Un minuto antes Eva dijo algo a lo que Liso contestó:
-Estoy enamorada
-Ya, lo sé.
Y así comenzó el silencio...
Por el ventanal: el mar tranquilo y la bahía nublada, un día como cualquier otro. Los pesqueros volvían de faenar antes que cayera la noche.
-Lo... ¿lo sabes?
-Sí
Y el silencio continuó. Las miradas y los gestos idénticos.
Cinco minutos antes...
-¿Sabes que Matías se va?
-Sí, algo oí.- El gesto amable de Liso se mezclaba con la tristeza del rostro de Eva.
-¿Cómo lo sabes?
-No es tan difícil preguntar.
-¿Y sabes que yo me voy?-Liso puso cara de interés y dejó escapar un "Oh..." Esperaron.
-Y no con Matías
-No, yo sola.
-Lo esperaba.
-¿El qué?
-Que tú también te fueras después de Matías.
Liso cogió una galleta de la mesa y la comió. Tomó un sorbo de té, aun ardiendo, generando en consecuencia ese gesto de dolor y susto con el paladeo sonoro y cómico.
-¿Tanto es de esperar..?
Liso sorbió un poco de su taza, aguardando, templado como su té. Lo olió y dio otro sorbo. Mantuvo la taza entre sus manos, calentándolas. Eva tenía la taza llena; impaciente, temblando y aturdida.
-¿Qué me recomiendas?
10 minutos antes Eva abrió la puerta, sonriendo. Liso apareció. No era que esperase a nadie, per tampoco es a quién esperaría.
-Pasa.
-Gracias.
-¿Té?
-Mi, conmigo.
-¿Cómo lo quieres?
-Oscuro y sin edulcorantes, puro. Una filosofía de vida.
-Qué complicado eres...-susurró.
-¿Qué recomiendo?
-Sí...
-Sabes que no soy persona de consejos.
-Aun así te lo pido.-Liso meditó otros segundos en silencio.
-Hoy es tu último día aquí.
-¿Cómo lo sabes? No sabías siquiera que me iba.-Liso sonrió.
-Lánzate, es tu último día. Lo que hoy no hagas, raro sea que lo vuelvas a hacer, el contexto habrá cambiado por completo.
Una semana antes en la misma mesa: un té filósofo reposaba teniendo en el otro lado de la mesa un té al limón.
-Se va.
-¿Quién
-Eva.
-Era de esperar.
-¿Qué?
-Te vas tú, ella ya no le queda nada aquí.
Pasó un ángel. Bebieron un poco.
-¿Tú crees que ella..?
-Lo creo, Matías. Te queda poco tiempo para intentarlo.
-Ya...
-El tiempo no juega a tu favor, amigo. Lo siento, tengo que ir a trabajar. Recuerda: "one shot, one week". Suerte...
El crepúsculo imprimía sombras alargadas por doquier. El té estaba frío, el café, lleno. Eva, clavados los ojos en la mesa, ruborizada, alza la vista y encuentra a Liso aguardando.
-¿Tú crees, Liso?
-Sí.-Sonríe, de forma sincera.
-Tengo miedo.
-Es natural.
Contienen ambos el aliento. Liso libera antes.
-Es un ahora o nunca.
Eva piensa, la mirada perdida, duda.
-Hay pareja de por medio.
Un frío recorre el salón. Apenas hay luz. Liso sigue sonriendo, pero sus esquemas mentales se han roto por completo. "Ahora o nunca, ¿eh?" susurra Eva, retumbando en la mente de Liso.
Cinco semanas antes en la misma mesa, un día normal, sidra, vino y cerveza en la mesa. Un buen plato de asado. Risas, anécdotas y ambiente relajado. Como en toda comedia dramática que valga, aparece el nudo, problema; frase que cambia el curso: "Si Matías se fuera... no sé qué sería de mí. Él es mi equilibrio mental sentimental, quien me amortigua la locura..."
La taza de café cae y se desparrama por todo el lugar, manchando el salvamanteles morusco e inundando toda la mesa como la pasión el entorno. Los labios de Eva rozan, chocan y se oprimen con los de Liso en un beso, mezclado con lágrimas, y sus brazos le rodean pidiendo que no se vaya, o que él se lo pida. Los labios se despegan, los de ella espectates, en los de él, la palabra.
-... ... ... ¿yo?
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