Recuerdo la última vez que nos cruzamos y que hablamos: formalidades con cierto distanciamiento debido a la gente que nos rodeaba y una promesa: "Tenemos una conversación pendiente".
Pues bien, ya que tú no vas a venir a tenerla conmigo, ni vas a buscarme, vengo a tí, puesto que esta conversación lleva muco tiempo pendiente, demasiado, diría yo.
Cuando estudiábamos juntos en la biblioteca y nuestras interminables conversaciones en los bancos de la biblioteca, por messenger y tuenti, esos tiempos... a decir verdad ya ni siquiera tuenti lo abro, está perdido en la memoria, más o menos por donde quedó nuestra conversación. En los descansos, o desde tu casa leías mis relatos, mis escritos... te gustaban, me animabas, pero te quejabas de lo presente que estaba la muerte en todo lo que pensaba, hacía o escribía. Mi respuesta era: "Tengo que acostumbrarme, voy a ser enfermero, tengo que aprender a vivir con Ella". Y tú te quedabas en silencio. Pues bien, después de este tiempo, sigo sin haberme acostumbrado a Ella. Han muerto familiares, pacientes, residentes, de los cuales algunos han muerto en mi turno, otros en otro turno, algunos mientras estaba con ellos y algunos incluso han muerto con mis manos sobre ellos y el sudor en mi frente.
Y me he decidido a hablarte, escribirte, ya que me he acordado de los relatos que escribí, aquéllos que tanto te gustaron, mezcla de fantasía y una metafórica historia nada real. Y me he acordado cómo en ellos hacía referencia a la poca comunicación que existía entre los protagonistas, y ello me ha llevado a recordar que nuestro flujo de comunicación se quedó un poco estático ya un tiempo atrás. Todo esto también me trae a la mente la vez que me pediste que escribiera algo sobre o para tí. Pues en esas estoy... y créeme, me está costando un poco, entre la falta de costumbre y que realmente no sé por dónde empezar...
Nos conocimos de rebote, como esas cosas que pasan sin que ni los mismos protagonistas se enteren. Yo era un enlace, un acceso a Él, pero Él no mostraba interés, y yo era el único, de las personas más cercans a Él que estaba inclinado hacia tu causa. Como decían en "Lo que el viento se llevó": Siento debilidad por las causas perdidas. Pero obviamente eso no te lo dije, puede que fuera un romántico, pero para nada un idiota. Hubo tantos giros, tantas confusiones, ilusiones, corazonadas y arrebatos... y lo que acabé teniendo certeza en cuanto a tí, era tu persistencia, tu fidelidad, tu perseverancia. Te debatías en esa línea en la que muchas personas estiman que limita la bondad de la ingenuidad.
Eras la chica fea del baile, aunque no lo fueras, te considerabas así, al estar tan sumamente ignorada. Y como suele pasar, también en las películas, mientras estabas entretenida admirando, alguien que sí te apreciaba por como eres, te había convertido en su guapa del baile.
Reíamos mucho juntos, y alguna lágrima derramaste también, una vez tuvimos que salir de la biblioteca por el ataque de risa que nos dio. Y luego, cuando no sabías qué elegir a la hora de estudiar... tampoco fui de gran ayuda. Se podría decir que lo que sobre todo fui para tí fue un oyente.
Y aquí me encuentro, escribiéndote, sin saber muy bien qué decir, sin recordar apenas de qué iba a tratar aquélla conversación pendiente. Apuesto que tú tampoco. Cuando dejas algo pendiente tanto tiempo, acaba quedándose alterado, falto de importancia, si cabe. No recuerdo si era de tus amoríos o de los míos, sobre tu carrera o sobre mis miedos ante lo que se me venía encima.
Si hay un gesto con el que más sonrío es el de ilusión, como aquélla vez que perdimos las fotos de un finde juntos con amigos, y fui a buscarte a la puerta de la uni para darte la tarjeta de memoria. De hecho esa tarjeta no la he vuelto a ver, posiblemente me la fueras a devolver cuando se celebrase nuestra "conversación pendiente". Esa conversación en la que a día de hoy no recuerdo de lo que íbamos a hablar. Una conversación que posiblemente fuera a ser nimia. Pero tengo certeza de qué cosas te hubiera preguntado. Unas preguntas que me darían lugar a deducir cómo te encontrabas. Preguntas que cuando te las haces a tí mismo se convierten en retóricas y/o trascendentales, porque rara vez tienen contestación clara y porque nos hacen reflexionar demasiado sobre nosotros mismos y hace que nos deshagamos de todas las corazas y máscaras. Puede ser que hubiera tenido que ahorrar todo lo anterior y empezar con ellas:
¿Qué tal? ¿Cómo te encuentras? ¿Eres feliz?
Pero no voy a encontrar una respuesta por tu parte, no. Se van a quedar aquí para atormentarme y hacerme reflexionar. No las vas a contestar, y si lo haces, yo no oiré.
Olvidamos que en nuestra "conversación pendiente", lo único que realmente pendía frágilmente era la vida.
Los guiris, británicos y demás gente europea, que no europeizada, bajan a latitudes más cercanas al ecuador en busca de birra, tabaco, y fiesta barata, aderezado con buen tiempo. Han llenado la llamada Costa del Sol... Mientras, nosotros mediterráneos, españolitos, enfermeras mayormente, vamos ocupando silenciosamente la llamada Costa del Nublado. Aun lo ignoran, pero aquí nos haremos fuertes y la acabaremos conquistando.
Bienvenid@s a mi blog de enfermero emigrante y mis aventuras en la Costa del Nublado.
Este es mi escritor. Empieza. Seguro que en un retorno publicas tus memorias y triunfas. Cuídate. Mejor 2015.
ResponderEliminarPor cierto tengo tus historias antiguas aun.
Un abrazo.