Dicen que eso de las vacaciones son descansos legales que tiene que tener un trabajador. O algo así. Ahora, sé de personas que viven de vacaciones y de otras que llevan años sin unas vacaciones. Otros se merecen unas vacaciones de por vida.
Pero sin querer profundizar en ese tema... allá por febrero o enero del presente año, uno decidió que iba siendo hora de darse un homenaje, empezar a hacer eso que tanto dice. Y para empezar decidí que ya llevaba aquí un buen tiempo de seguido, que había estado teniendo una muy mala racha, y que un verano en la Costa del Nublado me lo temo como... asi sin ser redundante, como un ingreso en mitad del cambio de turno.
Así pues, compré un billete de ida a Madrid. ¿Cuándo? Antes de las eleccioens, mi señora madre me inculcó que era muy importante eso de votar, y como al final me arrepentí de por pataleta no ir a las Europeas, me dije: "cógete un billete en esa fecha". Y así fue cómo en la segunda quincena de mayo me encontré a mí mismo, con mi maleta de mano y una maleta de esa que llevan las mujeres para un viaje de dos días. (Lluvia de puñales).
Cuando estudié en la carrera, aprendí eso de que el trabajo no es un medio sino un fin (el final de la persona), necesitamos trabajar, así como necesitamos el descanso. Pero como yo me conozco, me planteé la necesidad de ocupar mi tiempo de algún modo mientras estuviera en estas vacaciones indefinidas. Llamé a unas cuantas personas, eché mi currículum en otros tantos y me senté a pensar, a pensar en un proyecto en el que había dado alguna vez alguna pincelada, pero que no me había atrevido a llevar a cabo ni a puerto. Aun que me encanta enrollarme, no os contaré la historia del proyecto, sólo el resultado: Siempre hay quien te apoya por descabellada que sea una idea, siempre hay quien critique tu idea y remarque en sus defectos, siempre hay quien quiere sacar algún provecho, y siempre hay quien quiere echarte una mano (a veces al cuello). Siempre me he considerado una persona de recursos y con imaginación, poco constante y muy tendente a la depresión y el derrotismo, que se contrarresta con un narcisismo repentino e ideas delirantes de grandeza. Lo vengo llamando desde la etapa del instituto "Teoría motivacional del ahogamiento", un día estudiaré Psicología y escribiré un pseoduproyecto científico en que explique que minar la moral de una persona es como cuando te estás ahogando, puedes morir. Pero si mantienes la calma y decides tocar fondo, puedes coger impulso y empujarte hacia la superficie. No lo prueben en sus casas ni en piscinas sin socorrista.
El caso, que desde un punto de vista de valoración de la agencia de enfermería (la de Orem, no para la que trabajo), bien sea por falta de capacidad, de conocimiento, o valta de voluntad suficiente, el proyecto no prosperó. Una de las tendencias suele ser culpar: al público al que iba dirigido, a tu entorno personal, y casi nunca a tí. Lo cierto es que todas las partes tienen en ocasiones algo de culpa, y el que menos siempre va a tener es el público, puesto que a este hay que comprarlo, tentarlo. Bueno, que al final nothing de rien, el proyecto se ha quedado en mi cuaderno de proyectos e ideas delirantes, y puede que algún día se le vuelva a dar un empujón, hay siempre muchas cosas que depurar, puesto que la perfección es como el infinito: inconcebible pero aproximable.
Derrotado por el mundo y por mi ego, decidí darme un premio (qué pasa, los premios no siempre van dirigidos a los resultados positivos), y me fui a Tarifa con Mia. ¿Hice algo ahí? Lo que se hace en vacaciones: dedicarse a disfrutar de las necesidades primarias.
A todo esto olvido hablar sobre otro proyecto que se me presentó, que otro día ya os hablaré de él. Y adivinad: tampoco salió adelante.
