Los guiris, británicos y demás gente europea, que no europeizada, bajan a latitudes más cercanas al ecuador en busca de birra, tabaco, y fiesta barata, aderezado con buen tiempo. Han llenado la llamada Costa del Sol... Mientras, nosotros mediterráneos, españolitos, enfermeras mayormente, vamos ocupando silenciosamente la llamada Costa del Nublado. Aun lo ignoran, pero aquí nos haremos fuertes y la acabaremos conquistando.


Bienvenid@s a mi blog de enfermero emigrante y mis aventuras en la Costa del Nublado.

lunes, 2 de febrero de 2015

Auditorías, putas auditorías.

          Auditorías... putas auditorías...

Si eres una de esas personas afortunadas, o desafortunadas que no sé yo desde qué perspectiva abordarlo, seguirás viviendo en España y... No, no, no. Mal, vuelvo a empezar.

Una de las tareas que aquí en la Costa del Nublado llevamos a cabo son las auditorías... (vale, creo que suena mejor). Pues las auditorías... sí. Las auditorías. ¿Habéis oído hablar de auditorías? Bueno, seguramente sí,¿ pero habéis llevado a cabo alguna? Si pertenecéis a esa parte del mundo que no ha realizado una, os envidio y doy la enhorabuena. Eso si es que no sois de Gestión/Administración, en cuyo caso dudo y mucho que me estés leyendo. 
Más allá de lo rimbombante que pueda sonar la palabra (¿cuál? Auditoría. ¿Auditoría? Sí, auditoría), en el fondo es uno de los mayores coñazos con los que te puedes tropezar en tu vida. Es una tarea tediosa, excesivamente tediosa. Cuando pensamos en la palabra... auditoría (Lo siento, tengo que decirla), pensamos que se va a tratar de algo así importante, que vamos a llevar a cabo una tarea, que, tssss, respeto, va a contribuir y es un pilar esencial para que esta, la pirámide administrativa de la institución, sea cual sea, se mantenga en pie. 
Bueno, quizá lo sea... en lugares en los cuales se audita con cabeza.

          Aquí, en este rincón del mundo, les encanta maquillar todo con palabras bonitas y nombres contundentes, para llevar a cabo gilipolleces. Desde que estoy en aqueste lugar, he realizado incontables auditorías, que si me paro a pensar, si quisiera en un futuro en España solicitar un puesto de gestión, a palabrería no me ganaría nadie. Sí, sí, ¿auditorías? Todas las que quiera y más. Puedo auditarle hasta las veces que sus calcetines están a juego, déme un papel y un boli y un calendario, yo se lo organizo todo.
De las auditorías que más me cabrea realizar son las de medicación, las de absorbentes para incontinencia (sí, los pañales o compresas de toda la vida, pero, eh, queda muy bien así dicho) y mi favorita: auditoría de las auditorías realizadas por mis iguales (que no compañeras. A más de la mitad me encantaría estamparles mi taza de té en la cara a la hora del relevo). 
Las auditorías de medicación son muyyyyyyyy comunes. Dicen que son para verificar un buen uso de los medicamentos, mantenerlos dentro de las fechas de consumo preferente, y comprobar que a nadie se le ocurra traficar con paracetamoles. True Story. Cuando llegué aquí, pues en fin, me llamó la atención tenerme que poner a contar y contrafirmar y guardar en una caja fuerte las benzodiazepinas. Todos sabemos que las drogas se controlan, por eso de que se puede traficar con ellas, o que simplemente son potencialmente adictivas y en fin, un trajín, que todos estamos de acuerdo en que los opiáceos y estupefacientes se deban mantener bajo estricto control. Pero... ¿un puto diazepam de 2mg? Pues sí. Y a medida que avanza el tiempo y que me he ido adaptando a la cultura y conociendo un poco cómo esta gente se comporta, he llegado a la conclusión que necesitan que esa droga se encuentre bajo estricto control. Existe tráfico de diazepames o diazepanes, la verdad que nunca me he parado a pensar cómo se escribe en plural, si es que se escribe en plural... lo mismo se escribe en singular para el uso de plural. Joder, qué lío. El caso es que aquí la gente se enchufa los diazepam para colocarse, eso si van de tranquis; que si van a tope con la BBC, algo parecido a ir a tope con la COPE en Madrid, se los enchufan mezclándolos con alcohol, vodka por ejemplo, y si van en plan de Máxima FM, plan Rave o vete tú a saber, los mezclan también en el cóctel con un poco de MDMA. Si puestos a disfrutar que sea a bien. Como en su día me dijo Crazy J. al tener el accidente, su sms rezaba así: "Muy bien hecho, chaval, si vas a hacer algo, que sea bien". La moto quedó siniestro total, pero afortunadamente nadie Bailó sobre mi tumba con zapatos de claqué.

