Los guiris, británicos y demás gente europea, que no europeizada, bajan a latitudes más cercanas al ecuador en busca de birra, tabaco, y fiesta barata, aderezado con buen tiempo. Han llenado la llamada Costa del Sol... Mientras, nosotros mediterráneos, españolitos, enfermeras mayormente, vamos ocupando silenciosamente la llamada Costa del Nublado. Aun lo ignoran, pero aquí nos haremos fuertes y la acabaremos conquistando.


Bienvenid@s a mi blog de enfermero emigrante y mis aventuras en la Costa del Nublado.

lunes, 25 de marzo de 2013

Constante de Despedida: la Vida

     O para creerme un poco más listo, y aparentar que en el instituto me enteraba de algo de física y demostrar a mi madre cuando (algún día) lea este bloj que el dinero que gastaba en mi profesor de apoyo sirvió para algo:

KD=n x V +/- 8

Donde KD es la constante de Despedida, n es un número dado, V es la vida, +/_ debería ser que tiende a, y 8 es infinito.
A ver, que yo todos esos símbolos no los sé poner en el teclado...

     Pues ya habiéndonos introducido en materia, procedo a explicaros verbalmente mi teoría basada en la experiencia, porque sí, soy más de corriente filosófica e investigadora inductivo-descriptivo. O sea, que digo que soy investigador, pero en realidad soy un cuentista ( sin ofender a los de ciencias humanas) .

     Hace ya unas dos semanas pasó por mi cabeza irme a mi Tierra Prometida, de vacaciones, o a ver a los que, ahora que soy rico, dicen ser mis amigos. Pues a esa gente y a mis diversos ligues, que un sesimból no debe descuidar a su rebaño.

     Pues bien, antes de coger ese avioncito que me traía de vuelta, tuve que pasar el trago de despedirme de Heteronurse y de Ginger Fake. Son dos españoles que conocí al poco de llegar a la Costa del Nublado. Por cierto, Heteronurse, es un enfermero que no es gay ni tiene complejo de poca masculinidad, ahí lo dejo, así que, amigos enfermeros del mundo, os recomiendo ir a psicoterapia.
Pues como la Costa del Nublado es droga dura, decidieron finalmente tirar la toalla. Pero como iba diciendo eso es otra historia.

     Nunca he sido una persona de despedidas, de hecho, es una de las cosas que menos me gustan. Mirad hasta dónde llega mi animadversión que cuando me fui de Erasmus y cuando emigraba, a la quedada la llamaba fiesta de reencuentro, en cierto modo muchos de los asistentes llevaban tiempo sin verse. Pero los años pasan y acabas aceptando la realidad: te haces viejo, la muerte está siempre presente y supone el fin de la partida, si mueres no caes del cielo e intentas terminar el trabajo, España está en grave crisis económica, el sistema de valores de esta sociedad del siglo XXI se basa en construir la casa por el tejado y a golpe de crédito, en España gobierna el PP y Rajoy es presidente del gobierno, la ropa de los años 80 y principios de los 90 nunca debió existir, y que la vida es aceptar pérdidas y aprender a despedirse manteniendo la esperanza de volver a verse.

     A muchas de las personas que aprecio las pude ver durante mis vacaciones sólo una vez, a otras pude verlas un par de veces más... Si digo la verdad me costó mucho encajar que a algunos sólo podría verlos una vez, como bien sabes, cuando dices un hasta luego, en especial cuando una distancia considerable o un tiempo indeterminado va a mediar, el hasta luego está lleno de incertidumbre, y bien es sabido por todos que la incertidumbre eslo que los humanos peor llevamos.
Reí, bebí (vino barato mezclado con gaseosa o limcon, el afamado tinto de verano en invierno, también unas sidras naturales de Usturies) comí hasta hartarme, variedad de productos típicos y no tan exclusivos ni topicazo como el jamón, por ejemplo unas bravas, unas aletas de pollo, etc.
Paseé por mi adorada calle de Alcalá, por Sol, cuna del socialismo utópico occidental del S XXI, Callao,Latina, Tirso, vi de lejos Fuencarral (calle donde todo es nada, nada es todo, y nadie es lo que parece).
     Y sin darme cuenta, fui consciente de que a cada momento que pasaba, iba despidiéndome de cada adoquín, de cada esquina, de cada graffiti y de cada cartel, y de todas y cada una de las persona a las que aprecio...
     Hubo quien me preguntó que qué tal lo llevaba. Yo reí, como el que ríe por no llorar. Horrorosamente. Y me quedé así de pancho. Hubo quien me preguntó cómo llevaba eso de estar lejos de casa. Yo dije cómo llevaría tener su cuerpo en un sitio mientras la mente y el corazón está a cientos de kilómetros. Esa es la puta condena del emigrante o el exiliado, como prefiero considerar a estos jóvenes aventureros como cierta ministra nos considera. Mi corazón está donde está la gente que aprecio, sí, está partío.

     Y a medida que pasaban los días y la vuelta a la Costa del Nublado estaba más cerca, una idea me tentaba... quedarme. Pero no era posible, este no es país para jóvenes, y mis ahorros se agotarían en poco tiempo. A lo bueno no cuesta acostumbrarse: buena comida, mal vino barato, buena sidra, frutos secos fácil de encontrar, patatas fritas sólo con sal, los precios de la cultura ( digo... pasa palabra), el buen café, garitos que no cierran hasta una hora normal, teleoperadoras de movistar, cruzar cinco carriles en la M30 en plena hora punta y con dos cojones, conducir por la derecha ( como Dios manda y a quien hay que votar), recorrer unos cuantos metros en dirección contraria por las mal costumbres...

     Así que sin apenas enterarme, desde antes de coger el primer avión que me trajo a este paraíso nublado, me he estado despidiendo de cientos de cosas, también aquí. De ahí que llegue a la conclusión de que siempre, siempre, siempre, nos estamos despidiendo.

     La vuelta... en fin, me he quedado un poco solo, pero siempre queda Towapo... nah. Es imposible de domesticar. Ah y el vuelo de vuelta, genial. No pagué por la maleta a facturar porque iban ligeros de peso, tuve dos asientos libres al lado por lo que me pude tumbar, y el sándwich y el té del avión me lo dieron a mitad de precio porque no les funcionaba el datáfono y aceptaron la calderilla que llevaba en el bolsillo. No es Iberia, es Aer Lingus. Lo malo es que con tanta nube no pude despedirme de la costa del norte de esa península, como tenía por costumbre...

     Como dije cuandi cogí mi primer avión con la esperanza de un futuro en este rinconcito: Volveré.

    Con amor y habiendo sobrevivido a una nevada como bienvenida a la Costa del Nublado.

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