Ese bello momento en que coges el boli, sí, el boli, sin nada que contar o nada en realidad claro que se encuentre en tu mente para ser plasmado de forma "eterna"...
Cuando un delirio se hace una historia, esos tiempos en que me faltaba papel, boli y tiempo para escribir las cosas interesantes que me pasaban por la cabeza, todas esas ideas, sólidas e importantes. Mas poco a poco fui dejando, abandonando un mundo de fantasía, ese mundo onírico para estúpidamente integrarme en el mundo real, el del común de los mortales, el básico y complejo a la par, al imposible y estéril. El mundo de los mayores, ese mundo al que pertenecen las personas responsables, maduras y de provecho. Ese mundo en el que se antepone el trabajo, el qué dirán, la estabilidad, las facturas, el éxito y el respeto y admiración del resto de personas aburridas e inertes, huecas por dentro, en el que su cerebro se ha instaurado a la perfección el conductismo, el sueño de Skinner.
Los sueños, las ilusiones, el placer de algo, es la esencia. Aquéllos que gozan, que ríen y los despreocupados, aunque sea en apariencia, sospechosamente suelen ser los favoritos de los niños; los artistas, cantantes, pintores, escritores, músicos... poetas.
Sin darme cuenta me he hecho más viejo de lo que soy, no sólo las noches son las culpables, por supuesto que no. También tiene la culpa la edad, pero no toda. Tiene la culpa mi profesión, ese estrés constante, ese sufrimiento que nos circunda, ese papel que juego como "el que me puede aliviar", "el que está para y por mí", esa responsabilidad, esa sobrecarga emocional y legar y moral que nos cargan con 20/21 años si tenías la "suerte" en mis tiempos de acabar a la primera todo. Pero eso no es lo que más te afecta, lo que más nos afecta, nos guste o no, es la muerte: su olor, su sabor, su tacto, el institnto de que nos rodea durante gran parte de nuestro día, es el haber tenido que vender una parte de nuestra alma a "la profesión" a que esa parte consuma y se pudra o descomponga, que se lleve todo, absolutamente todo de esa parte e intentar tirar adelante con esa mitad de alma, como el que vive sólo con un pulmón o un riñón... pero no es tan fácil, ¿qué pasa si funcionas sólo con la mitad de tu cerebro o de tu corazón? Eso es aún más complicado, es casi imposible y acaba sobrecargando a la otra mitad "sana" y por consiguiente al resto del sistema. Y como dije hace poco "la estabilidad no es que esté sobrevalorada, es que es una necesidad".
Durante mucho tiempo, si no siempre, el tacto del boli en el papel ha sido mi mejor medicina, el poder vagar por un mundo inventado y hecho a mi medida.... pero mis papeles de persona adulta, madura y responsable dijeron que era algo secundario, y como de mí se esperaba ese rol, yo lo tomé. Pero no, tras estar estudiando desde que tengo uso de memoria y trabajar desde mi adolescencia, he dicho que me toca vivir, aunque sea un poco, no quiero que todo en mi vida se limite a la muerte... aunque no niego que siempre fui un enamorado de la muerte, que no un novio. Son cosas y papeles muy distintos... (dejo unos segundos para que se entienda la ironía y a la par la reflexión filosófica).
Me he decidido a llevar a cabo mi propia terapia, así como lo decidí hace unos meses con cuidarme un poco físicamente, que la verdad, no lo hago a la perfección, pero guardo un poco de cuidado; también lo voy a hacer emocionalmente, voy a volver a coger más a menudo mi boli/pluma (que anda perdida), y no voy a dejar que la muerte sea todo lo que me rodee, no prometo que no aparezca, al enemigo hay que tenerlo cerca, porque hay algo peor y que destruye más un alma, y eso es creerse o esforzarse en negar que la muerte no nos afecta, algo en lo que somos profesionales las enfermeras y demás personal de la salud. Es mentira, el mero hecho de negar que te afecta no hace más que condenarte a perder la humanidad que queda en ese lado no cedido, y que éste acabe siendo también conquistado por el thánatos...
¡Erosticemos nuetro entorno!
Los guiris, británicos y demás gente europea, que no europeizada, bajan a latitudes más cercanas al ecuador en busca de birra, tabaco, y fiesta barata, aderezado con buen tiempo. Han llenado la llamada Costa del Sol... Mientras, nosotros mediterráneos, españolitos, enfermeras mayormente, vamos ocupando silenciosamente la llamada Costa del Nublado. Aun lo ignoran, pero aquí nos haremos fuertes y la acabaremos conquistando.
Bienvenid@s a mi blog de enfermero emigrante y mis aventuras en la Costa del Nublado.
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