Los guiris, británicos y demás gente europea, que no europeizada, bajan a latitudes más cercanas al ecuador en busca de birra, tabaco, y fiesta barata, aderezado con buen tiempo. Han llenado la llamada Costa del Sol... Mientras, nosotros mediterráneos, españolitos, enfermeras mayormente, vamos ocupando silenciosamente la llamada Costa del Nublado. Aun lo ignoran, pero aquí nos haremos fuertes y la acabaremos conquistando.


Bienvenid@s a mi blog de enfermero emigrante y mis aventuras en la Costa del Nublado.

viernes, 25 de julio de 2014

La ficha de parchis

          Estando en el metro decide meter su mano en el bolsillo. y jugueteando con los dedos en el fondo del bolsillo, se topa con ello. Lo roza, lo acaricia, lo pasa entre los dedos. Haciendo una pinza, decide que es hora de que vea la luz.
          El joven de enfrente mira la mano de aquel viejo, que tiene entre sus dedos una pequeña ficha verde. Pobre, piensa, estará ahora impactado, se dice mientras retira la mirada de un tomo de geriatría. La mujer de su lado, con el niño en su regazo, sonríe, y recuerda cuántas veces se ha encontrado en el bolso "regalos de sus hijos".
          El viejo sostiene, con la delicadeza con la que se sostiene en unas pinzas un valioso sello, la ficha. Mira entonces abstraído por la ventana, como quien observa en el tren el paisaje. Pero la soberbia humana sumergió el tren y privó al viejo del paisaje y tuvo que recurrir al recuerdo. Y sonrió.
          El estudiante sentenció, confundió en su casa la ficha con una moneda, y siendo ahora consciente de su senilidad, sonríe procurando ahuyentar el fantasma de la demencia. La madre apretando imperceptiblemente al hijo con amor, establece el hecho de unos nietos traviesos que le metieron la ficha en el bolsillo.
          El viejo recuerda una tarde de su niñez, otoñal, jugando al parchís. Allí la conoció. Con esa ficha que sostiene hoy; antaño, en la primera tirada la sacó. En dos más con esa ficha la comió y otras pocas tiradas la metió en meta. Esa ficha era la metáfora de sus deseos, pero pasó el tiempo, la dolescencia pasó con su pasión, y la madurez supuso la realidad y el enterramiento de las ilusiones, y creó una vida. 

Pero aun mantiene esa fichita verde, nunca la olvidó, ni se ha separado de ella.

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