Los guiris, británicos y demás gente europea, que no europeizada, bajan a latitudes más cercanas al ecuador en busca de birra, tabaco, y fiesta barata, aderezado con buen tiempo. Han llenado la llamada Costa del Sol... Mientras, nosotros mediterráneos, españolitos, enfermeras mayormente, vamos ocupando silenciosamente la llamada Costa del Nublado. Aun lo ignoran, pero aquí nos haremos fuertes y la acabaremos conquistando.


Bienvenid@s a mi blog de enfermero emigrante y mis aventuras en la Costa del Nublado.

martes, 5 de febrero de 2013

Café y té

     El café y el té humeaban, cada uno a un lado de la mesa, si tuvieran frente podríamos decir frente a frente, o sea, como sus respectivos tomadores se encontraban. Una mirada tensa, otra tranquila, en el centro de la mesa un detalloso salvamanteles, a ganchillo, con formas moruscas. Un labio tembloroso y una boca ligeramente, carnosa, sensual y húmeda mostraba asombro, la de enfrente cerrada, una sonrisa de Mona Lisa, o Liso en este caso.

     Un minuto antes Eva dijo algo a lo que Liso contestó:
-Estoy enamorada
-Ya, lo sé.
Y así comenzó el silencio...


     Por el ventanal: el mar tranquilo y la bahía nublada, un día como cualquier otro. Los pesqueros volvían de faenar antes que cayera la noche. 
-Lo... ¿lo sabes?
-Sí
Y el silencio continuó. Las miradas y los gestos idénticos.


     Cinco minutos antes...
-¿Sabes que Matías se va?
-Sí, algo oí.- El gesto amable de Liso se mezclaba con la tristeza del rostro de Eva.
-¿Cómo lo sabes?
-No es tan difícil preguntar.
-¿Y sabes que yo me voy?-Liso puso cara de interés y dejó escapar un "Oh..." Esperaron.
-Y no con Matías
-No, yo sola.
-Lo esperaba.
-¿El qué?
-Que tú también te fueras después de Matías. 
Liso cogió una galleta de la mesa y la comió. Tomó un sorbo de té, aun ardiendo, generando en consecuencia ese gesto de dolor y susto con el paladeo sonoro y cómico.
-¿Tanto es de esperar..?


     Liso sorbió un poco de su taza, aguardando, templado como su té. Lo olió y dio otro sorbo. Mantuvo la taza entre sus manos, calentándolas. Eva tenía la taza llena; impaciente, temblando y aturdida.
-¿Qué me recomiendas?

     10 minutos antes Eva abrió la puerta, sonriendo. Liso apareció. No era que esperase a nadie, per tampoco es a quién esperaría. 
-Pasa.
-Gracias.
-¿Té?
-Mi, conmigo.
-¿Cómo lo quieres?
-Oscuro y sin edulcorantes, puro. Una filosofía de vida.
-Qué complicado eres...-susurró.

     -¿Qué recomiendo?
-Sí...
-Sabes que no soy persona de consejos.
-Aun así te lo pido.-Liso meditó otros segundos en silencio.
-Hoy es tu último día aquí.
-¿Cómo lo sabes? No sabías siquiera que me iba.-Liso sonrió.
-Lánzate, es tu último día. Lo que hoy no hagas, raro sea que lo vuelvas a hacer, el contexto habrá cambiado por completo.

     Una semana antes en la misma mesa: un té filósofo reposaba teniendo en el otro lado de la mesa un té al limón. 
-Se va.
-¿Quién
-Eva.
-Era de esperar.
-¿Qué?
-Te vas tú, ella ya no le queda nada aquí.
Pasó un ángel. Bebieron un poco.
-¿Tú crees que ella..?
-Lo creo, Matías. Te queda poco tiempo para intentarlo.
-Ya...
-El tiempo no juega a tu favor, amigo. Lo siento, tengo que ir a trabajar. Recuerda: "one shot, one week". Suerte...


     El crepúsculo imprimía sombras alargadas por doquier. El té estaba frío, el café, lleno. Eva, clavados los ojos en la mesa, ruborizada, alza la vista y encuentra a Liso aguardando.
-¿Tú crees, Liso?
-Sí.-Sonríe, de forma sincera.
-Tengo miedo.
-Es natural. 
Contienen ambos el aliento. Liso libera antes.
-Es un ahora o nunca.
Eva piensa, la mirada perdida, duda.
-Hay pareja de por medio.
Un frío recorre el salón. Apenas hay luz. Liso sigue sonriendo, pero sus esquemas mentales se han roto por completo. "Ahora o nunca, ¿eh?" susurra Eva, retumbando en la mente de Liso.


     Cinco semanas antes en la misma mesa, un día normal, sidra, vino y cerveza en la mesa. Un buen plato de asado. Risas, anécdotas y ambiente relajado. Como en toda comedia dramática que valga, aparece el nudo, problema; frase que cambia el curso: "Si Matías se fuera... no sé qué sería de mí. Él es mi equilibrio mental sentimental, quien me amortigua la locura..."


     La taza de café cae y se desparrama por todo el lugar, manchando el salvamanteles morusco e inundando toda la mesa como la pasión el entorno. Los labios de Eva rozan, chocan y se oprimen con los de Liso en un beso, mezclado con lágrimas, y sus brazos le rodean pidiendo que no se vaya, o que él se lo pida. Los labios se despegan, los de ella espectates, en los de él, la palabra.
-... ... ... ¿yo?




No hay comentarios:

Publicar un comentario