas personas consideran una amenaza: "Como vuelvas a pronunciar Freud, en vez de Froid, te suspendo". Nunca entendí el motivo de que lo considerasen una amenaza, fue una oferta bastante clara y en la que tenía poco que perder y mucho que ganar. Pero estábamos hablando de las necesidades. Pues eso, desde pequeños tenemos que controlar nuestras necesidades: cuando hay hambre, cuando hay sueño, cuando nos hacemos pis... ¿cuántas personas no han llegado a tiempo al baño porque hay que aguantar el pis y no mear en una plaza pública? Y de ahí a aquí hemos llegado a ser pacientes, pacientes para todo, incluso cuando nuestras necesidades son inminentes. Si hasta en la carrera te dicen que hay que ser paciente (que el primer día pensé: "pues ya pueden ser las camas grandes para que quepamos los dos"): paciente en tus necesidades, paciente respecto las necesidades de nuestros pacientes, pacientes ante la impaciencia de nuestros pacientes, y pacientes ante la inexcusable estupidez de muchos de nuestros impacientes y/o sus familiares. Nos hablaron siempre de "el buen paciente" y que eso estaba muy feo. Un paciente no tenía que ser bueno. Un paciente no debe de esperar. De ahí que mi cabecita hizo flush y una neurona hizo washaaaa, y en fin desde entonces mi cabeza no funciona igual.
Y por tanto decidí, que procuraría llamar menos a las personas que cuido, pacientes, y más por sus nombres. A veces motes. A veces no ofensivos. Casi nunca. Casi nunca en su cara. Me estoy pasando con las explicaciones.
          Hubo un momento en el que me quise meter en el papel de buen paciente. ¡Qué coñazo! En ese momento entendí que un timbre puede ser altamente divertido. Pero por desgracia la responsabilidad me impidió pasármelo bien. Me pregunto si lo hubiera hecho, si no me hubiera odiado a mí mismo... si no me hubiera dedicado a quejarme de mí mismo con mis compañeras y amigos cuando venían a visitarme:
- Joder, soy un puto coñazo, cada cinco minutos con la mierda del timbre. ¿Y sabes pa' qué? Pa' ná. Porque si todavía quisiera o necesitase algo, pero no, es por tocar los huevos.
- Lo mismo es que te aburres.
- Pues traedme un puto libro, o una buena conexión a internet, ¡que en este hospital no se coge naaaaa! ¡Tráeme la mierda del timbre!
Es una adicción. Yo de hecho encontré una vez a una abuela que saltó desde las barandillas de la cama para quitarse la vida por no encontrar el timbre. Hay quien dice que la mujer quería ir al baño y que intentó ir y claro, se cayó y murió.... pero no, no, no, eso es el síndrome de abstinencia, que les deja destrozados en la cabeza y si se quedan sin su timbre les entra el mono tope chungo y claro, a veces las cosas se van de las manos.
          Pero como iba diciendo, se me ocurrió hacer de paciente bueno. Tras mi pelea con la Enfermera del dolor que me quitó la bomba de morfina porque me daba dolores de cabeza (ya sabéis, esto de que estalla y pues como cuando vas a las Fallas), y su iniciativa y arrojo al recetarme Paracetamol para aliviar el dolor... empecé a tener el ya previsible pico de dolor. Eso junto con el mono, seguramente. Pues en este proceso, siendo el buen paciente que toda enfermera quiere tener, me dio por aguantar y callar. Hasta que literalmente no podía hablar. Y es así como conocí a una excelente enfermera británica. Siempre supe que hay excepciones que confirman reglas: por ejemplo el que sea tan poco femenina y tenga la regla. Espera... creo que quería decir no tener la regla... en fin, que esta enfermera era buena. No necesitó que yo hablase, supo qué me pasaba. Me observó y me preguntó: "¿qué tal?". Asentí. Y luego: "¿tienes dolor?" Y asentí. Y me preguntó: "¿desde cuándo?" Y respondí con algo que no sé si fue llorar de risa, reírse de lloro o un poco de los dos. Comprobó mi KARDEX, que es lo mismo que una hoja de tratas de España, pero más molongo, que para eso tiene ese nombre; y comenzó a soltar de todo por la boca. Llamó a los del Equipo del Dolor con su flagrante Enfermera Especialista en el Dolor y tachaaaaaaán, conseguí tramadol. Y un rescate de morfina oral. Mientras tanto, entre que subían y no los del Equipo del Dolor, esta enfermera se le ocurrió una locura que sólo se le había ocurrido en todo este proceso a otra persona hacer. Tomarme la mano. Y de nuevo... no sé explicarlo, pero me dí cuenta de lo poco que utilizamos el contacto físico, con las grandes virtudes que aporta.
Esta misma enfermera fue a la que le dije que no quería seguir con la sonda vesical, que ya llevaba tiempo con ella, y que para qué tenerla. Me preguntó si realmente no la quería, a lo que obviamente asentí. Yo esperaba que fuera a hacer la típica llamada al médico y que tal y cual. Pero no. Y extrañado le pregunté: ¿así sin más? A lo que me respondió: ¿Quieres esperar dos días más a que decidan qué hacer? Y claramente dije que no. Y mientras me retiraba la sonda me dijo: "Con esta gente es mejor pedir perdón que permiso".

          Los días fueron pasando, y así las visitas también. Gocé de la visita de mi hermana, de la de Mia, de la Sis, de Panoramic y el Ginger, de Crazy J y su moza (que por cierto, la fiesta de pedida de mano fue un poco aburrida...), de mi mecánico (el pobre llorando y llorando, iba a tener que cerrar el taller ya que no iba a llevar más mi moto), de la Italiana y el Ingeniero... y otros tantos que no conocía. De hecho empecé a pensar que la gente se estaba viniendo arriba y venía a visitarme la Costa del Nublado entera.
Y así los días iban pasando y entre fiebres, dolores (llámame Lola), y mi cojera fui poco a poco cogiendo fuerzas. No porque la comida... no. Sino porque finalmente el equipo decidió hacerme una transfusión de sangre. Bravooooooo. Hubo un cambio importante, empecé a ponerme de pie y a utilizar un taca-taca. ¡Qué risas y qué diversión! Eso sí, por parte de mis colegas, a mi no me hacía ni puta gracia. Y así fue cuando comencé con el taca-taca cuando conocí al adorable equipo de Fisioterapia, y Terapia Ocupacional, pero estos últimos eran un poco más coñazo: que si querían ver como me apañaba para comer, cómo me apañaba para caminar y bajar de la cama, y al sillón, y a la cama, y dame la patita, hazte el muerto, ah, perdona que ese es el de la cama de al lado, cámbiate de ropa... y yo pensé: "joder qué acosadoras y pervertidas, ¿no tendrán algo mejor que hacer en vez de verme cambiar de ropa?"

          Todo iba poco a poco bien, mejorando, y sabía que algún día me darían el alta... o la baja.

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