           Pero a lo que iba, las auditorías de paracetamoles: lo justifican como una medida que es beneficiosa para los usuarios y las finanzas de la institución. Yo lo planteo de otra manera, llamadme rebuscado, pero es mi impresión. Cuando encontramos una discrepancia en el recuento de paracetamoles, mirtazapinas o atorvastatinas, debemos dejarlo constar en una hoja, hoja que será revisada por el Director/Supervisor, quien llevará a cabo las medidas disciplinarias. Si, medidas disciplinarias. Si te olvidas de firmar un cuadrito en el que corresponde para el adcal, puede suponer una sanción. Esto lleva a currar con miedo, y ya no sólo eso; si se te cae una rula, al menos en los lugares en los que yo he estado trabajando, estás obligado a coger la pastilla del suelo y ponérsela en la boca. Que bueno, si nos basamos en la regla de los 5 segundos... si estás de erasmus, y la cuenta con dos cifras los segundos tienden a infinito, pero eso es otro caso. Pero hay casos peores: que se la meta en la boca, se le caiga, y con las babas ruede por la moqueta, recoja las pelusas y restos de vida anteriores al neolítico... en este caso también has de dársela. Eso o no dar esa medicación. El motivo es porque la tienen contada, y el proveedor de farmacia también lleva a cabo una auditoría por la que te ponen puntos negativos si haces gasto de más. O sea, un círculo vicioso en el que "por el bien del usuario o se toma una pastilla del suelo, o se queda sin pastilla".

          Además tus "compañeras" con tal de librarse del marrón, tardan poco en apuntar la omisión/falta de registro/discordancias llámalo x, lo que acaba por convertirse en un ambiente de trabajo de desconfianza, miedo y a la defensiva. En ninguno de esos tres conceptos veo el bien del paciente o usuario. Lo que veo es la búsqueda de chivos expiatorios, así de claro, y por regla general son los trabajadores de agencia los que suelen llevarse el galardón, que me recuerda a Gallardón.

          En esta espiral de acusaciones, como en todo sistema que es "justo", te llega el momento de la venganza: nadie es perfecto y todos olvidamos en algún momento una firma, escribir tal cosa en un plan de cuidado o reflejar tal hecho de una manera "centrada en la persona" tal y como tanto insisten las instituciones, esas personas en las que enrollas una soga de ajuste de presupuesto. Ese momento de justicia, son las auditorías de las auditorías, en el cual si alguien te ha puteado, buscas en sus evaluaciones el más mínimo ápice de imprecisión para corregir o devolver el muerto. Un muerto que no lleva dando vueltas por la institución y que no llega al mortuorio hasta que no llega el jefe jefazo; un muerto que sin este sistema posiblemente nunca hubiera muerto. Ésa es la naturaleza humana, puedes ir de bueno, y poner la otra mejilla; pero llega un punto en el que cuando un tocapelotas se dedica a demostrar que es mejor que alguien, por orgullo profesional, acaba respondiendo con un ataque cuando se harta de defender.

          Con todo esto no quiero decir que las auditorías no sean necesarias, que sí (excepto la de paracetamoles y lactulosa, esas deberían estar prohibídas por el Tribunal Penal de la Haya), pero me postulo ante esta necesidad totalmente en contra de que sea llevada por, para, entre (hacia, hasta, según...) por iguales. Eso genera un enfrentamiento en ese escalón jerárquico, en las bases. Mi idea de la jerarquía es que tenemos a alguien por encima que va a ser el objeto de odio por los escalones inferiores, y que a la vez ejerce ese odio de motivo para mantener unido a los escalones inferiores y de ese modo otorgar una base estable, sólida y segura para toda la institución. Sin embargo, esta idea de que todos somos jefes, esa idea de siempre vigilante, resulta en un grave problema tanto en cuanto a la calidad de los servicios que se ofrecen, al no estar preocupándonos de lo que realmente importa (las personas que cuidamos y a las que debería servir la institución), como a la estabilidad de la estructura de la institución. Una base con un cemento frágil acaba provocando el colapso del edificio. El asignar tareas de jefes a iguales lo veo una práctica que conlleva o mucha, mucha capacidad y responsabilidad por parte de todos los miembros del equipo; o bien que es una treta para distraer a la base y que mientras se matan entre ellos, los escalones más altos estén tranquilos rascándose los cojones, viendo cómo tienen una plantilla dividida, luego que no es fuerte, a la que pueden manejar; y consigan además ahorrar grandes cantidades de dinero que nunca, nunca, nunca he visto repercuta en el bienestar de esas personas que acudieron a dicha institución para obtener un servicio, servicio que no es realizado con la calidad y respeto que debiera.

Contando zopiclones, que desde hace unos pocos meses también son una droga controlada, desde la Costa del Nublado.

PD: en realidad no estoy contando zopiclones, estoy sentado en mi butaca aguantando mi OfFUcK. Y en esta entrada ni fotos, ni vídeos, no tengo ganas.

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