Y llegaron: las ofertas de trabajo. Sí, sí, no es coña. Yo cuando vine con el objetivo de estar a lo que surgiera, pero en mis planes no se definía como real la posibilidad de ser llamado para trabajar. Recibí una llamada de un hospital de estos públicos de gestión privada, y aun que le estoy eternamente agradecido a la persona que me llamó, no lo estoy tanto con el servicio al que fui a parar. Pero posiblemente eso también sea para otro día. Sólo decir que dí las gracias de que el contrato fuese sólo de un mes. Y cuando ya tenía yo mi cabeza puesta en mi próximo viaje a Roma, recibi otra llamada de un colega que conocí en un congreso, y que hemos coincidido varias veces, ofreciéndome dar mi currículum a nosequién para trabajar en nosédónde. Me volví loco, y le follaron al mundo y a mis expectativas de volver a mediados de agosto, y tuve un contratito de n mes en el ámbito de la salud mental, y este trabajo me devolvió un poco la ilusión, el cosquilleo ese de cuando daba mis primeros pasos en Enfermería y quería aprender más. Pero lo bueno, si es breve, dos veces bueno. Me despedí de las compañeras de aquéste lugar, en el que me desarrollé a su ver y a mi parecer, muy bien. Y fue una de estas veces en las que te despides con el mal sabor de boca, con ese presentimiento de que puede que sea la última vez que vuelvas a ponerte el uniforme para trabajar en ese sitio.
Mis últimos días de vacaciones, por que luego me dí otro lujo y me fui a Málaga un par de días, los pasé repantingao y haciendo malabares para ver a colegas y familia, y solucionar papeles y cosas pendientes, que de eso siempre queda.
Si algo me he dado cuenta es que "Dios da ojos al que no quiere ver", y trabajo a un cojo (que por cierto, al final del verano, después de un año, esto ya se me empieza a camuflar, y apenas se nota), por cierto, llegué a rechazar tres ofertas de trabajo y otra que no pude coger en la Resi en la que empecé a trabajar cuando salí de la carrera, algo nunca antes en España había hecho, y eso me llevó a valorar la posibilidad de que algún día... algún día. Y también me dí cuenta de que te vuelves más celoso de tu tiempo. Me dí cuenta que vas reduciendo tu ansia de querer quedar con todos los colegas, muchos nombres que antes estaban siempre en la cabeza de mis últimas conversaciones de whatsapp, ahora se han quedado olvidadas en la backup, con título de: "último mensaje: "que tal???" " con el doble check azul y no contestado.
Pero no nos pongamos tristes, que para eso ya está el clima de la Costa del Nublado. Así pues, tal que un 8 de septiembre o así, no recuerdo, con mi maleta de mano y mi maleta de esa que una mujer se lleva para dos días de viaje, preparadas ambas la tarde anterior, me despedía de las que pueden que hayan sido hasta hoy, mis mejores vacaciones de verano. Y aquí no acabó todo: me esperaba en Belfast la flamante Florence con Machine. Un pedazo de concierto, y me dí cuenta de que había comenzado mis vacaciones con un concierto de AC/DC y me despedía de éstas con uno de Florence and The Machine.
Algunos pensaréis que vivo muy bien, y quien no me conozca puede llegar a considerarme "pijo". No, hijos, no. Estas vacaciones han sido posibles gracias al esfuerzo y al ahorrar, aquí nadie regala nada.
Musicalmente y desde el Gay Bar, con amor desde la Costa del Nublado.
"Endedicado a aquéllas personas y organizaciones que me han hecho disfrutar de este verano. Al HIL una mierda pinchá en un palo, por casi robarme la ilusión del todo".
Los guiris, británicos y demás gente europea, que no europeizada, bajan a latitudes más cercanas al ecuador en busca de birra, tabaco, y fiesta barata, aderezado con buen tiempo. Han llenado la llamada Costa del Sol... Mientras, nosotros mediterráneos, españolitos, enfermeras mayormente, vamos ocupando silenciosamente la llamada Costa del Nublado. Aun lo ignoran, pero aquí nos haremos fuertes y la acabaremos conquistando.
Bienvenid@s a mi blog de enfermero emigrante y mis aventuras en la Costa del Nublado.
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